ADIOS A LA RESERVA NAVAL ACTIVA
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- Category: Marina Mercante
- Published on Tuesday, 31 March 2026 14:21
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¡Gracias por vuestro apoyo! Durante décadas, los oficiales de la Marina Mercante han engrosado las filas de la Armada española en lo que se conoce como Reserva Naval Activa (RNA), con el objetivo de complementar los efectivos de la escala de oficiales del Cuerpo General de la Armada. Han supuesto un enorme apoyo para la Armada. Siempre han respondido con gran profesionalidad y eficacia, incluso, algunos, dando su vida en acto de servicio. Es por ello que, desde estas páginas, queremos rendir un cálido homenaje a todos los componentes de esta RNA que en algún momento de la historia contribuyeron con su dedicación y entrega a hacer una Armada mejor y más grande. ¡Gracias! A lo largo de la historia, la Reserva Naval Activa (RNA) ha tenido como objeto complementar, con carácter permanente y en la proporción que se fijase, los efectivos de las escalas de oficiales del Cuerpo General de la Armada. Dependiendo de las necesidades y mediante un concurso-oposición, la Armada convocaba, cada cierto tiempo, un número de vacantes para oficiales de la Marina Mercante de las secciones de puente, máquinas y radio. Desde que el 12 de marzo de 1949 se conociera el primer escalafón provisional de la RNA, alrededor de 600 oficiales de esta escala han formado parte de la Armada, embarcando en todo tipo de unidades, desde patrulleros hasta fragatas, pasando por buques anfibios, submarinos y portaaviones. Asimismo, han ocupado destinos como segundos comandantes, jefes de operaciones, oficiales de maniobra, jefes de máquinas y, algunos incluso, han estado al mando de patrulleros y buques auxiliares. Otros, han desarrollado sus habilidades como pilotos de helicópteros, en buques hidrográficos o como buzos. También, en destinos de tierra, han ejercido como ayudantes de marina o, segundos comandantes en las comandancias navales. Del mismo modo, una gran cantidad de ellos han desarrollado el servicio de practicaje en los diferentes puertos militares. Sin embargo, la Ley 17/1989, de 19 de julio, reguladora del Régimen del Personal Militar Profesional, en su disposición adicional sexta, declaró a extinguir las escalas de la RNA, Servicio de Puente y Servicio de Máquinas. BIP 65 Última promoción de la Reserva Naval Activa que salió de la Escuela Naval Militar en el año 1990 Gorra de oficial de la Marina Mercante 66 BIP
El pasado mes de octubre el CF Jesús Ángel Rodríguez García, pasaba a la situación de reserva, lo que suponía el fin del servicio activo en la Armada de los oficiales de la RNA. Con motivo de este hito definitivo para la escala de oficiales procedentes de la Marina Mercante, la Armada española quiso agradecer y hacer patente el gran servicio que, durante décadas, han prestado todos sus miembros. Allá donde estuvieran destinados, realizaron su trabajo con total profesionalidad, dedicación y entrega, sin escatimar esfuerzo y sacrificio. De ahí que, aprovechando la ocasión del acto militar de homenaje al personal que había pasado a la situación de Reserva en los ciclos navales 2019/2020 y 2020/2021, celebrado en las instalaciones de la Agrupación de Infantería de Marina de Madrid, el día 18 de noviembre, se distinguiera de manera muy especial al personal de la RNA. El acto estuvo presidido por el almirante jefe de Estado Mayor de la Armada (AJEMA), almirante general Antonio Martorell Lacave y consistió en la renovación del juramento de fidelidad a la Bandera por parte del personal homenajeado. Así mismo, hay que destacar que en su turno de palabra, el AJEMA aludió de manera extensa y singular a los integrantes de la RNA. Además, en el acto de Homenaje a los Caídos, el capitán de fragata (RNA) Manuel Ángel Infante Pino, participó junto al almirante José Luis Urcelay Verdugo, en la ofrenda de la corona de laurel. Miembros de la RNA asistentes al acto de homenaje celebrado en la AGRUMAD Acto oficial militar de despedida de la Reserva Naval Activa El CF (RNA) Manuel Ángel Infante Pino, participó junto al almirante José Luis Urcelay Verdugo en el acto de Homenaje a los Caídos, portando la corona de laurel El CF García Granda besa la Bandera BIP 67 Desde estas páginas queremos aportar nuestro granito de arena, mostrando a nuestros lectores la figura del oficial de la RNA, destacando la gran importancia de su contribución y dedicación al servicio de la Armada. Y con ese fin hemos querido poner corazón a unas de tantas historias vividas por oficiales de la RNA que tiempo atrás fueron marinos mercantes. Así pues, contactamos con varios de sus oficiales, entre ellos el CF Jesús Ángel Rodríguez García, que se distingue por haber sido el último oficial en activo de la RNA; los demás se encuentran, unos, ocupando destinos en situación de reserva, y otros ya retirados, pero todos se ofrecieron diligentes a colaborar con nuestra revista. Aceptaron contarnos en primera persona aspectos referentes a la formación previa que recibían en la Marina Mercante, el cómo han desarrollado su carrera profesional en la Armada o, explicarnos el por qué en un momento determinado de sus vidas decidieron cambiar una marina civil por una militar. También nos revelan cómo influyó la Armada en sus vidas, así como, lo que ellos creen que han aportado a la Armada ¡qué no es poco! pues era un personal muy formado profesionalmente y con mucha experiencia, como se va a poder ver más adelante.
Comenzaremos exponiendo el arduo y largo camino que había que recorrer para llegar a obtener alguno de los títulos de la Marina Mercante, requisito previo para acceder a las pruebas selectivas que se publicaban, generalmente una vez al año, para el ingreso en la RNA.
Hay que puntualizar que, como mínimo, se debía estar en posesión del título de Piloto de 1.ª Clase u Oficial de Máquinas de 1.ª Clase de la Marina Mercante, Se podría decir que los antecedentes de la Reserva Naval Activa se remontan al siglo XV con la figura del piloto, a cuyo cargo estaba el gobierno marinero del buque y su diario de navegación, coexistiendo sus funciones en las naves militares con las del capitán de guerra que ejercía el mando supremo a bordo. Con posterioridad se unirían ambas funciones en la figura del capitán de mar y guerra.
En el siglo XVIII se crea el Cuerpo de Pilotos de la Armada, con consideración y derechos militares, ejerciendo sus funciones en los buques de guerra bajo las órdenes de los comandantes y oficiales respectivos.
En el siglo XIX, como consecuencia de la guerra de África, el cuadro de oficiales de la Armada escaseaba y fue la Marina Mercante una importante cantera donde obtener oficiales que, previa instrucción militar, mandasen buques mercantes habilitados para transporte de material y tropa e incluso ocuparan destinos en comandancias y ayudantías de Marina. Posteriormente, en el año 1915, se crea la Reserva Naval por Real Decreto de 19 de noviembre, constituida por personal de la Marina Mercante y con el fin de contar con un determinado personal apto y disponible para prestar servicio en la Armada, tanto en tiempo de paz o de guerra, tensión o crisis. Su personal estaba en posesión de una aptitud profesional de aplicación íntegra al servicio de la Armada, imposible de sustituir con el de otras profesiones.
Esta Reserva Naval desaparece al crearse en 1932 el Cuerpo General de Servicios Marítimos. Después, como consecuencia de la Guerra Civil, se produce una reestructuración al incorporarse la Marina Mercante al esfuerzo bélico en ambas zonas beligerantes. Tas la guerra, la Ley de 19 de febrero de 1942 dispuso la dependencia de la Marina Mercante del Ministerio de Marina, al ser elemento fundamental de la Defensa Nacional.
El 22 de noviembre de 1946 por Real Decreto se reorganiza de nuevo la Reserva Naval y por la Orden de 23 de febrero de 1949 se aprueba con carácter provisional su Reglamento, creándose la RNA como el conjunto de personal de la Reserva Naval movilizado con carácter permanente para desempeñar algunos destinos de la Armada (Puente, Máquinas y Radiotelegrafía). El pase a la RNA se hacía por concurso entre los pertenecientes a la Reserva Naval que cumplían con los requisitos establecidos, en donde los procedentes de la oficialidad de Puente de la Marina Mercante podían alcanzar el grado de capitán de fragata, y de comandante, los de Máquinas.
El primer escalafón provisional de la RNA parte del 12 de marzo de 1949, con 123 oficiales del Servicio de Puente, 44 oficiales del Servicio de Máquinas y 12 oficiales del Servicio de Radiotelegrafía, sumando un total de 179 oficiales.
Finalmente, en agosto de 1990 egresa la última promoción de oficiales de la RNA de la Escuela Naval Militar, tras declararse a extinguir la escala en virtud de la Ley 17/1989.
HISTORIA DE LA RESERVA NAVAL ACTIVA De la Marina Mercante a la Armada española Buque Ciudad de Salamanca de la compañía Trasmediterranea Ancla y pala de Primer Maquinista (distintivos de la Marina Mercante) 68 BIP haber realizado el Servicio Militar o haberse acogido a algunas de las excepciones y no superar la edad de 31 años. Además, se valoraba el haber realizado el Servicio Militar como IMERENA (Instrucción Militar para la formación de oficiales de la Reserva Naval), los títulos adquiridos en la Marina Mercante, el tiempo de mando de buque, el número total de días navegados o las calificaciones obtenidas durante la carrera.
Iniciaremos el relato de la «carrera de obstáculos» que había que superar para llegar a ser capitán/jefe de máquinas de la Marina Mercante, primero, y oficial del Cuerpo General de la Armada después, a través de la detallada exposición que sobre esta cuestión nos refiere el CF Jesús Ángel Rodríguez García: La carrera de Náutica, —yo ingresé en la Escuela Técnica Superior de Náutica de La Coruña, como se denominaba en aquel momento, en el año 1978—, era una carrera universitaria que se dividía en dos ciclos con un total de cinco cursos.
Al término de los tres cursos del primer ciclo y después de un embarque obligatorio de tres meses, podías pasar al segundo ciclo, y si además superabas un examen llamado «prueba de conjunto» obtenías la titulación académica de Diplomado en Ciencias Náuticas. A partir de aquí podías embarcar como alumno y comenzar tus prácticas embarcando durante doce meses, en los que debías realizar trescientos días de mar. Después de presentar y defender ante un tribunal tu trabajo sobre las prácticas realizadas, obtenías la titulación profesional de Piloto de 2ª Clase de la Marina Mercante u Oficial de Máquinas de 2ª Clase. Muchos compañeros continuaron embarcados para obtener el título profesional de Piloto de 1ª Clase de la Marina Mercante u Oficial de Máquinas de 1ª Clase pero para conseguirlo tenías que estar embarcado durante veinticuatro meses y realizar, al menos, cuatrocientos cincuenta días de mar. Otros, los que queríamos llegar a Capitán o Jefe de Máquinas, teníamos que realizar el segundo ciclo, esto es, 4º y 5º curso más seis meses de embarque, tras el cual, superando la presentación y defensa de un proyecto fin de carrera, alcanzabas el nivel académico de Licenciado en Ciencias Náuticas y Transporte Marítimo. No obstante, todavía no eras Capitán, para ello tenías que navegar como oficial durante veinticuatro meses realizando un mínimo de quinientos días de mar y además presentar y defender ante un tribunal de la Escuela el llamado «trabajo de Capitán».
En resumen, para llegar a ser Capitán se debían cursar cinco años en la Escuela Técnica Superior, haber embarcado como mínimo otros cinco años y, realizado mil doscientos cincuenta días de mar. Si completabas esa extensa formación teórica y práctica entonces estabas capacitado para realizar las funciones de gobierno, seguridad, conservación y mantenimiento de equipos de cubierta, casco y máquinas, operaciones de carga y descarga, dirección de pasajeros, prevención de la polución marina y todas aquellas operaciones que se desarrollan a bordo de cualquier tipo de buque, así como cualquier otra actividad dentro del sector marítimo. Una vez que se estaba en posesión del título de Piloto de 1ª o de Capitán ya se podía acceder por concurso a ser miembro de la Armada.
Los que resultaban seleccionados eran nombrados Alféreces de Navío o Tenientes de Máquinas provisionales de la Reserva Naval, ingresando en la Escuela Naval Militar para realizar un cursillo de capacitación y actualización entre los meses de enero y abril. Finalizado este periodo, realizaban otro cursillo, hasta el 1 de julio, los de Servicio Puente en el Centro de Instrucción y Adiestramiento a Flote de Cartagena, y los del Servicio de Máquinas, en la Escuela de Máquinas de la Armada de Ferrol. Durante estos seis meses recibíamos Instrucción Militar, conocimientos sobre organización de la Armada, artillería, armas submarinas, comunicaciones, propulsión... — recuerda el CF Rodríguez—. Finalizada esta fase de formación los aspirantes eran declarados aptos o no aptos y escalafonados de acuerdo con las notas obtenidas, pasando a efectuar un periodo de prácticas de un año de embarque en buques de la Flota. 68 BIP Barcaza A-07 BIP 69 Al finalizar este periodo, los que eran declarados aptos eran promovidos a alférez de navío o teniente de máquinas de la Reserva Naval Activa, obteniendo la condición de Militar de Carrera. Es decir, durante el periodo de formación, que comprendía el cursillo en la Escuela Naval Militar y otros centros de la Armada y el año de prácticas embarcado, eras oficial provisional de la Reserva Naval y podías ser declarado apto o no apto, por lo que tu ingreso en la Armada era temporal, hasta finalizar el periodo de prácticas a bordo en que eras nombrado Alférez de Navío o Teniente de Maquinas de la Reserva Naval Activa y adquirías la condición de permanente, aclara el CF Rodríguez.
En un principio, la convocatoria para cubrir las plazas de ingreso en la RNA se hacía extensible a las tres especialidades náuticas: Puente, Máquinas y Radiotelegrafía. Sin embargo, con la paulatina desaparición de los oficiales de Radio, las convocatorias se limitaron a los Servicios de Puente y Máquinas.
Por otro lado, si hablamos del desarrollo profesional en la Armada hay que decir que los oficiales de la RNA no podían optar al mando de buques de la Flota, solo a determinados patrulleros, buques auxiliares, barcazas de desembarco o remolcadores pero, sí podían realizar cursos, aptitudes y especialidades como Artillería, Submarinos, Hidrografía, pilotos de Aeronaves, etc. En referencia a la formación como marino mercante hay que puntualizar un aspecto, y es que antes de que las titulaciones de Náutica pasaran a formar parte de la enseñanza universitaria, los integrantes de la RNA realizaban dos años de escuela, prácticas de embarque contadas por días de mar, curso de Piloto en la escuela, periodo de embarque contado por días de mar, curso de Capitán. Al final obtenían el «libro de Calificación Escolar» expedido por la Subsecretaría de la Marina Mercante, que por aquel entonces estaba integrada en el Ministerio de Comercio. Hasta aquí el aspecto general, común a todo el personal de la RNA.
A partir de ahora pasamos al terreno personal, los motivos por los que cada oficial de la RNA —que se ha ofrecido a colaborar en este artículo— ha expuesto, recordando el por qué decidió ingresar en la Armada, qué ha entrañado para él el haber formado parte de la gran familia que es la Armada española y cómo ha repercutido en el desarrollo de su carrera profesional esa decisión que tomó hace ya algunos años.
BIP 69 Destructor D-21 Lepanto AN Curto durante un vuelo Rota-Ferrol AN Curto en la 6.ª Escuadrilla 70 BIP Comandante de Máquinas (reserva) Jaime Montañés Beltrán La Armada me ha aportado mucho, tanto en lo profesional como en lo personal. Me ha aportado conocimientos distintos a los de la Marina Mercante, además de buenos compañeros y amigos. Además, he tenido la suerte de obtener los destinos que he ido solicitando, tanto en buques como después en tierra.
He vivido muy buenas experiencias en la Armada pero si tuviera que recordar una serían las dos campañas en calderos de Terranova ayudando a los pesqueros españoles en la famosa «Guerra del Fletán».
Se hizo una labor de ayuda muy importante y los pescadores que allí faenaban, en unas condiciones extremadamente duras, lo agradecieron muchísimo. CF (reserva) Jesús Ángel Rodríguez García La vida en la Marina Mercante es dura y sacrificada, con grandes periodos de tiempo en la mar, separado de tu familia. En mi caso particular, he llegado a estar hasta siete meses embarcado, por ello, uno busca una alternativa que, sin renunciar a su vocación marinera y su pasión por la mar, le pueda permitir disfrutar más tiempo con los suyos. En la Armada, a pesar de estar embarcado, los periodos de embarque no son tan largos y siempre tenías la opción de solicitar destinos en tierra, como las comandancias y ayudantías de Marina.
Durante ocho años navegué en la Marina Mercante y con 29 años de edad ingresé en la Armada, destinado primero en el buque Castilla, después en el patrullero de altura Atalaya y más tarde como comandante del buque aljibe Condestable Zaragoza. Posteriormente, tras superar un concurso-oposición, fui nombrado Práctico Militar del Arsenal de Ferrol, donde realicé las funciones de práctico durante once años. Mi último destino en la Armada ha sido como responsable del Área de Patrimonio, en la Subdelegación de Defensa de La Coruña ya que el pasado mes de octubre pasé a la situación de Reserva como capitán de fragata.
Entre las experiencia vividas a lo largo de mis años en la Armada recuerdo especialmente los dos meses que pasé a bordo del patrullero Atalaya prestando apoyo a la flota pesquera española en aguas de Terranova, durante la llamada «Guerra del Fletán» y en la que dimos cobertura sanitaria, técnica y logística a decenas de buques bacaladeros. También recordaré siempre mi etapa al mando del buque aljibe Condestable Zaragoza cuya misión era realizar el suministro de agua, combustible, víveres y materiales a la isla de Alborán, así como al peñón de Vélez de la Gomera, la isla de Alhucemas y las islas Chafarinas, lo que me permitió conocer estos enclaves del norte de África, desconocidos para la mayoría de los españoles. En resumen puedo decir que en la Armada he podido desarrollar plenamente mi carrera profesional al haber alcanzado metas a las que cualquier marino aspira, como es el haber mandado un barco o haber estado años como Práctico.
Además, a nivel personal, me ha aportado una seguridad y una estabilidad laboral y familiar que en la Marina Mercante no tenía y quizás no hubiera tenido nunca.
El AN Rodríguez García en el patrullero Atalaya, en Terranova Ejerciendo como práctico militar a bordo de la F-104 Méndez Núñez El comandante (RNA) Montañés en el despacho del ISEMER Rota donde prestó sus servicios Patrullero de altura Vigía (P-73) BIP 71 CF (retirado) José Manuel Correa Pazos CF (retirado) Fernando María Escondrillas Gómez La Armada me ha permitido adquirir y desarrollar muchas experiencias y conocimientos que no son aplicables a la Marina Mercante. La vida militar es dura e intensa pero satisfactoria también, imprime carácter.
Quisiera destacar el conocimiento adquirido en los patrulleros del mundo de la pesca y de sus esforzados marineros en el banco Sahariano y en aguas de Terranova. También, la oportunidad y el privilegio de haber sido jefe de operaciones de un buque de la Flota, el TA Aragón. ¡Cómo no! la maravillosa experiencia profesional y personal de mandar el Cabo Fradera en un entorno privilegiado como el Baixo Miño.
Asímismo, la emoción de ser dotación de quilla y primer oficial de maniobra de un buque novedoso, por nuevo y prototipo para la Armada, como el buque de aprovisionamiento de combate Patiño. Igualmente, la satisfacción de haber sido Práctico Militar del Arsenal de Ferrol y de la E.N. de La Graña, el destino, quizás, más profesional y donde creo que aporté más a la Armada. Aunque, el destino de Jefe de Cargo en el Cuartel General de la Armada, me dio la oportunidad de conocer nuestra casa materna por dentro.
Mi último destino en activo, la Ayudantía Naval de Lanzarote, me produjo el orgullo de representar a la Armada en una bella isla, además de despedirme de las Islas Canarias donde empecé mi andadura profesional en la Institución.
Por último y ya en Reserva, viví la experiencia de ser Director Gerente de las Residencias Logísticas de la Armada en Ferrol, comprobando, desde dentro, la importancia de la Acción Social en la logística y descanso del personal.
En general, en la Armada se viven innumerables situaciones de todo tipo, que se pueden calificar de emocionantes y emotivas, de aventura, entrañables, todas ellas vivencias inolvidables que originan un vínculo de por vida con la Armada así como con los grandes compañeros con los que has coincidido.
A nivel personal es una gran satisfacción pertenecer a la familia militar en general y de la Armada en particular, teniendo además la sensación de haber sido bien acogido. Estoy convencido que esto me aportará un plus de felicidad en lo que me reste de vida. Aunque la casuística del por qué un marino mercante decide ingresar en la Armada es muy extensa, en mi caso y creo que en el de muchos de mis compañeros, prevaleció sobre todo la vida familiar, pues la Marina Mercante es muy exigente y, aunque se ganaba bastante dinero —porque los sueldos eran más altos—, el estar alejados de la familia era muy duro.
También atraía el que en la Armada cambiabas de destino y de ocupaciones no cayendo en la rutina y además, estabas al día en cuanto a conocimientos y estudios. Desde que ingresé como alférez en 1979 en la IMERENA he estado destinado en numerosos barcos.
Además, tuve la oportunidad de realizar el curso de especialidad de Submarinos y el curso de Analista de Sistemas Integrados; ejercí de profesor y jefe del CPT-SUB (Centro de Programas Tácticos de Submarinos) dentro de la Escuela de Submarinos; jefe del Control de la Configuración en la Jefatura Industrial del Arsenal de Cartagena; oficial de operaciones en el Cuartel General de la Fuerza de Acción Marítima en Cartagena; ayudante mayor de la Base de Submarinos; ayudante mayor de la Estación Naval de la Algameca, en Cartagena; y por último, ya en reserva, tuve la suerte de ser jefe del CESADAR (Centro de Supervisión y Análisis de Datos de la Armada), en Cartagena. Por supuesto, si no hubiera venido a la Armada, no hubiera realizado las especialidades de Submarinos y Analista de Sistemas, no hubiera conocido tantos tipos de buques y no hubiera desarrollado actividades propias de una Ayudantía Mayor o del CESADAR, como Oficina Central del Mantenimiento Predictivo de la Armada, tarea fascinante, sin duda alguna. Puedo asegurar que estoy muy agradecido a la Armada por toda mi carrera profesional. Y a nivel personal por haber podido compaginar la vida familiar con la laboral. A bordo del BAC Patiño (año 1996) A bordo del patrullero Cabo Fradera (año 1993)
El CF Escondrillas en la Base de Submarinos de la Armada, en Cartagena 72 BIP CF (retirado) Carlos Fernando Jaime Fariña Tresguerras CF (retirado) Evaristo García-Lengomín Guardado Aunque cada miembro de la RNA tiene una razón distinta para cambiar la Marina Mercante por la militar, en general se puede decir que la conciliación de la vida familiar es más fácil en la Armada.
En los barcos mercantes no existe Navidad, Semana Santa, verano, sábados, domingos, festivos; no había cambio de destino y tampoco había destinos en tierra. Además, en la Armada se podía recibir una formación adecuada a cada destino con especialidades variadas y atractivas como helicópteros, etc.
En cuanto a mi desarrollo profesional tengo que decir que si no hubiera venido a la Armada no hubiera realizado la especialidad de piloto de helicópteros, no hubiera conocido tantos tipos de aeronaves de ala fija y tampoco hubiera conocido tantos tipos de buques con capacidad aérea. Estoy muy agradecido a la Armada por toda mi carrera profesional y a nivel personal por haber podido compaginar la vida familiar con la laboral.
Durante mi etapa en activo entre 1983- 2017 puedo decir que los oficiales de la RNA ingresaban en la Armada con una edad media de 30 años, lo que presumía que habían estado estudiando/navegando una media de 12 años. Es decir, tenían una titulación, experiencia y madurez tanto para montar guardia en los puentes de los buques de la Armada como para ir de comandante piloto en las aeronaves de la FLOAN.
Además, hay que destacar la importante labor que desempeñaron los oficiales de la RNA de la Sección de Máquinas cuando se extinguió el Cuerpo de Máquinas de la Armada. Desde 1983, año en que ingreso como oficial de maniobra en el destructor Churruca, hasta el año 2018 en que paso a la situación de Retiro, he tenido la suerte de desarrollar una variada carrera profesional siendo segundo comandante en el patrullero Tagomago, Práctico Militar en el Arsenal de Las Palmas, comandante de la barcaza desembarco A-07, segundo comandante en la Comandancia Militar de Marina de Vigo, profesor y jefe de seguridad en la ETEA de Vigo, director del departamento de Humanidades de la E.E. «Antonio de Escaño», secretario en la Inspección de Construcciones de Ferrol (ICO) y por último, jefe de Organización y del OCS del Arsenal de Ferrol.
Tengo que destacar que en el plano profesional, la Armada me ha permitido desarrollar aspectos de gestión de personal muy enriquecedores. Y a nivel personal el conocer a muchos compañeros con los que he mantenido y mantengo lazos de amistad y compañerismo. Por su parte la RNA creo que aportó a la Armada hombres de mar muy experimentados. Entre las situaciones vividas durante mis años en activo las que más huella me han dejado fueron las patrullas en el banco canario sahariano para proteger a nuestros pescadores, pues como todo el mundo sabe en aquellos años el Frente Polisario representaba un peligro, y nosotros auxiliábamos a los pesqueros con ayuda médica y logística, junto a nuestros compañeros del buque hospital Esperanza del Mar.
16 julio de 1984, cuando la promoción de la RNA que ingresó en la ENM en 1983 finalizó la especialidad de Piloto Naval en la Escuela de Dotaciones Aeronavales (EDAN) El CF Lengomín en el Arsenal de Ferrol El AN Lengomín en el D-21 Lepanto BIP 73 Comandante de Máquinas (reserva) Jose Luis Verdú Martínez Antes de entrar en la Armada navegaba en la Compañía Trasatlántica Española que eran buques de carga general. Hacíamos ruta por el Caribe que era una ruta tranquila, las cargas eran a mano y daba tiempo a efectuar los trabajos de mantenimiento sin prisas y a disfrutar de las estancia en puerto.
En aquella época empezaba la contenerización de la carga y los buques de la compañía fueron alargados en Ferrol para añadirles una bodega más para contenedores. Posteriormente se decide construir dos portacontenedores —Pilar y Almudena— que fletados por SEALAND, efectuaban la ruta New York-Baltimore-Norfork manteniendo una velocidad de 22 nudos... y en este punto, se me acabó la marina romántica.
Aquello era una auténtica locura así que cuando salió la convocatoria para la Armada la pedí. A lo largo de mi carrera profesional he estado embarcado en diferentes buques. Pasé destinado después a la Oficina de Valoracion de Adiestramiento de Dragaminas (OVAD) y posteriormente, como consecuencia de la unificación de las oficinas de valoración, pase al EVACART dependiendo del CEVACO.
Por último, vine destinado al Cuartel General de la Armada donde me jubilaré el 11 de mayo próximo. He de destacar dos experiencias muy enriquecedoras para mí como jefe de máquinas de quilla, con el patrullero Cormorán y con el cazaminas Turia y no creo que hubiera tenido esta oportunidad en la Marina Mercante.
Además, gracias a la Armada he tenido la experiencia de trabajar en un astillero. A nivel personal, la Armada me ha dado la oportunidad, a mí y a mi familia, de tener una vida más llevadera ya que si hubiera seguido en la Marina Mercante, con cuatro mes navegando y dos de vacaciones, me hubiera convertido, en vez de en padre de familia, en ese señor que viene a casa de cuando en cuando a dar la lata.
Los oficiales de la RNA son gente acostumbrada a vivir en esos pedazos de hierro que flotan, lo cual no siempre es fácil ya que tienes que convivir mucho tiempo con gente que no conoces de nada. Por eso considero que ese saber estar les ha permitido integrarse desde el primer momento con el resto de oficiales de la Armada y, asimismo, su experiencia como marinos y técnicos ha aportado a la Armada una inestimable ayuda para la realización de sus cometidos a nivel operativo. El comandante Verdú en la sala del generador de emergencia del Cuartel General de la Armada Celebración del 92.º aniversario de la Reserva Naval Activa (1915-2007), en el Club Náutico «Elcano» en Cádiz 74 BIP
Jamás olvidaré mi primer contacto con la Armada, cuando para cumplir con mi deber de realizar el Servicio Militar Obligatorio tuve la suerte de que me admitieran en la IMERENA. Ese hecho me permitió un primer contacto con la Escuela Naval Militar (ENM), y sobre todo con los buques de la Armada. Tuve la suerte de embarcar en la fragata Extremadura F-75, por entonces uno de los buques más modernos de la Armada, en dónde, aprovechando mi experiencia en buques mercantes (por entonces ejercía como primer oficial de puente en buque Cemenmar cuatro, de la Compañia Cementos de Mar, S.A.) se me asignó el destino de oficial de maniobra, con el empleo de alférez de fragata eventual de la IMERENA.
Casi podría mencionar a todos y cada uno de los oficiales de aquella extraordinaria Cámara de Oficiales con los que allí coincidí, y que hicieron muy fácil mi adaptación a las particularidades de la vida a bordo de un buque de la Armada; entre esos oficiales se encontraban el actual JEMAD, entonces teniente de navío, y el actual ALPER, iniciando su carrera como alférez de navío; de todos ellos aprendí, profesionalmente por supuesto, pero sobre todo de aquel espíritu de compañerismo, de sacrificio, de abnegación, de servicio y de amor a España que allí se respiraba. A ellos debo, al menos en parte, mi gran vocación por la Armada. Fue sin duda esta experiencia a bordo de la fragata Extremadura —de la que al desembarcar un vez finalizado el Servicio Militar, caminando con mi maleta por el portalón, no pude impedir que mis ojos se llenaran de lágrimas recordando todo lo vivido a bordo—, lo que me decidió posteriormente a incorporarme a la Reserva Naval Activa, siendo ya capitán de la Marina Mercante. ¡¡¡Gracias!!!
Una vez ya incorporado a la RNA, efectué mi período de prácticas a bordo del destructor Blas de Lezo, en donde tuve la suerte de coincidir con un excelente marino y mejor persona, el entonces CF José Luis González-Irún, que confió en mí nombrándome su Oficial Ayudante de Derrota. Mi carrera transcurrió por el patrullero Tabarca, comandancias navales de Alicante, Ceuta y Gijón, por tres veces pasé por la Jefatura de Personal de la Armada en Madrid, también estuve algún tiempo en el Órgano Central del Ministerio de Defensa.
Todos los destinos me aportaron experiencias a cual más interesante, pero destaco entre todos ellos el puesto de Delegado Provincial del ISFAS en Pontevedra, que me permitió conocer de primera mano la problemática existente en materia de asistencia sanitaria de nuestros compañeros, especialmente los de edades más avanzadas, y de sus familias. La experiencia no pudo haber sido más satisfactoria. Creo que la Armada me ha proporcionado un abanico amplio de posibilidades en donde desarrollar mi carrera profesional, más allá de los cometidos propios de navegación y transporte de mercancías que me ofreció la Marina Mercante. Adicionalmente, y como licenciado en Derecho que soy, en la Armada también pude desempeñar en cierto modo, los conocimientos de esta rama del saber, en el desempeño de mis cometidos, en los destinos en el Área de Personal y especialmente en los del Órgano Central del Ministerio de Defensa y en el ISFAS. Pero, con todo, a nivel personal, sin ninguna duda, lo más importante es que gracias a la Armada conocí a la que hoy es mi mujer, en la localidad de Marín, cuando estaba destinado como segundo comandante en el patrullero Tabarca.
Aparte de todo lo que se ha dicho anteriormente, considero que con carácter general la principal aportación del personal de la RNA a la Armada fue su experiencia y su conocimiento del entorno, para la gestión de los asuntos relacionados con la Marina Mercante y Marina de Pesca, cuya competencia era casi exclusivamente de la Armada, y que la ejercía a través de las comandancias militares de Marina (hoy comandancias navales) y ayudantías militares de Marina (hoy ayudantías navales) repartidas a lo largo de todo el litoral español.
En el ámbito estrictamente operativo, y en lo que respecta a la presencia de personal de la RNA en los buques de la Armada, considero que su experiencia previa en la Marina Mercante supuso un aporte adicional de experiencia en puestos específicos como oficiales de Derrota y oficiales de Maniobra.
Igualmente su labor ha sido muy importante en puestos de segundos comandantes de buques de menor porte como los patrulleros, en donde su experiencia previa como navegantes complementaba perfectamente a los oficiales del Cuerpo General. También, ha sido muy destacable su labor como prácticos dada su amplia experiencia en navegación y maniobra adquirida a lo largo de su carrera como marinos mercantes.
Y, ahora que por fin, tras una larga singladura, «después de un largo viaje lleno de aventuras, lleno de experiencias», que diría Constantino Cavafis en su Viaje a Ítaca, la Reserva Naval Activa de la Armada atraca definitivamente en puerto, y cierra su cuaderno de bitácora, me gustaría dejar patente mi agradecimiento, y creo que lo puedo hacer en nombre de todos los miembros de la RNA, a la Armada española, por la posibilidad que nos ha brindado de servir a España desde una institución tan grande y tan querida por todos como es LA ARMADA ESPAÑOLA.
Para finalizar queremos dar las gracias a todos los oficiales de la RNA que nos han ayudado con sus colaboraciones y aportaciones a conocer en profundidad esta figura que ya forma parte de la historia de la Armada.
La Armada y España tendrán siempre un deber de gratitud con los oficiales de la RNA. Han aportado durante muchas décadas lo mejor de cada uno de ellos. Poseedores de una sólida formación marinera y profesional, adquirida en la Marina Mercante y de aplicación inmediata al servicio de la Armada, han supuesto un apoyo fundamental, que merecerá siempre el más profundo reconocimiento.
¡GRACIAS POR LOS SERVICIOS PRESTADOS!
Por TRINIDAD AMBRONA, Periodista

