AL RUMBO OPUESTO

 13 de mayo de 2004

Por increíble que parezca, el rumbo adoptado por Fomento es justamente el opuesto al que requiere el compromiso de regeneración democrática.

El rumbo que se pretende trazar es la prolongación del que condujo al gobierno del PP a la mayor catástrofe marítima de nuestra historia.

 

Hay razones suficientes para denunciar que se arranca con un rumbo errado.

 

Para ello, quizás sea necesario aclarar previamente algunos conceptos con el ánimo de hacer más fácil el posible debate.

 

La Marina Civil, engloba a la marina mercante y, por ende, al transporte marítimo (elemento esencial de la cadena de transportes, que se realiza con barcos propios y ajenos, con agentes marítimos y portuarios, etc), a la flota de embarcaciones auxiliares (dragas, gánguiles, gabarras, barcazas), a las plataformas petrolíferas y elementos  petrolíferas en la mar, a los trabajos submarinos, (incluida la arqueología, en la parte de navegación, posicionamiento etc,) a la pesca, a los puertos (incluidas marinas, esclusas, gradas, astilleros), a la formación y prácticas en la mar, a la marina deportiva y de recreo y, en determinados aspectos no industriales, a la construcción naval.

Es decir, ni el transporte marítimo ni los puertos son el todo. Tratar de comprimir a la marina civil en una Dirección General es “gibarizarla” para meterla en el “zulo” que los puertos han creado.

 

La Marina Civil, como elemento de la organización administrativa tiene personalidad propia, siempre la ha tenido, dentro y fuera de España. Otra cosa es que nos empeñemos en desvirtuar la realidad, en fragmentar las competencias y dispersarlas.  

Bajo una perspectiva histórica, conviene recordar qué en España, tras el descubrimiento de América, la flota, el control de las mercancías y de los barcos, la Universidad marítima y otros asuntos relacionados eran competencia exclusiva de la Casa de Contratación, creada en 1508. Poco a poco y por múltiples razones, la vida marítima se fue militarizando y degradando. Tras la guerra de sucesión, Patiño crea en 1717, la Real Compañía de Guardiamarinas en Cádiz y con ello no sólo se consagró esa militarización, que salvo en un corto periodo en los años 30 del siglo pasado, se prolongará hasta la llegada de la democracia.

En 1893, los acontecimientos históricos hicieron que ciertas competencias portuarias pasasen al Cuerpo de Ingenieros de Caminos.

 

En 1983, en unas Jornadas celebradas en Peñíscola, me cupo el honor de exponer la necesidad de llevar a cabo la reforma de la Administración marítima para poner orden en aquel caos que repartía 412 competencias marítimas en 12 ministerios, y apuntaba a complicarse más aún si no se producía una descentralización ordenada.  Comunidades Autónomas. En aquel momento se propongo la creación de un Ministerio de la Mar.

El PSOE, con muy buen criterio, pone en marcha una Comisión que se encargará de estudiar la situación y formular propuestas. Nace entonces la famosa COMINMAR (Comisión Interministerial para la reforma de la Administración Marítima) e introduce una serie de reformas en el salvamento, en las enseñanzas, y en el control de la flota que abren el camino de la esperanza. Aquella Comisión realizó un magnífico trabajo y sus propuestas, con las oportunas actualizaciones, siguen siendo válidas. Sin embargo, no se pudieron poner en práctica. Las presiones de los clanes incrustados en la Administración y sus correspondientes grupos externos, se aferraron a sus prebendas por encima de cualquier otro interés de Estado.

Los clanes una vez alertados por lo que suponía para ellos aquella “amenaza”, se apresuraron a presionar para que se aprobase una Ley de Puertos y Marina Mercante, que no era ni más ni menos que el primer paso para extender sus tentáculos sobre la marina civil.

La gloria efímera condujo a algunos a ser cómplices de aquel despropósito que aún seguimos purgando.

El proyecto inicial del PSOE se había adulterado y, a partir de ahí, vino el descalabro. Con la llegada del PP al poder, se produjo lo inevitable, los secta tecno-piadosa se hizo cargo de una parte y los puertos avanzaron por el territorio previamente “sodomizado”.

Hubo algún que otro guiño militarizado, pero sin mayor importancia. 

El “Prestige” puso a prueba el aparato marítimo del Estado, y el resultado no pudo ser ni más rotundo ni más claro. No es menester recordarlo.

Los políticos, salvo excepciones, se vieron sorprendidos e impresionados.  O guardaron silencio o se manifestaron de forma insensata.  Desde los “hilitos Rajoy” o “lo mejor es caca para todos”, o los barcos que con rumbo sur recorrían un paralelo, hubo de todo. ¡Qué espectáculo¡. Algunas de las frases pronunciadas son dignas de figurar en el “record Guiness” de los disparates. 

La actuación del director General no es menester juzgarla por que está en la mente de todos y pasará a la historia. Su predecesor en el cargo, también había dejado un sello imborrable. 

Como colofón a la magnifica estrategia montada por el PP para hacer frente a la catástrofe, se debe citar el caso de Serafín Díaz, un personaje elevado a la categoría de capitán marítimo, en un intento de premiar quién sabe que méritos y demostrar que para ocupar ese cargo no hacen falta ni formación específica ni experiencia a bordo de un barco. El desastre ha sido mayúsculo. Y lo malo es que todavía queda mucho serafín camuflado.

Como ya hemos subrayado en otras ocasiones, los datos del sector marítimo son lamentables, por mucho que los responsables se empeñen en ocultarlos. Los puertos son el paradigma del derroche de fondos propios y ajenos. El hormigón es el gran cliente portuario. Es la mercancía mas promocionada en todas las costas de España.

Todo se guarda bajo llave. La información es nula o dispersa y escasa. Los puertos controlan mercancías y tráficos. Los faros se encienden y se apagan a criterio de un indocumentado. Las balizas más que ubicarlas en posición correcta y con criterios profesionales, se saltean a criterio del que manda. Las viviendas de las “autoridades portuarias” son hoteles de 5 estrellas que se reforman cada vez que cambian de “amo”.

ANAVE, - la patronal naviera- es la que informa de las inspecciones MOU, o del crecimiento de la flota – salvo cuando ésta se salda a intereses extranjeros, como en el caso del “tapiazo”- 

Con las Facultades y Escuelas Técnicas Superiores de la Marina Civil no hay contacto. Las tripulaciones se contratan “al peso” y en algunos casos, se cazan a lazo. Y así sucede que un capitán con cinco años de carrera y varios de prácticas, puede estar a las órdenes de un “capitán” caribeño cuyo título ha sido tramitado en un “consulado”.

 Este es el panorama que reina en el momento que el PSOE llega al poder. Y para remediarlo, se le ocurre reducir a la marina civil a transporte marítimo y entregárselo al clan del hormigón para que haga de él un guiñapo.

 Se denuncia públicamente el caso del “Diana María”- el barco que pasa del desguace al

“amiguito agraciado”, y aquí nadie sabe nada. Eso es lo que tenemos. Y parece ser que es lo que queremos “mejorarlo”.

El día que surja un nuevo “Prestige”, del que desgraciadamente no estamos libres, será fácil identificar a los culpables.

 Da la sensación de que algunos se ven más seguros navegando al rumbo contrario. irresponsables.