EL MUSEL, MODIFICADO VA, PELOTAZO VIENE
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- Category: Puertos
- Published on Saturday, 10 November 2007 00:00
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ISIDRO MARTÍNEZ OBLANCA
El que manda, manda, y, a tenor de la reciente y espectacular exhibición de servilismo de Menéndez Rexach y demás, ya se nota quién tiene carta blanca en el Ministerio de Fomento. Los «playos» más veteranos, que no recuerdan pleitesía similar, pudieron confirmarlo hace unos días tras la visita del grupo de conocidos empresarios a las obras que se están ejecutando para ampliar el puerto de El Musel, proyecto que se lleva a cabo gracias a que hubo un Gobierno, encabezado por José María Aznar, y un ministro, Francisco Álvarez-Cascos, que pusieron en marcha el plan de infraestructuras 2000-2007. Un plan que corregía la marginación a la que había sido sometida nuestra región durante catorce años por los gobiernos presididos por Felipe González. Para los aficionados a lo de la memoria histórica convendrá recordar, igualmente, que en 2003 fue decisiva la intervención final de Álvarez-Cascos para evitar que se llevara a efecto la alternativa de ampliación portuaria impulsada por Vicente Álvarez Areces, que, por sus características, pretendía arruinar para siempre la bahía y la playa de San Lorenzo. Precisamente el primer trámite realizado respecto a la ampliación de El Musel, tras la salida de Álvarez-Cascos del Ministerio de Fomento, fue la adjudicación de la obra. De entonces viene el fuerte olor a chamusquina que, tiempo después, ascendió a «chamuscona» cuando LA NUEVA ESPAÑA destapó las intenciones para incrementar los costes originales. Ahora, la reciente visita de los constructores supone la antesala de la modificación definitiva del proyecto y, de esa forma, hincarle más aún el diente a los Presupuestos Generales que pagamos todos los españoles. «Tiki-taka» a la ley de contratos Hace año y medio ya se hablaba de un sobrecoste para El Musel de 100 millones de euros (o sea, 16.000 millones de pesetas) respecto a los 579 millones de euros en los que fue adjudicada la obra. Entonces se argumentaba -entre la hilaridad de los hombres de la mar y público en general- no sé qué cambios en la tabla de mareas del Cantábrico. Ya veremos finalmente el camelo con el que van a justificar el «tiki-taka» para quebrar la ley de Contratos de las Administraciones Públicas y llevar a efecto un «pelotazo» grande, digno del tamaño de las obras. Digno, también, del negocio al que se han abonado algunos con la condescendencia técnica, el respaldo político imprescindible de los gobiernos estatal y autonómico, y la inoperancia de una oposición que debería estar mucho más atenta a lo que se está pergeñando en El Musel. Unos sobrecostes que, además de sangrar la economía de todos, serán pretexto socialista para nuevas marginaciones a los asturianos (el AVE del Cantábrico, por ejemplo). Las colosales magnitudes de los presupuestos de obra y los argumentos para modificar al alza la ampliación de El Musel son cuestión estrictamente política que no puede dejarse en manos de técnicos. Bien es cierto que ya se ha encargado Álvarez Areces de colocar en el consejo de administración de la Autoridad Portuaria a políticos camuflados de técnicos con los que dar lustre y envolver en celofán decisiones que apestan y que, como la que se prepara respecto a El Musel, dejarán pequeños los escandalosos apaños en las adjudicaciones a los fondos mineros a favor de las mismas empresas beneficiarias. La visita portuaria de los constructores, en pleno ejercicio de matonismo empresarial, con Menéndez Rexach estirando la alfombra roja para evitar tropiezos, anticipa una descomunal burla a la ley de contratos. Se hace imprescindible la exigencia de claridad en los procedimientos que ya se están gestando entre bambalinas porque cuando creíamos que la era de los modificados y reformados «tácticos» en las grandes obras, para recuperar irregularmente las bajas ofertadas en los concursos, había pasado a mejor vida, tras el saneamiento que se produjo en los ocho años de gobiernos del Partido Popular, ahora, de la mano del nuevo talante, resucita en Gijón. Se trata, nada más y nada menos, que de colar por la puerta inconfesable del reformado de obra lo que por la puerta legal del concurso público la competencia nunca hubiera permitido. ¡Viejos y sucios hábitos intolerables! Pero la ley de contratos del Estado contiene el antídoto para estas infecciosas prácticas: la facultad de la Administración pública titular para segregar la parte de la obra a reformar y sacarla a concurso de nuevo, dando a todos la misma oportunidad de participar, de manera que el adjudicatario del reformado y el nuevo precio resultante sean fruto del mercado transparente y no del chanchullo en la trastienda, evitando así presiones, influencias y dádivas inconfesables, antesala de la prevaricación y del cohecho. En El Musel no valen los fantasmas de ululantes galernas hijas del cambio climático y nietas del entramado mal llamado galáctico, ni nuevas teorías intermareales hijas del güisqui y de los palcos presidenciales para pedir más dinero público y mofarse de la ley. Es responsabilidad política impedir semejante fraude. En Asturias estamos asistiendo a una incontrolada sangría de recursos económicos. Lo que pretenden cocinar para El Musel es la versión multiplicada de los modificados para el Hospital Central (¿cuánto se lleva ya de sobrecoste?) o de la variante ferroviaria de Pajares, donde la constructora está a punto de conseguir que el Ministerio, sin concurso previo, le adjudique nuevos tramos ya adjudicados anteriormente a otras empresas menos influyentes en el caótico Ministerio de Fomento de doña Maleni. Así las cosas, desaparecidos aquellos socialistas que combatían este tipo de capitalismo repelente que se enriquece a costa del pueblo, hay que recuperar para España y para Asturias los procedimientos limpios, claros y diáfanos conforme al amparo que marca la ley. Basta de silencio ante los chanchullos y apaños que incrementan a conveniencia de parte el precio de las obras pagadas por todos. Basta igualmente de políticos que lo consienten y que participan del pingüe negocio de decenas de millones de euros en torno a obras públicas como la de la ampliación de El Musel. Isidro Martínez Oblanca, ex senador del PP.

