¿Estará sobrecalado?
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- Category: Seguridad marítima
- Published on Tuesday, 18 November 2014 06:23
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Las normas de seguridad aplicables a los buques civiles que visitan los puertos españoles se han relajado hasta alcanzar niveles intolerables.
Esta imagen, publicada en el año 2011 en el blog de Juan Carlos Dìaz Lorenzo, corresponde al buque cementero "Frida", podría ser un claro ejemplo de lo que viene ocurriendo en las dos últimas décadas.
Historial
"El buque cementero Frida, que ostenta dicho nombre desde octubre de 1995, es el antiguo Norden, construcción número 187 de los astilleros Dannebrog Flydedok A/S, en Aarhus (Dinamarca) y entró en servicio en agosto de 1985, construido por encargo de la sociedad Norden A/S. Ha cambiado varias veces de propietario y hasta su adquisición por Cemex España había pertenecido a la Compañía Valenciana de Cementos Portland.
Registra 5.707 toneladas brutas, 1.856 toneladas netas y 7.682 toneladas de peso muerto y son sus principales dimensiones 118,93 metros de eslora total -111,72 entre perpendiculares-, 17,43 metros de manga, 8,31 de puntal y 7,10 de calado. Está compartimentado en cuatro bodegas con capacidad para 6.714 metros cúbicos y está propulsado por un motor Krupp Mak 8M350AK, con una potencia de 4.895 caballos y una velocidad de 13 nudos. Código IMO 8404264."

Buque cementero "FRIDA"; Foto. Juan Carlos Díaz Lorenzo.

Pero la pregunta es, ¿Dónde está el disco Plimsoll de este barco?
¿Está debajo de la lámina del agua?
El capitán ha tomado personalmente la decisión de sobrecalar el barco o ha cedido a la presión "ambiental" para vulnerar groseramente las normas más elementales de seguridad?
Los comentarios que nos llegan es que cada día son más frecuentes las imagenes de este tipo.
¿Quiénes tienen la responsabilidad administrativa de este tipo de irregularidades que ponen en riesgo la vida de las tripulaciones y del medioambiente?
La política maritima de este país requiere un cambio de rumbo total, pero la tolerancia irresponsable y el inmovilismo de los sucesivos gobiernos de las últimas dos décadas parece tener vocación de perpetuarse en el tiempo.
La tolerancia irresponsable, el supuesto relajo gubernamental al servicio de los variopintos intereses que rodean el transporte marítimo, lejos de propiciar el crecimiento de la flota española, han servido justamente para todo lo contrario, no hay duda.
¿A qué esperamos para cambiar de rumbo?

