"OJALA LA COSTERA VAYA "BONITA""
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- Category: Pesca
- Published on Sunday, 12 June 2005 00:00
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pesquero
La flota vasca sale a faenar mañana con la autorización de pescar alevines de anchoa destinados a cebo. Esperan «llenar cajas de chicharro y mucho atún» ITSASO ÁLVAREZ/BERMEO LOS DATOS En 1965 se pescaron 80.000 toneladas de anchoa en el Golfo de Vizcaya. En 2001 se capturaron 23.000 y 7.000 el año pasado. Esta campaña no supera las 200. En Euskadi se descarga el 90% de la anchoa. A esta costera se dedican unos 220 barcos de toda la cornisa cantábrica, de los que 85 son de Guipúzcoa y Vizcaya.
El total autorizado de capturas está en 30.000 toneladas. Los informes científicos aconsejan rebajarlo hasta las 5.000. Salir vivo de un naufragio en alta mar es un milagro. Salir de tres es una hazaña. José Gabriel Axpe puede contarlo. Y se agradece. «Sesenta y tantos años» le dice el DNI. El documento se olvida de precisar: hombre de sonrisa abierta y mucha charla, jubilado ya del oficio de mecánico naval. De que «la mar es lo peor que puede haber» no le cabe hoy ninguna duda. No se siente apeado de la triste historia que arrastra el litoral vasco en los últimos meses, la misma que narra que no hay rastro de anchoa y que puede no haberlo en mucho tiempo. «Han sido más de cuatro décadas enrolado en un barco, haciendo costeras». Y este bermeano se siente parte implicada. Como todo Bermeo. Como Juan Arrieta y Fernando Escudero, que le acompañan en la conversación. El primero fue patrón. Desde los doce años en la mar. Tuvo barco propio, ´Perla de Oriente´. Escudero trabajó, por su parte, de maquinista en los atuneros. Observan, los tres y alguno más, las obras del nuevo puerto deportivo y de saneamiento en la dársena con el regocijo de unos niños que estrenan un juguete. Quedan pocos barcos. Apenas cuatro para anchoa, dos para bonito con cebo vivo, de los 130 que hubo antaño, cuando se encontraba bocarte a una hora del puerto, «y a menos por acá, por el cabo Matxitxako. Ahora, ni si vas doce horas mar adentro». Así y todo, hay naves que han salido a probar motores o a faenar. Ya buscan túnidos en las Azores. «Hoy es día de ´sagailo´, marejadilla». Las hay que vuelven de vacío. Mar revuelto para todos. «Los de bata blanca, los científicos, han acabado por tener razón: nos quedamos sin peces». Los besugos, las merluzas y los papardos desbordando los muelles es ya una estampa muy difícil de ver. «Pero existió». Jon Isasi, Urtzi Gil y Mikel Malaxetxebarria, de 32, 22 y 21 años, zarparán mañana al amanecer, nada más vencer la primera parada biológica propuesta por el Ministerio de Agricultura y Pesca. Hay ganas. La flota ha permanecido treinta días amarrada -desde el 12 de mayo- y todavía deberá hacerlo otra quincena antes del final del verano, aunque los marinos galos hayan salido a pescar entre Bayona y Arcachon desde el 1 de junio. «Para ellos, la anchoa no está demasiado explotada. Dicen que hay bocarte grande en los fondos». «Si hay cinco anchoas en el mar, la flota pelágica francesa es capaz de pescarlas todas. La de cerco, la vasca, sólo conseguiría una o dos», señalaba en su día Luis Miguel Macías, viceconsejero vasco de Pesca. Ninguno de los tres marinos se corresponde con esa juventud que, al decir de los mayores, «no quiere saber nada de la mar, y con razón, aunque ganen el oro y el moro». ¿Ganar? Isasi, Gil y Malaxetxebarria tuercen el gesto. Se saben pescadores atados a tierra firme que, contra natura, han pasado demasiado tiempo en casa «tirando de aquí y de allá, mirando el bolsillo y sin gastar. No hemos tenido jornal y estamos hasta el cuello». Su última semana ha transcurrido retirando de la embarcación los salabardos y los ´guardarraines´ que se utilizan en la pesca de la anchoa -«los usamos un poco para el verdel»- y pintando el barco. «Poniéndole cara ´bonita´, para ver si atrae al bonito». A la primera marea Hay ilusión entre los tripulantes del ´Gran San Pedro´ de Bermeo. Les esperan quince días de travesía; los que dura la primera marea, «la más larga y agobiante», hasta alcanzar los bancos de atún. Y los de chicharro, betandi, sardina La norma establecida en las cofradías es que hay que preservar la anchoa de las capturas. Es el único modo de que ésta acabe por salir, dar a la especie tiempo para reproducirse. Pero existe un problema añadido. Al atún se le engaña con carnada viva de anchoa. Y ¿dónde buscar el cebo si no hay pescado? La pregunta recorría desde hace días los puertos vascos y quedó resuelta el viernes, cuando la Comisión Europea autorizó la pesca de alevines destinados a carnada como medida previa al cierre temporal del caladero, que se prolongará durante seis meses a partir de julio. «Ojalá, pues, que la costera sea ´bonita´». Los datos no son mejores tierra adentro. El talante pesimista parece haberse apoderado de todos, pescadores y no, en las calles del pueblo. Amaia Gaubeka regenta un comercio de ´souvenirs´ y productos de alimentación típicos para los turistas. Anchoa de Bermeo también, aunque cada vez se llenan menos tarros. «El bote de 210 gramos está sobre los 20 euros. En agosto de 2002, la lata de panderetilla estaba a diez. Ahora que escasea, a quince. Casi mil pesetas más. El año que viene estará a precio de oro». En fresco, las pescaderías ni han llegado a catar el pez. «Y las que han comprado anchoa del Mediterráneo la han puesto a 15 euros». El comercio y la hostelería también están tocados en las localidades que dependen de la pesca. Y ése es un río revuelto para los rumores. El último apunta que algunos industriales vascos «están comprando la poca anchoa que se captura en Francia», lo que interpretan como «tirar piedras sobre nuestro propio tejado». Las ´neskatilas´ de Ondarroa se sentaron el miércoles pasado en el muelle para coser las redes que sus maridos llevarán mañana en los barcos. En lo que va de costera, es la segunda vez que repasan las mallas. Son los únicos remiendos innecesarios en estos espigones de la desolación, donde los ´sietes´ afectan al bolsillo. Puerto silencioso hasta molestar. Parado a rabiar. Limpio, impoluto y seco como nunca. Sin olor a salitre ni a mar. Cerradas a cal y canto lonjas y talleres. Ese día se veían algunos barcos gallegos y santoñeses amarrados. La crisis es para todas las comunidades. «La anchoa es lo que más dinero da y sirve para tirar todo el invierno, pero así estamos. Nosotras no podemos solucionar nada, a ver si los que están en el mando », interviene Garbiñe, una de las ´neskatilas´. Las mujeres arreglan con ahínco los artes de un barco que saldrá mañana en busca de chicharros. La captura del bonito se desarrolla a cacea, muy lejos del caladero nordeste donde no hay anchoa. Cobrarán por horas. De diez a doce y de dos y cuarto a seis o siete de la tarde, «y después, a casa, a cruzar los dedos». No son las únicas mujeres que echarán en falta un salario. Aquellas que, de forma eventual, trabajan en las conserveras atraviesan también una situación delicada. «¿Para qué contratarlas, si no hay género que preparar?», plantea el responsable de una fábrica de transformación en salazón que prefiere omitir su nombre. «¿Para qué?», reiteran también en las factorías de hielo. Las cuentas no salen, ni a ellos ni a José Antonio Ibarbia, que se desvive por sacar a flote a sus catorce tripulantes, algunos de ellos subsaharianos. «Hay que animar a la gente. A ver si con el bonito podemos defender el año». A la desastrosa campaña costera se le suma la subida del precio del gasóleo. Salir a la mar está cada vez más caro, pero quedarse en tierra también socava las rentas porque, para mantener el barco en condiciones, hace falta dar movimiento a las máquinas y alimentarlas de carburante a diario. Dos toneladas y media de gasoil por cada 24 horas en puerto. Hasta 25 toneladas harán falta las dos próximas semanas. En combustible se van 20 millones de las antiguas pesetas. Y aún hay más cuentas. «Si se captura, el 49% lo cobra el pescador y el 51% va para el armador. Y si no ». En el caso de Ibarbia, el porcentaje no resulta nada despreciable en puertas de una jubilación que llegará «el año que viene o el siguiente. Llevo 42 faenando, pero que se vaya todo a tomar vientos», dice, enojado. Al patrón del ´Nuevo ´Aixetxu´ de Getaria -con novecientos caballos es un barco pequeño- sólo Hodei, su nieto, le ha arrancado una sonrisa sincera en estas semanas anclado al muelle.

