La ficción de la política: el POPÓ de papá
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- Category: General
- Published on Wednesday, 13 November 2013 13:11
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José A. Madiedo Acosta
Asturbulla, 12-11-2013
Lo que interesa a la familia es que os sigáis acordando de nosotros en las próximas elecciones
No dejaron de pelearse y darse golpes de pecho, pero apremiados por la urgencia electoral, se pusieron de acuerdo para sacarle brillo al reclamo, que no era otro que el viejo SOEPE 82 que guardaban en un antiguo corral de la finca. Emplearon unos meses en lijar, emplastecer y pulir la vieja carrocería del coche heredado de sus padres. Lo pintaron de un rojo pastel decadente, aunque había zonas en las que afloraban marcas de la carcoma de la plancha y los rechupados de recientes parches tapados con un cemento que dejaba pringue. En un descuido, el más beato de la familia, le metió un chorretón a la O de la marca, que ya estaba medio borrada. El capot lucía un jugoso verde pradera. Le pusieron una franja morada en los costados. Y colgaron del espejito retrovisor un discreto crucifijo de plata, regalo de una elegante señora de la vega próxima. Al filántropo de la familia, se le olvidó un folleto del banco Santaser sobre el salpicadero. No tenía mucha importancia, porque todos sabían que era íntimo del gran capo de la entidad bancaria.
Para dejar clara la vocación globalizadora de la familia, sobre la vieja matrícula estatal, le colocaron una placa de las islas Cormorán.
Llamaron a los vecinos, a todos, a los que sabían que estaban con ellos y a los que habían dejado de compartir su hipocresía hacía mucho tiempo. Adornaron el garaje, lo llenaron de globos de colores, lo forraron con telas y colocaron varias banderas con sus mástiles recién barnizados metidos en un paragüero. Sobre unos improvisados caballetes, colocaron bandejas de caramelos e incluso bombones y merengues. No faltaron los canapés y los mejores vinos extranjeros. Iluminaron el viejo coche con unos potentes focos que lo convertían en la estrella rutilante de aquellas inolvidables jornadas que pronto pasarían a ser recuerdo. El coche parecía reluciente, nuevo, potente, capaz de recuperar la poderosa imagen de pasados tiempos, aunque todo era ilusión, porque aquel coche no era más que una reliquia, un inservible objeto de museo.
El obispo no falto a la cita, aunque no bendijo nada. El presidente de la compañía eléctrica, dijo que aquel derroche de vatios era un reconocimiento a la gran familia, tan comprensiva con sus justa vocación de servicio a los ciudadanos. Su lema, recordó, no era otro que poner luz y energía donde antes no había más que tinieblas y hogueras. El presidente del club de futbol, en su alocución a los concurrentes dijo que gracias a unas recalificaciones recientes, conseguidas con el discreto apoyo de aquella ejemplar familia, iban a fichar a un fenómeno de Groenlandia por unos 100 millones de euros. Las monjitas no quisieron hablar, pero estaban muy contentas por las ayudas económicas que recibían. Gracias a ellas pudieron darles sopita clara a un centenar de personas damnificadas por los últimos despedidos de la fábrica de baratijas que acababa de cerrar la gran familia.
El coronel Smit, un habitual del entorno familiar, guardó silencio, pero le comentó a uno de los sobrinos del patrón que iban a tener que pedir un aumento de presupuesto para hacer frente a un pequeño desvío de unos 20 millones euros que se les habían ido de las manos ( o a las manos, esto no quedó muy claro) en la construcción de un submarino que estaban montando en el astillero local.
Pero los vecinos de una cierta edad, que habían visto aquel fiasco aparcado tantos años a la orilla de la calle, le preguntaron al viejo Jepeto, ¿Le has reparado el motor, los palieres, la caja de cambios y la trasmisión, y has tirado a la basura las piezas viejas, o solo le has pintado y repulido la carrocería?. Jepeto se quedó pensativo y después de unos segundos, respondió, más que el servicio que pueda prestar realmente este coche, lo que nos interesa a la familia es que os sigáis acordando de nosotros en las próximas elecciones. Esa reparación que me pedís tendría un alto coste para nosotros y hay muchos miembros de la familia que se han enriquecido haciendo uso de este coche, pero ahora no están dispuestos a sacrificar ni un dólar para repararlo. Solamente querían hacer eso, lavarle la cara y llamar vuestra atención para que no os olvidéis a la hora de hacer vuestros votos para los cuatro próximos años. No os imagináis lo caros que se han puesto los apartamentos privados, los hoteles y los viajes por Europa.
Uno de los jóvenes del condado le preguntó a Jepeto, por qué habéis invitado a todos esos que están ahí esperando para subirse al coche, si en su vida no han hecho otra cosa que meter la mano en las arcas municipales y enriquecerse a costa de los contribuyentes. Algunos han estado ya en la cárcel y otros se han librado de ella porque los habéis promocionado para las altos pesebres del Estado. Bueno, veras, no es exactamente así, esta gente han prestado un gran servicio a la familia, y eso no se puede olvidar. Pero que quede claro que no somos como esos ricachones de la mansión de ahí en frente que llevan toda la vida abusando y marcando diferencias. Ellos no tienen escrúpulos de ningún tipo, es su filosofía de vida, son más guapos, huelen mejor y estudian en donde saben que van a conseguir el título. Los que no encuentran curro con papá o con mamá o con el tío Fuchi, chupan de una ONJ, o de lo que sea. Y nosotros vamos ERE que ERE hasta donde podemos, pero jamás olvidamos al obrero que llevamos dentro. Él ha sido esencial para construir la gran Obra que hicimos desde la transición circular que pusimos en marcha, olvidándonos de las insignificancias que este viejo coche dejó tiradas en la cuneta.
José A. Madiedo Acosta
Capitán de Marina y ex Director General de la Marina Mercante

