12 DE MAYO de 2026. Se cumple medio siglo de la catástrofe del petrolero “URQUIOLA” en aguas de A Coruña.
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- Published on Tuesday, 12 May 2026 21:05
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AEMC
El 12 de mayo de 1976, cuando se produce el accidente del petrolero “Urquiola”, España se encontraba en pleno proceso de cambio y adaptación a un nuevo régimen democrático. Franco había muerto unos meses antes. Juan Carlos I, designado por Franco, había sido proclamado rey de España, por lo que fiel al régimen, confirma a Arias Navarro como presidente del Gobierno. Manuel Fraga era el vicepresidente. El almirante Pita da Veiga era ministro de Marina. Otro almirante, Amador Franco, figuraba al frente de la Subsecretaria de la Marina Mercante. El capitán de fragata, Luis Mayans Jofre, era el director general de navegación. En resumen, un plantel genuinamente franquista, con la Armada ejerciendo su poder hegemónico sobre la Marina Española la civil y la militar. El capitán de navío, Félix Basterreche del Carré. ocupaba la Comandancia militar de Marina de A Coruña.
La Armada ejercía un poder total sobre la Marina Civil
La ley Penal y disciplinaria de la Marina Mercante, de 1955, que incluía la pena de muerte, era el antídoto penal establecido por el militarismo naval contra cualquier intento de oposición manifiesta a la dictadura naval en la mar.
La Armada planeaba, disponía, aplicaba, marcaba las pautas, se injería, presidia actos de la Marina Civil, ninguneaba y aislaba, en general, a los marinos civiles, aunque favorecía con límites bien marcados a los miembros de la Reserva Naval, que destinaba a la Subsecretaria de la Marina Mercante, a las comandancias militares y al practicaje portuario. No había organismo de la Marina Civil en el que la Armada no estuviese presente: ISM, Escuelas, Cruz Roja. El Instituto Hidrográfico de la Marina estaba bajo monopolio naval. La Armada, por imponer, impuso incluso a la Virgen del Carmen, que nunca fue patrona de la Marina Civil.
Los capitanes y oficiales estaban obligados a realizar el servicio militar en la Armada, pero eran tratados como marineros de segunda.
El Salvamento marítimo era una pura entelequia. En los años 70, algunos marinos civiles se prestaron voluntarios y arriesgaron sus vidas en lanchas de salvamento controladas por gente de la Armada. La Liga Naval y la UOMM estaban bajo la misma tutela naval.
Corrupción y nepotismo naval
La corrupción y el nepotismo, salvo excepciones, habían arraigado con fuerza. Cientos de personas fueron enroladas en la flota civil como Mandos u Oficiales, aunque carecían de titulación y certificados para ocupar dichas posiciones. El almirante Nieto Antúnez, en su condición de presidente de la Compañía pública Trasmediterránea, se permitió el lujo de tripular los barcos de dicha compañía con marinos civiles que estaban haciendo el servicio militar. Las inspecciones de buques eran un foco de irregularidades navales. El Opus Dei tenía notable presencia en la Construcción naval y los astilleros. En aquella España se construían incluso buques gran de tamaño, pero tenológicamente pobres. La flota civil estaba sometida a los intereses de la Construcción Naval. Es cierto que en aquella etapa la flota española tenía muchos más barcos que actualmente. La mayor parte de la flota de comercio no era competitiva en el mercado internacional. La flota era un fiel reflejo de la baja calidad del diseño naval de aquel tiempo.
Un marco propicio para la siniestralidad
A grandes trazos, ese el marco en el que se gestó el accidente del petrolero “Urquiola”, cuyos detalles se pueden encontrar en el libro publicado por el Sindicato Libre de la Marina Mercante. EL URQUILA: LA VERDAD DE UNA CATÁSTROFE, cuyo texto completo se puede obtener en la red.
EL modelo “URQUIOLA”, sigue latiendo en la España naval
Hoy, 50 años después, es lamentable reconocer que muchos de aquellas “virtudes“ impuestas por el militarismo naval, moduladas por el paso del tiempo, siguen lastrando la existencia y el día a día de la Marina Civil española. El “navalismo” sigue lastrando el desarrollo de la Marina Civil. Se caracteriza por su fobia patológica hacia a los marinos civiles, le ha llevado a dispersar competencias, poner todo tipo de traba a las prácticas de embarque, limitar el potencial académico de las Escuelas Superiores de la Marina Civil, poner la investigación de accidentes en manos de intrusos navales, etc.
La España democrática no ha superado los lastres precedentes
La democracia española, hasta ahora, aunque ha habido algunos intentos serios de acometer una profunda reforma del modelo naval dominante, sigue embarrancada en el pasado.
Quizás el problema se deba a la genética ideológica de algunos políticos, a su incapacidad para comprender que España es un país marítimo en su más amplio sentido, o quizás, lo que hay es una falta de compromiso y responsabilidad frente a una realidad perniciosa para los intereses de España. La democracia, en su balance global, no ha conseguido superar el espíritu y los vicios congénitos del sistema que los Borbones implantaron en España tras la llegada de Felipe V a principios del siglo XVIII. El clasismo, que aún es vigente, nunca es ni debería ser considerado como un valor superior al de la profesionalidad. Los desastres navales de San Vicente, Trafalgar, Cuba y Filipinas lo han dejado bien patente.
Clasismo naval y profesionalidad
En la Marina de Guerra ha habido y hay grandes marinos militares. Ha habido y hay personas muy progresistas; profesionales que son dignos del mayor respeto. Sin embargo, la Armada como institución sigue persuadida y educa a sus pupilos,- como lo pretendió Antonio Valdés en su tiempo- que debe marcar fronteras clasistas, en ser una élite y, para ello, incluso adultera la historia en su particular provecho. Hasta un gran narrador como Martín F. Navarrete, se vería presumiblemente compelido a negar lo evidente. Otros “historiadores“ le siguieron y le siguen también muy de cerca. Hay ideologías navales que son más propias de un tiempo que ya debería estar superado. Marina Civil y Marina Militar han de ser y estar en todas las circunstancias posibles al servicio del Estado Español, de la Sociedad Española. La Marina Civil no es una franquicia, ni ideológica ni funcional, de una particular versión de la Armada Española. El Rey, como Jefe del Estado, debería dejar patente que no existen semejantes acotados y fronteras. Los marinos civiles deberían asumir su papel profesional con la mentalidad y la dignidad propia de cualquier español en plenitud de sus derechos. Su historia y su aportación real a la sociedad española les legitiman para reclamar un trato no discriminatorio en la sociedad de nuestro tiempo.
Accidentes con marchamo naval
El “Marbel”, el “Casón”, el “Castillo de Salas”, el “Mar Egeo” el “Prestige” o el más reciente del “Villa de Pitanxo” forman parte de la colección de siniestros que llevan el indeleble sello naval de la España que lleva más de dos siglos varada muy cerca del estanque del Retiro.
Colegio de Capitanes y Oficiales de Marina Civil, Escuelas y organizaciones deberían enmendar su rumbo.
Las Escuelas Superiores de la Marina Civil deberían analizar en profundidad la situación actual y formular propuestas acordes con la demanda de Sociedad nuestro tiempo. Todas las organizaciones de marinos civiles deberían reclamar con valentía y decisión la dignidad y el reconocimiento oficial de las atribuciones propias de la profesión de los Marinos Civiles.
El ridículo del Secretario General de Transportes aéreo y marítimo y de la Directora General de la Marina Mercante en Granadilla.
Lo ocurrido en Granadilla, en lo que a la gestión naval del “Hondius” se refiere, debería marcar un fin de capítulo en la reciente historia de la Marina Civil.
Nuestro reconocimiento a las víctimas
Quede patente nuestro recuerdo y respeto por el capitán, los marinos civiles y otras personas que han sido víctimas del “Urquiola” y de los cientos de accidentes evitables que ha sufrido la flota civil española.

