La construcción del Corredor Bioceánico vial no solo conecta puertos y mercancías: es una declaración de autonomía estratégica, un intento por redibujar las rutas del comercio y el poder desde el sur. Este megaproyecto vial, que une Brasil, Paraguay, Argentina y Chile, encierra un giro geopolítico que puede cambiar la historia del Cono Sur.
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En un rincón del mundo acostumbrado a discursos sobre integración que mueren en las cumbres, el Corredor Bioceánico Vial se está constituyendo en una realidad. No meras promesas, sino kilómetros de asfalto y concreto que cruzan el corazón del Cono Sur. Más de 2.400 kilómetros de rutas, puentes y nodos logísticos conectarán el Atlántico con el Pacífico, desde Porto Alegre hasta los puertos de Antofagasta,

