España se está quedando sin barcos y sin titulados superiores de la Marina Civil

Estadística sobre titulaciones. 

(Publicadas por la Dirección General de la Marina Mercante).

Véanse los datos publicados en en estas misma pagina, bajo el título: 

 

Títulos de la Marina Mercante Española en vigor 2022

Los números aquí registrados reflejan de forma clara y evidente los frutos de la política desarrollada por el bipartidismo durante las tres últimas décadas de nuestra historia más reciente. Un periodo que se inicia con la publicación de la caduca Ley de Puertos del Estado y de la Marina Mercante, de 1992, estando al frente del gobierno Felipe González y que ha continuado en vigor hasta nuestros días, alcanzando picos de especial virulencia contra los titulados superiores de Náutica en el último gobierno de Mariano Rajoy, etapa en la que, el actual director general de la Marina Mercante, era asesor del entonces Director general, político que se presentaría a las siguientes elecciones generales como candidato de VOX, por Ceuta.

A lo largo de los 30 años de referencia, la flota mundial de buques mercantes ha crecido de forma espectacular, todo lo contrario que la flota española, que se ha reducido hasta límites que no se corresponden con el nivel económico de España. En ese mismo lapso de tiempo, los puertos españoles han experimentado un gran crecimiento. Lo qué  no deja de ser un claro exponente de los efectos reales de la mencionada ley sobre los puertos y la flota española de buques mercantes.

Los marinos civiles, en general, y los titulados náuticos, de un modo muy especial, han sido y están siendo objeto de un brutal estrategia de eliminación, estrategia que, salvo en áreas muy reducidas,  ha quedado patente hasta tal extremo que, en la Administración marítima central los capitanes civiles son prácticamente profesionales en vías de extinción, otro tanto está ocurriendo en las capitanías marítimas y distritos marítimos, centros administrativos en los que su presencia se ha reducido de forma drástica.

Las Escuelas Superiores de la Marina Civil, salvo la de Gijón, han adulterado su nombre original con el presumible fin de eliminar la genuina naturaleza marítima y civil de esos centros universitarios, que tanto parecen molestar a quienes se sienten dueños y señores de la Marina Española, aunque la Marina Civil sea parte esencial e indivisible de la misma. Otro tanto ha ocurrido con las titulaciones de Marina Civil, reconvertidas en ingenierías, que lejos de estimular la vocación náutica de nuevos alumnos, se han traducido en un estrepitoso rechazo hacia las mismas. El descenso en las matriculaciones ofrece poco margen al debate.

Se han introducido algunos “profesores” vinculados a la Armada que se han encargado de desvirtuar los que debe ser la formación de un marino civil. Se han publicado trabajos de fin de master que llevan el sello inconfundible de semejantes personajes. Lamentables trabajos.

En algunos centros docentes se han sustituido profesores de navegación por profesores de piano.

En los buques de investigación pesquera los capitanes civiles que los habían mandado tradicionalmente han sido sustituidos por marinos de guerra, y así sucesivamente.

El ansia de limitar las áreas de conocimiento y especialidades de las Escuelas o Facultades de la Marina Civil es palmario. El STCW pretende marcar un techo insuperable. ¡Es vergonzoso¡

La "capitanofobia" ha quedado patente, aunque quienes la ejercen lo hagan por distintos y variados motivos para ejercerla. Motivos que presumiblemente van desde los tribalismos alentados por patologías profesionales de acomplejamiento, por nostalgias y ambiciones de monopolio militarista, como ocurría en los mejores tiempos de absolutismos y dictaduras, hasta quienes, al amparo del sectarismo tecnopiadoso, buscan el expansionismo competencial,  en el ámbito marítimo para curarse de los fracasos cosechados en la construcción naval, en donde Navantia sigue siendo un pozo sin fondo  de recursos públicos y dudosas prácticas empresariales .

Caso aparte merece los titulados de radio, masacrados de forma brutal en los años 90, sin tener en cuenta que los barcos en el entonces futuro, demandarían perfiles propios de técnicos radioelectrónicos.

Una situación caótica

La situación marítima actual es caótica, y no requiere más comentarios que remitirse a los resultados que arroja la Marina Civil en la mayor parte de sus frentes.

El caso del “Villa de Pitanxo”

El caso del accidente del buque pesquero "Villa de Pitanxo" hundido en condiciones temerarias en aguas de Terranova, con un saldo de 21 personas muertas, muestra con patético realismo y crudeza el cumulo de irregularidades, corruptelas, ineptitudes,  abusos y complicidades que perviven en las Administraciones responsables de la Pesca, de la Seguridad de la Vida Humana en la Mar, de la Sanidad Marítima, de las inspecciones de los equipos y  materiales de Seguridad, de la indecente CIAIM, de la capitanía marítima de Vigo y de otros organismos. Un enjambre de podredumbre e incompetencia.

Gobiernos del bipartidismo.

Ante esta situación, los sucesivos gobiernos del bipartidismo, en términos generales, ceden ante las presiones d ellos de siempre y toleran, no se sabe muy bien si por ignorancia o por complicidad irresponsable una situación insostenible.

Hacer Marina Civil sin marinos civiles es de auténticos sectarios e ineptos.

No han querido aprender la lección del petrolero Prestige, y estas son las consecuencias.

Un país rodeado de mar merece algo más prometedor que retrocede a las nostalgias de Trafagar y  a los negocios con el chapapote.