ABS Y LOS BARCOS CHATARRA

AEMC

 05 enero 2004

Nada más lejos de nuestro deseo que defender el actual sistema de inspecciones. Un sistema basado en que el cliente paga y, en consecuencia, decide quién y, si se nos apura, cómo se inspecciona su barco.

Pero nada más lejos tampoco que ser cómplices con nuestro silencio de un atropello con el que no podemos estar de acuerdo: el acoso y derribo a ABS.

Nada nos ha unido ni nos une a dicha firma, pero es claro que ABS ha sido y es una firma con prestigio, con un prestigio que se ha ganado dentro y fuera de las fronteras americanas. ABS es una sociedad de clasificación de las que va siempre marcando la pauta, actualizándose constantemente, investigando y demostrando su profesionalidad en el ámbito marítimo, que es el que conocemos.

 

No se olvide que el “Castillo de Bellver”, el “Amoco Cádiz” y otros muchos barcos construidos en España en aquel tiempo también sufrieron daños estructurales importantes y a nadie se le ocurrió pedir el cierre de los astilleros españoles ni expulsarnos del mercado.

Desgraciadamente esos fallos por fatiga del material se producen y habrá que adoptar medidas eficaces para tratar de detectarlos, identificarlos y corregirlos en el momento oportuno.

Si se demuestra que se deben a actuaciones negligentes habrá que aplicar las medidas previstas en las leyes a quienes sean responsables, pero lo que no es de recibo es utilizar un posible fallo como un argumento para dirimir otras cuestiones que bien podrían ser inscritas en las guerras de competencia.

Y no ha de olvidarse tampoco que ABS no es responsable, ni mucho menos, de convertir el accidente en una catástrofe de proporciones gigantescas.

Si se aplicasen las medias que se proponen contra ABS a todos los responsables de la catástrofe del Prestige, serían varios los que ya tendrían que haber abandonado España.

Seamos sensatos, no nos dediquemos a la caza del competidor infiel ni del demonio extranjero que, a lomos del caballo materialista, “perturba lo más espiritual de nuestra esencia: el genuino espíritu de la España imperial y recia”

Pensemos que ni tan siquiera hemos sido capaces de sostener una sociedad de clasificación netamente española – los ensayos no cuentan- capaz de competir a nivel internacional. ¡Seamos sensatos¡, pues si hemos de buscar responsables de mantener chatarra flotante y del mal estado en el que se encuentran muchos barcos, quizás no tengamos que alejarnos mucho de nuestra propia casa. Respetemos a quienes compiten y concurren en un mismo mercado y hagamos un esfuerzo por mejorar el sistema de inspecciones para garantizar su eficacia. Y no nos olvidemos que los barcos son vivienda y centro de trabajo de miles de marinos que reclaman mayor seguridad, barcos más habitables, y unas condiciones de vida y trabajo más humanas.

Que el actual sistema de inspecciones falla, es evidente.

Que el MOU ha sido hasta ahora una auténtica farsa tecnoburocrática, es evidente. Que alguien tendrá que explicar por qué en un determinado puerto se detectan fallos en el 50 % de los barcos inspeccionados y en otros no se detecta ni una sola deficiencia, es evidente. 

No nos dejemos llevar por intereses colaterales y hagamos un esfuerzo para que se sepa lo que hay realmente dentro de los barcos. Los marinos lo saben perfectamente. Quizás haya que buscar las vías idóneas para que nos lo cuenten, para quede oficialmente registrado y quienes tienen la responsabilidad de actuar, actúen en consecuencia. La imagen del contramaestre enchufando la manguera hacia las frisas por las que no entra el agua en la bodega para evitar que se compruebe cómo el barco sale de la reparación sin estar estancas sus bodegas, es muy vieja. Los certificados bajo un combinado de presión y suavizante forman parte del entorno de más de un astillero. Ir a pasar las inspecciones a no se qué puerto, como el que va a Fátima en busca del milagro, no es nada nuevo.

 

Esconderse detrás de a ABS para alejar el fantasma de la catástrofe, no es precisamente la mejor forma de resolver los muchos y graves problemas que aún siguen pendientes.