Marina Civil ante unas cercanas elecciones.

AEMC

actualizado 31.07.2026

Con motivo de la reciente publicación de la Memoria del Dirección General de la Marina Mercante, correspondiente al año 2025, brotan de forma tan directa como espontánea los siguientes comentarios.

Lamentablemente, la Dirección General de la Marina Mercante, convertida en la Casa de los Núñez, continúa a la  deriva en su más amplio sentido.

Su proyecto estratégico para los próximos 25 años  se sustenta sobre  cimientos fallidos y una absoluta falta rigor crítico. Se ignora el estado de la Marina Civil (Administraciones públicas de la Marina Civil, Pesca, Puertos, Marina Mercante, Recreo, Proyectos y Construcción de buques, Transporte Marítimo, Enseñanzas de Marina Civil, Contaminación Marina, Investigación de Accidentes en la Marina Civil, etc.) Se obvia por completo el análisis de las causas de estrepitoso fracaso de la política marítima en las últimas décadas; especialmente, desde la entrada en vigor de la Ley de Puertos del Estado y de la Marina Mercante, que abortó entonces el incipiente proceso de transición del militarismo naval, impuesto por el Nacional Catolicismo del régimen Franquista, a la nueva etapa que nace de la Constitución Española de 1978.

En la citada memoria se aportan cifras que pueden impresionar a una opinión pública alejada de la realidad de la Marina Civil, pero se ocultan los datos que evidencian el fracaso del modelo naval al servicio de los navieros y de los colegas de cuerpo, implantados por los Núñez. Un modelo tendente a arrinconar a los marinos civiles, especialmente a los capitanes, que potencia a los ingenieros navales, que como es obvio no son marinos civiles.

En conclusión, se pone de manifiesto el desvarío del bipartidismo y, con mayor actualidad, del gobierno de Pedro Sánchez y sus socios políticos.

Refugiarse en que la alternativa a este modelo es una vuelta al pasado, como ya quedó patente con el gobierno de M. Rajoy, es de una irresponsabilidad monumental, puesto que siendo cierto lo que puede dar de sí la bestia, lo que carece de sentido es seguir manteniendo a la Marina Civil en el estado actual, propio de una república bananera.

Abordar la próxima campaña electoral con este panorama no puede merecer más que un rechazo total y bien justificado. Mantener por más tiempo el equipo elegido por el ministro Ábalos, padre de este engendro naval, sería aberrante. Los Núnez son una prolongación de lo fermentado durante el gobierno de M. Rajoy, un agravio sin sentido para España y para la Marina Civil.

Que el ministerio de Defensa siga publicando una versión histórica absolutamente adulterada de la historia de Marina Civil, con el flagrante silencio del Ministerio de Cultura y de la propia DGMM, es muy significativo: es fomentar el bulo naval.

Que el Convenio STCW (Standards of Training, Certificatión and Wathckeeping) que es la norma internacional de la Organización Marítima Internacional que fija los requisitos mínimos de formación, titulación y guardia para los trabajadores del mar, se haya convertido un autentico techo para las Enseñanzas Superiores de la Marina Civil, es un síntoma elocuente del verdadero espíritu de la política impulsada por los Núñez, y como es evidente, con el consentimiento del gobierno español.

El fracaso de España en la mar debe ser afrontado con urgencia y realismo. La España del supremacismo naval acuñado por la dinastía de los Borbones y el sector naviero; un sector que reclama protección y tolerancia; pero que, salvo excepciones, no navega más allá de las aguas jurisdiccionales, no puede seguir marcando el ritmo vital de la no reconocida Marina Civil.

Que, en la situación actual, el conservadurismo latente, asociado al rancio modelo naval, apoyado por Pedro Sánchez, trate de resucitar la vieja UOMM, disfrazada de Federación de la Marina Mercante, o que se potencien Ligas navales inoperantes, nada tiene de extraño.

Los marinos civiles, las Escuelas Superiores de la Marina Civil, el Colegio Profesional,- si se regenera-, y otras organizaciones de marinos civiles deben de tomar conciencia de la situación real y actuar en consecuencia.