Armada española.- Los submarinos que se hunden y nos hunden
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- Category: General
- Published on Wednesday, 16 October 2013 06:58
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Spain builds submarine 70 tons too heavy after putting a decimal in the wrong place
US contractor to help Spain slim down overweight submarine that officials fear can’t surface
Published: June 6, 2013, 12:11 pm
Updated: 4 months ago
By Michael Melia
HARTFORD, Conn. — A new, Spanish-designed submarine has a weighty problem: The vessel is more than 70 tons too heavy, and officials fear if it goes out to sea, it will not be able to surface.
And a former Spanish official says the problem can be traced to a miscalculation — someone apparently put a decimal point in the wrong place.
“It was a fatal mistake,” said Rafael Bardaji, who until recently was director of the Office of Strategic Assessment at Spain’s Defence Ministry.
The Isaac Peral, the first in a new class of diesel-electric submarines, was nearly completed when engineers discovered the problem. A U.S. Navy contractor in Connecticut, Electric Boat, has signed a deal to help the Spanish Defence Ministry find ways to slim down the 2,200-ton submarine.
The agreement with Groton, Conn.-based Electric Boat calls for Spain to pay $14 million over three years for an assessment of the problem with the S-80 submarine program and the scope of the work that would be required to correct it, the Spanish Defence Ministry said in a statement to The Associated Press.
Bardaji, now a senior fellow with the Strategic Studies Group think-tank in Madrid, said officials will review options provided by Electric Boat. But he said the preference has been to extend the length of the submarine’s hull, perhaps by 5 to 6 metres, to increase buoyancy.
Otherwise, the weight of the submarine would have to be reduced, and he said the Spanish Navy would not want to compromise features such as the combat system or an air-independent propulsion system.
The Isaac Peral, named for a 19th century Spanish submarine designer, is one of four vessels in the class that are in various stages of construction. The country has invested about $2.7 billion in the program. The first was scheduled to be delivered in 2015 but the Spanish state-owned shipbuilder, Navantia, has said the weight problems could cause delays of up to two years.
The 233-foot-long submarine will carry a crew of 32, along with eight special forces troops, and weapons systems for surface and anti-submarine warfare.
The Defence Ministry said technical problems are normal for projects of this scale.
Apparently somebody in the calculations made a mistake in the very beginning and nobody paid attention to review the calculations.
“The technology challenges that these programs face during development are much more than simple calculations,” the ministry said. “All the major military programs, especially submarines, have experienced delays and often have required the support of a technology partner.”
Bardaji said the problem was discovered in the second half of last year, and Navantia told defence officials that somebody had apparently put a decimal point in the wrong place.
“Apparently somebody in the calculations made a mistake in the very beginning and nobody paid attention to review the calculations,” he said.
Electric Boat, the primary contractor for the U.S. Navy’s fleet of nuclear submarines, accepted the contract through a foreign military sales agreement between the American Navy and the Spanish Defence Ministry, the U.S. Naval Sea Systems Command announced this week.
Electric Boat, a division of General Dynamic Corp., has helped other countries with their submarine programs.
It began assisting with development of the Astute-class nuclear attack submarine for the British Royal Navy in 2003, and it is working under another foreign military sales agreement on Australia’s Collins class of submarines.
La enfermedad de Navantia
PUBLICADO EN NUESTRO MAR
Es fácil confundir los síntomas -el encarecimiento y retraso del submarino S-80- con la enfermedad que se padece: la que ha contraído, y todavía sufre, Navantia, que por otro lado sabe diseñar y construir magníficos buques de guerra.
Como Navantia es una empresa de capital público, creo que podría considerarse correcto que uno de sus accionistas levantase la voz en esta especie de virtual junta general que constituimos todos los españoles. Se une además, en mi caso, la condición de antiguo marino de guerra y comandante de quilla -es decir primer comandante- del "Patiño" por lo que puedo apoyarme en ciertas experiencias propias.
Cual doctor ante un enfermo repasemos pues, primero, los síntomas. El sobrepeso del primer S-80 y los problemas con la planta AIP (sistema para producir, sin necesidad de aire atmosférico, la electricidad que propulsa al buque) son los principales síntomas del enfermo, que están rodeados de un silencio que para sí quisiera el más discreto de los doctores.
No nos detendremos mucho en los síntomas, pues nos vamos a centrar más en la enfermedad e incluso en su posible cura. Los repasaremos pues vertiginosamente.
El sobrepeso no es algo que surja de repente, un mes antes de la botadura del S-81. Ha tenido que ser detectado progresivamente por los ingenieros del proyecto varios años antes ¿Por qué pues no se informó y reconoció antes el problema? Creo haber encontrado la causa en algo que está pasando en la plantilla de Navantia desde el 2004.
Lo del AIP es algo de diferente naturaleza a lo anterior. Siempre tuvo riesgo y la prueba es que se financió inicialmente como un proyecto de I+D. Pero había alternativas por si se retrasaba; en principio no tiene nada que ver con lo del sobrepeso. La empresa Abengoa, que el reformador de bioetanol -que debería producir el hidrógeno necesario para la generación de electricidad-, se encuentra al parecer en un atolladero sin a la vista. Pero hay otras soluciones. Al menos dos identificadas, que no acaban de explorarse por razones políticas, en principio no achacables a Navantia.
Desde el inicio, se quiso dotar al S-80 de una propulsión AIP, no por lo que lo demandase nuestra comunidad submarinista, sino más bien para dar viabilidad, frente a posibles clientes extranjeros, a un astillero como el de , que no podía sobrevivir con una cartera de tan cuatro buques para la Armada. Y esta supervivencia de Cartagena -con un producto de alto valor tecnológico- lo era también para Navantia, que se enfrenta a una competición cada vez mayor en las otras clases de buques que diseña y construye. Y con Navantia, perdura una manera de construir buques de guerra que ha paliado en parte la indiferencia con que las elites -y consecuentemente el pueblo- español han contemplado siempre a su marina de guerra.
Había pues, mucho en juego. Quizás incluso, la supervivencia de Navantia con el carácter que hoy tiene. Una privatización como la de Iberia o las cajas de ahorro seria una pesadilla para casi todos, pues no podemos imaginarnos a donde nos conduciría.
Repasemos ahora esta enfermedad de Navantia que sus síntomas han revelado. En el 2004, un recién llegado gobierno socialista nombró presidente de esta empresa estatal a una persona altamente politizada. Pero eran tiempos donde la ideología, la temeridad u optimismo sin base y la ignorancia -en este caso sobre la industria naval- campaban por sus respetos en el campo político. Seguro que lo recuerdan Uds.
Los cambios que este presidente -que duró 5 años- introdujo entre los ingenieros y técnicos de la entonces Izar -posteriormente Navantia- no fueron inspirados por criterios técnicos y sembraron, adicionalmente, el miedo a perder el puesto caso de oponerse a la línea oficial. Aquí creo que radica el foco de lo del sobrepeso del S-80: miedo a expresar un criterio puramente técnico. Del 2009 hasta la fecha se ha sucedido un vertiginoso carrusel de presidentes aparentemente incapaces de arreglar el entuerto, pues quizás lo que el nivel político estropeó exige un nivel político para enderezarlo. Solo una decidida acción de la cúpula del Ministerio de Defensa -sin excusarse en dependencias de otros organismos oficiales o buscar escapes con reorganizaciones de dudosa eficacia- puede salvar a la última industria militar estatal, que no solo ha sobrevivido, sino cosechado resonantes éxitos hasta la fecha.
Respecto a la ubicación de la jefatura del programa S-80 y sus relaciones con el resto de órganos técnicos de la Armada creo que -apropiadamente-deberíamos seguir a San Ignacio de Loyola en aquello de "En tiempos de tribulación no hacer mudanza".
Pero no todo fue malo del 2004 al 2009. La cruz que arrastraba Izar -que englobaba los astilleros públicos civiles con pérdidas enormes y ayudas ilegales según la UE- fue parcialmente aliviada durante este periodo, con la notable excepción del astillero de Puerto Real -entre otros- auténtica piedra al cuello, por su rentabilidad y tamaño, que todavía hoy lastra a Navantia, la sucesora de Izar. En estas página web de ATENEA he ventilado ya hace año y medio alguna de mis ideas sobre la reconversión de Navantia, imprescindible -a mi juicio- para su supervivencia.
Navantia ha vendido hasta la fecha magníficas fragatas a clientes extranjeros de la mano de Lockheed Martin, que es la mayor empresa en el mundo del armamento. También vendió en su día submarinos -los Scorpenes- asociada, más bien arrastrada, por los franceses de la semiestatal DCNS. Solo que esto último acabo mal, mientras que los acuerdos con los americanos gozan todavía de buena salud, tanto con los sistemas de combate de los buques de superficie, como para los del S-80.
En el caso de los tres portaviones vendidos a otros clientes, Navantia ha ido sola en la venta, pero en otras ocasiones se ha perdido mercado por motivos políticos -como en el concurso con los rusos- pese a tener un producto claramente superior.
El mercado de buques de guerra es uno muy político, donde tener algo bueno -como en su día serán sin duda los S-80- posibilita, pero no asegura la venta. Especialmente si se sale tarde y cubierto por la espesa capa de humo tóxico con la que algunos adversarios comerciales -ayudados por los habituales pesimistas nacionales- están cubriendo el futuro de nuestro submarino.
Por eso creo que habría que imitar con los S-80 el modelo que exitosamente se ha seguido con los buques de superficie e ir a una asociación naval técnica y comercial conjunta hispano norteamericana -tutelada oficialmente por las dos marinas- especialmente favorecida en esta ocasión por el hecho que estos últimos no diseñan submarinos convencionales.
Una posdata final: no me preocupo de las ventas de Navantia por motivos personales -pues nunca he recibido ni un euro de ellos- sino por entender que su futuro y el de mi Armada están unidas. Esta última sí que me motiva.
Por Ángel Tafalla (Almirante)
09/10/13
ATENEA

