¿Alguna vez, en la ceremonia de bienvenida al comenzar el crucero, observaste al capitán de barco levantar su copa y pensaste: «qué vida más envidiable»?
Uniforme impoluto, charreteras doradas, la autoridad que corta el aire como una hélice… y todos los pasajeros escuchando en silencio cada palabra que pronuncia por megafonía. Ahora bien, si lo que viste fue glamour, lo que no viste fue el camino tortuoso, largo como un canal de Panamá, que hay detrás de esa postal.
No es por aguarte el champán. Pero ser capitán de crucero es, quizás, una de las trayectorias más

