El remate de la segunda cubierta anticipa la fase final del 'San Juan'

 

 

 

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Xabier Agote, sobre la pieza que sostiene la quilla. El casco no se recubrirá hasta el final para que los visitantes puedan contemplar la estructura. / USOZ

  • Albaola se plantea la puesta en marcha de una escuela internacional de carpinteros de ribera en sus instalaciones
  • El avance en los trabajos del casco, que está cerca de alcanzar su altura definitiva, permite al visitante hacerse una idea del perfil de la nao
  • BORJA OLAIZOLA |  PASAIA.

23 marzo 201707:30

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A los investigadores de Albaola, la factoría que trabaja en la recuperación del patrimonio marítimo desde la bahía de Pasaia, no les queda mucho tiempo para determinar el protocolo que se seguía en el siglo XVI en la botadura de los grandes navíos. Dado que no es muy probable que en aquella época se hubiese instaurado la costumbre de hacer chocar una botella de champán contra el casco, convendría aclarar cuanto antes los pasos de una ceremonia que cada vez se intuye más próxima.

Aunque Xabier Agote, presidente de Albaola, se resiste a poner fechas, la reconstrucción del ballenero que naufragó en 1565 en aguas de Terranova va viento en popa: la segunda de las tres cubiertas que tendrá el 'San Juan' está ya terminada y el armazón de madera empieza ya a dejar ver la silueta definitiva de la nave. «Todo marcha a pedir de boca pero preferimos no marcarnos un plazo para el fin del buque», apunta cauteloso el máximo responsable de Albaola.

El remate de la segunda cubierta y la consiguiente progresión en los trabajos del casco, que está cerca de alcanzar su altura definitiva, permiten al visitante hacerse una idea bastante aproximada del perfil que tendrá la nao. Lo que hasta ahora era a ojos profanos poco más que un esqueleto de maderos alineados, empieza a adquirir apariencia de embarcación. ¡Y qué embarcación! La réplica de la nao que armó en 1563 en Pasaia Ramos de Arrieta, un navegante metido en el boyante negocio de la grasa de la ballena, impresiona vista desde dentro. A la sensación de solidez que transmite el soberbio armazón de roble se suma la constatación de que el espacio en el que tenían que desenvolverse los marineros era sumamente exiguo. Los sesenta días que solía durar la travesía hasta alcanzar el otro lado del océano debían de hacerse muy largos en una nave donde solo era posible caminar erguido cuando se salía a la cubierta superior.

La evolución de los trabajos va a hacer posible que algunos de los visitantes de Albaola puedan conocer el barco desde dentro. El atractivo de la visita crece a medida que la embarcación cobra forma. «La fase inicial -reflexiona Agote- es siempre más ingrata porque el visitante tiene que hacer trabajar la imaginación para hacerse una idea de cómo era el barco. Ahora hemos llegado a un estadio en que el trabajo para todos es mucho más agradecido porque el ballenero va adquiriendo forma». Puede que esa sea la razón que explique el incremento de las visitas al museo. «De las 38.000 de 2015 pasamos a casi 50.000 el año pasado y en lo que va de año llevamos muy buen ritmo, sobre todo los fines de semana». El presidente de Albaola pone énfasis en el crecimiento experimentado por los visitantes de nacionalidad francesa: «Desde que el programa de la televisión francesa Thalassa nos dedicó parte de uno de sus espacios hemos notado una subida espectacular de las visitas del otro lado de la muga».

Veinte aniversario

Albaola conmemorará este año el 20 aniversario de su fundación, un un buen momento para echar la vista atrás y recordar los primeros pasos de una institución pionera en la recuperación del patrimonio naval vasco. «A mí siempre me ha fascinado el mundo del mar y de pequeño estaba con mi caña en el muelle a pesar de que era vecino de Amara. Me gustaba ver los bateles, los pesqueros llegando a puerto, las rederas..., un mundo que en definitiva ya se ha perdido en San Sebastián». Agote fue poco a poco recopilando información de forma autodidacta sobre historia naval y se quedó perplejo al comprobar que no había testimonio alguno del poderío que habían llegado a alcanzar los marinos vascos. «Durante muchos siglos fuimos pioneros en la pesca de la ballena y el bacalao, lo que trajo consigo la creación de una industria que marcó las pautas a la hora de diseñar y fabricar los barcos. Luego llegaron los pedidos de la Corona para fabricar en nuestros puertos las naves de la armada. Carlos V ordenó que todos sus barcos se fabricasen en el Cantábrico oriental porque era consciente de que aquí se hacían las mejores embarcaciones del mundo».

Agote constató que la hegemonía alcanzada siglos atrás se había diluido como un azucarillo en un vaso de agua. «No quedaba nada de aquello y me pareció que tenía que hacer algo para recuperarlo». Tras dar sus primeros pasos como carpintero de ribera, se trasladó a un centro de recuperación del patrimonio marítimo de Estados Unidos. «Es una institución de Maine que se dedica a recuperar embarcaciones antiguas». Allí le propusieron dar vida a una nave vasca y escogió una trainera de pesca del siglo XIX. La nave, financiada con aportaciones de la diáspora vasca, fue bautizada con el nombre de 'Amerikatik' y dio pie al nacimiento de Albaola.

En los veinte años que han transcurrido desde entonces, Albaola ha reconstruido una decena de embarcaciones antiguas, pero sobre todo ha agitado las aguas para que se reconozca el extraordinario legado de los marinos vascos. El viejo astillero de Azkorreta se ha transformado de su mano en una instalación inclasificable que rinde culto a la tecnología del pasado con la vista puesta en el presente. Carpinteros voluntarios de Alemania, Estados Unidos, Francia e incluso Japón trabajan mano con mano para devolver la vida al 'San Juan'. Agote, una factoría de ideas, esboza su último proyecto: aprovechar la demanda de voluntarios de otros países para poner en marcha en Albaola una escuela internacional de carpinteros de ribera. Otra vuelta de tuerca al pasado para enriquecer el presente.