EL MUSEL. PUERTO LANGUIDO,PARADÓJICO,CONCUPISCENTE

Cierta languidez se derramó ayer durante la toma de posesión del nuevo presidente portuario, Fernando Menéndez Rexach, que hilvanó un discurso entre lo etimológico y lo logístico. Habló del significado del término transporte, como paso de puertas o de puertos, de montaña o de mar; hizo bonitos juegos de expresiones entre «zona de dificultad» y «zona de oportunidad», y mencionó cosas tan sugerentes como los «nodos singulares». Finalmente, apostó por las segundas y terceras alineaciones portuarias, que en el caso que nos ocupa, se refieren a la célebre ZALI, nombre de hermosa doncella que aterra a las parroquias de Serín y de San Andrés de los Tacones, al tratarse de la Zona de Actuación Logística e Industrial de más de cuatro millones de metros cuadrados que allí se sembrará merced al debatido PGOU de Felgueroso y Morales. Menéndez Rexach, que viene de la administración del Principado, bajo el consejero Francisco González Buendía, dijo que la moza ZALI es «imprescindible» para El Musel, un puerto que ya se mostró sumamente concupiscente cuando deseó la magna ampliación 3C, que luego se quedó en media prenda. Mucho ZALI y mucho acrónimo brillante, pero el Principado todavía no ha mostrado ni un solo papel que justifique la millonada de metros deseados, y ya se sabe que la desmesura mal razonada fue lo que acabó con la ambiciosa 3C. Tras la languidez expositiva de Rexach, vino la paradoja de escucharle al nuevo presidente de Puertos del Estado, Mariano Navas, un brioso panegírico del saliente Fernando Palao, quien, sin embargo, habló con tono de mala conciencia. Navas, con un salado acento sureño, pero con corpachón de vasco, se mostró jabonoso al decir que Palao, ahora secretario general de Transportes del Ministerio de Fomento, «es uno de los mejores activos del sector del transporte en España». Luego elogió que su mentor y jefe sea un hombre que no sólo bebe en un vaso, sino que se pregunta «para qué sirve la sed». Brillante. Este dorado preámbulo contrastó con un Palao que calificó su gestión portuaria en Gijón de «corta y muy complicada». Como sobre el gallego pendía la imagen de las dársena vacías de tráficos -tras la huelga de estibadores, tan bien conducida por él mismo-, Palao advirtió a su sucesor que «la firma del acuerdo sindical no es el final del trayecto». La mala conciencia de Taboada salió a relucir del todo cuando mostró su insignia del Principado en la solapa y aseguró llevarla siempre cerca del corazón, lo que significa que por sus entretelas circula el deseo de restañar desde Madrid los frutos de su paradójico mandato.