Cap.- Rafael del Castillo, el ángel de los regatistas transoceánicos
- Details
- Category: General
- Published on Thursday, 05 June 2014 17:48
- Hits: 1059
José M. Balbuena Castellano
Jueves 05 de Junio de 2014 00:16
El rayo verde: Una historia de amor y aventuras
Rafael del Castillo Morales, aparte de su afán por vencer al océano, se atreve a escribir novelas, a recoger una selección de sus artículos sobre temas marinos, (muchos de ellos publicados en la revista Skypper) sus anécdotas e historias vividas como navegante a lo largo de su vida como capitán de la marina mercante, (entre otros buques, estuvo en el “Corsario Negro”, que mucha gente recordará) o como regatista deportivo, que de veleros sabe mucho. Así surgieron obras como “La rueda de los navegantes”, sobre temas marinos, de viajes, de auténticas aventuras vividas por el autor, y también publicó la novela “El rayo verde”.
Esta última refleja especialmente su cariño por el mar, por la navegación y, de paso, trata de otros aspectos que no son ajenos a los canarios, entre los que se cuentan la emigración. La historia de Perico y sus amores, que se convierte navegante solitario, para reflexionar mientras le mecen las olas y le acechan los peligros. O el relato de Felino el emigrante isleño que encuentra en un lugar remoto de Venezuela, en las inmediaciones del Orinoco, que tiene detrás de sí una historia que contar y que ocultar. Navega por las costas venezolanas, se adentra en el golfo de México, llega a Veracruz y después de visitar algunas islas del Caribe se dirige a las Azores para recalar de nuevo a Canarias.
En el camino vislumbra el “rayo verde”, ese fenómeno óptico que ya describió Julio Verne en el siglo 19. Se produce en condiciones atmosféricas particulares, que es cuando el disco solar se esconde sobre una superficie muy llana (por ejemplo el mar). Entonces sus moribundos rayos quedan muy refractados por la baja atmósfera, de tal manera que sólo llegan hasta el ojo del observador los colores amarillo y verde. Se aprecias como un destello amarillo verdoso en el instante de ocultarse la parte superior del astro. La obra de Rafael del Castillo resulta entretenida y vale la pena leerla.
Hay dos facetas de este auténtico “lobo de mar” que quiero resaltar: su amor por la historia y su dedicación como radioaficionado. Se comunica prácticamente con todo el mundo y su emisora ha sido el ángel de la guarda de muchos navegantes solitarios que han cruzado el Atlántico, desde Canarias y también el referente de los regatistas que se dirigen a las costa americanas, especialmente la Atlantic Rally for Cruisers (ARC),que sale de Las Palmas de Gran Canaria y llega a Santa Lucía, una isla de las pequeñas Antillas. Esta travesía transoceánica fue creada por el periodista británico, de origen rumano, Jimmy Cornell. En ella participan cada año veleros de todo el mundo. Por cierto, la información sobre esta regata la cubría yo en La Provincia en sus primeros años. Ahí fue donde conocí a Cornell y a Rafael del Castillo y como no, a Pedro Texaco Pérez Abrantes....
Entre los benefactores de la emisora de Rafael podría mencionar al capitán del velero Marc Isaac, al que Rafael ayudó a atravesar el Atlántico en 1981, o al salvamento de nuestro común amigo Paco Jiménez, empedernido navegante solitario que ha cruzado el océano cinco veces. En uno de sus viajes naufragó, pero antes de que su barco se hundiera se comunicó por radio con Rafael del Castillo, que dio la situación exacta a mercantes que merodeaban por las cercanías. Uno de ellos recogió a Jiménez cuando llevaba unas cuantas horas flotando en el mar. O sea, le salvó la vida. La solidaridad y las muestras de generosidad de Rafael del Castillo son bien conocidas.
Rafael del Castillo ha navegado también en solitario. Conoce los mares de Canarias y de América. Hubo una ocasión en la que pensó que no lo contaría. Cuando se encontraba cerca de las Azores aparecieron dos orcas (recuerden que les llaman las “ballenas asesinas”) que se dirigieron raudas hacia su velero como si fueran a embestirlo y a tragárselo, como a Jonás. Pero cambiaron de parecer y de rumbo, en el último momento.
Rafael ha señalado en más de una ocasión que su vocación marinera surgió en Lanzarote cuando era niño. Aparte de su experiencia como marino mercante, le encanta la navegación de recreo, como hemos visto. Indica que del mar le encanta la soledad, el recogimiento en una inmensa extensión en la que uno es una mota insignificante. Pero también le atrae el poder vencerlo, a pesar de su grandeza. Le preocupa reconocer que cada vez haya “menos caballeros del mar.”..

