Gentes de una pieza
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- Published on Monday, 14 April 2014 20:19
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ALFREDO CONDE
Gentes de una pieza
AÚN resuena algún eco del día en que se publicó un artículo en el que se abogaba por las personas con contradicciones y las escasas preferencias, por no decir que nulas preferencias, de este su escribidor de ustedes por aquellas otras que se suelen definir como de una pieza.
Quien esto leyere haga hincapié en el hecho que se escribe "escasas" porque es bien cierto que hay personas que merecen entenderse como de una pieza de que merecen nuestra consideración y nuestro afecto. Claro que sí. Pero en ellas, el término "una pieza", no debe ser entendido en el sentido estricto sino en el de que son personas enteras, cabales. Y eso ya es otra cosa.
Las personas "de una pieza" a las que nos referíamos, al menos a las que me refería yo, eran y son algo muy distinto. Releyendo estos días a Tomás de Aquino me encontré con una advertencia suya que reza así; "Guárdate del hombre de un solo libro". Al tropezarme con el aviso del Doctor Angélico, canonizado que esta por la Iglesia, que lo recomienda para aquellos que intenten profundizar en sus lecturas de teología y o filosofía, me acordé de mi abuela Regina, que era tomista y leía como una descosida.
Ya os tengo hablado aquí de ella, de su religiosidad diríase que extrema, de sus convicciones profundas y, sin embrago, de su liberalidad a la hora de dejarme leer todo cuanto libro de su biblioteca me entretuviese basándose en el principio, mejor o peor expresado, de que si me entretenía era que podía leerlo y si me resultaba abstruso era señal de que no estaba capacitado para él y de que yo mismo abandonaría su lectura. No es que yo, como Alfonso Guerra anduviese leyendo a Balmes a la tierna edad de nueve años, pero de alguna de las novelas que leí en aquella casa todavía guardo memoria al día de la fecha. Y puedo jurar y juro que no me hicieron mal ninguno.
A ella que, como dije era tomista, o al menos lo eran muchas de las consideraciones que solía hacer acerca de esto o de aquello, fue a quien primero le oí decir lo mismo que ahora veo que dejó dicho Tomás de Aquino, así que me afirmo y prometo seguir guardándome de las personas de un solo libro, sea este el Libro Rojo de Mao, el Corán, la Biblia, el Talmud, o los que recogen las normas de obligado cumplimiento, el Código Civil y el Penal, el Militar, la Ley Penal y Disciplinaria de la Marina Mercante, en vigor cuando yo navegaba, en fin, de todas aquellas personas que aplican la letra de la ley y se olvidan siempre del espíritu que la anima.
Así que de las gentes de una pieza, así entendidas, líbranos Señor. Por no hablar de los reglamentistas, esa furibunda especie, o por ejemplo del rigor de los alcohólicos.
Escritor. Premio Nadal
y Nacional de Literatura

