Las decisiones adoptadas en relación con el puerto de València son un buen ejemplo de los riesgos que comporta el progreso entendido este como el crecimiento económico sometido al mercado y a las ganancias financieras. Las derivas de estas decisiones son muchas pero quiero detenerme en una en particular, la que trata sobre quién paga las consecuencias cuando esos riesgos potenciales se convierten, efectivamente, en efectos negativos reales. Cuando me refiero a pagar, me refiero a abonar con dinero la reversión del mal hecho, sean los costes por el incremento de la contaminación, la reducción del empleo, la desaparición de biodiversidad, la destrucción de un hábitat natural y otros costes consecuencia de daños de difícil, costosa