Marina Española : 25 años de sectarismo y fracaso marítimo

Texto corregido

En los últimos 25 años, los sucesivos gobiernos de este país han conseguido que la Marina Civil haya pasado de ser un sector de cierta importancia a nivel internacional a una auténtica ruina; una ruina que a día de hoy aún no ha tocado fondo. La Administración marítima lejos de haber seguido un proceso de integración, como hubiese sido lo más conveniente; lejos de lograr mayor coherencia y racionalidad en la gestión, se ha ido dispersando y deshilachando, de tal modo, que actualmente presenta una estructura dispersa, descoordinada, enfrentada, y en grave trance de desprofesionalización progresiva. Es un conglomerado administrativo carente de voz propia, e incapaz de cumplir con las competencias y funciones propias de la Marina Civil.

A pesar de ser mayores las exigencias en materia de seguridad, de prevención, de protección del medio ambiente, y en consecuencia,  al ser exigible un mayor grado de profesionalidad en el funcionariado, salvo excepciones, no responde a los perfiles requeridos internacionalmente. 

Una de las claves del fracaso

La Ley 27/1992, de 24 de noviembre, de Puertos del Estado y de la Marina Mercante, creó en su  artículo 101. El  Cuerpos de Marina Civil

En 1992, se creó el Cuerpo Especial Facultativo de Marina Civil, sin embargo su puesta en marcha sufrió un retraso en el tiempo- totalmente injustificado-  debido presumiblemente a las presiones de sectores parasitarios y resistentes a cualquier tipo de cambio. 

El Real Decreto 1055/2002, de 11 de octubre, por el que se regulan las funciones y la integración en el Cuerpo Especial Facultativo de Marina Civil, no llegó hasta 10 años después de creado dicho Cuerpo. Y cuando finalmente se decide ponerlo en marcha, se ha hecho desvirtuando la esencia del mismo. No se garantizó la profesionalidad y la experiencia náutica del funcionariado, como ya se había hecho en tiempos de la Segunda República.  En esta ocasión, se optó por prescindir de los requisitos esenciales para desempeñar las distintas responsabilidades funcionariales en el seno de las Administraciones Públicas. El “todos valen para todo” ha sido un error de graves consecuencias.

 Otro tanto se ha hecho al dotar de funcionariado a las Capitanías Marítimas- que se deberían haber llamado Capitanías de Puerto- Así es que, en este momento, ejercen como Capitanes Marítimos ingenieros navales y otros funcionarios sin formación náutica y sin ningún tipo de experiencia en la gestión náutica. Y así nos va. 

SASEMAR y la juerga política

El Salvamento Marítimo, gestionado por SASEMAR, también ha sufrido en la última legislatura las consecuencias de la política de nombramientos de coleguillas, correligionarios y compañeros de reclinatorio. El resultado de tal cúmulo de aberraciones políticas nos ha llevado al actual descalabro y a la pérdida total de rumbo.  El resultado final es la profunda sensación de desgobierno en la que nos encontramos. El modelo marítimo actual es simple y llanamente tercermundista. Muchos profesionales de alto nivel han huido, otros han sido apartados caprichosamente, y la sensación de caciqueo e irregularidad en la gestión es más que notoria. Nuestro modelo de salvamento marítimo, que en su momento fue un referente para Europa, es hoy un enjambre de módulos superpuestos, en los que no faltan el militarismo menesteroso, la improvisación y el intrusismo profesional. 

 

El “Prestige” nos dio la oportunidad de mirarnos al espejo.

 

El accidente del petrolero “Prestige”, que en 2002 vistió de luto las aguas gallegas y las del Cantábrico fue, antes, durante y después de su periplo agónico, el más claro exponente de la política marítima que se estaba siguiendo. Arrogancia e ignorancia marcaron la gestión del accidente. Al frente, un Director General incapaz de saber lo que era un rumbo. Como portavoz, un personaje que confundía los meridianos con paralelos. En la trastienda, unos asesores que llevaban el fracaso marítimo en sus genes corporativos. Como grandes expertos, unos cerebros de salón que afirmaron que el fuel se congelaría en los tanques del petrolero. Como referente político, un ministro que llamaba “hilillos” al vómito negro del monstruo hundido, un petrolero partido en dos, que aquella banda de ineptos consiguió arruinar a base de ineptitud y arrogancia. Hubo otro poderoso ministro que dio la orden de mandar el barco “al quinto pino”. Y como orquesta animadora del bochornoso espectáculo, una jauría naval dispuesta a condenar al capitán del “Prestige” a cualquier precio. En definitiva, una gestión náutica aberrante y una forma de hacer el ridículo que cruzó fronteras. 

Pero, aparentemente, se dio todo por bien hecho

En contra de lo que cualquier país civilizado hubiese hecho, el veredicto político fue absolutorio. En contra del más elemental sentido de la responsabilidad política, la gestión del accidente no produjo cambios ni enmiendas.  A pesar de ponerse de manifiesto la incompetencia del mismo Director General de la Marina Mercante, y la de todo un Gobierno, el modelo mereció las bendiciones del sistema. Una vez más, se demostró que se ignoraba profundamente que España es un país rodeado de mar. 

 Más de un ministro visionario se dedicó a realizar declaraciones insensatas y a negar lo evidente. Los costes de semejante ineptitud han sido graves para las arcas del Estado. Hubo algunos políticos oportunistas que presumiblemente hicieron su agosto a costa de los fondos públicos, litigando acá y allá. El resultado de todas aquellas veleidades, fue  un agujero económico del que aún se resiente alguna empresa pública, a la que parece ser se le ha endosado el muerto.

En ese afán incorregible de revolcarse en los despropósitos marítimos, se negó la mayor. Y después de toda una campaña indecente de intoxicación pública y falsedades dosificadas, se celebró un juicio, de ese modo, cuyas sesiones, por la incalificable e indigna actuación de algunos testigos, podría ser comercializado como un culebrón tercermundista. Y finalmente, se desembocó en un resultado que ya se podría intuir de antemano. Así pues, lo esperpéntico e indecente se consolidó como modelo marítimo pátrio, por lo que el proceso de degradación marítima ha  progresado en el tiempo, como si el “Prestige” nunca hubiese existido.

El militarismo  náutico y la tecnoburocrácia naval han avanzado notablemente en su progresivo control de la Marina Civil.  Franco y Carrero Blanco, cuyas imágenes se lucen en una de las salas del Museo Naval de Madrid, al saberlo, probablemente esbocen una sonrisa al ver que el “atado y bien atado” se ha confirmado plenamente. La mar, no importa como espacio privilegiado para los intereses generales de España, lo que importa es que sea un buen soporte para los miles de parásitos que suelen vivir de ella.

Lástima que nadie recordase los tiempos en los que la Subsecretaria de la Marina Mercante era un nido de marinos de guerra, y los ministros del Opus potenciaban a sus colegas en el palacio de Aiete, en San Sebastían, donde veraneaba el dictador. Hay quienes afirman que la cacareada “transición” de este país ha seguido una trayectoria circular. Un viaje al pozo negro. Estamos volviendo al mismo agujero del que hemos salido, salvo que se imponga la cordura colectiva.

Del "Prestige" al "Oleg" 

 La bahía de Algeciras, que se encuentra bajo el dominio de la Autoridad Portuaria, ha sido estos últimos años escenario de una esperpéntica colección de accidentes marítimos: “Samotrakis”, “New Flame”, “Fedra”, “Sierra Nava”, etc. Hubo varadas, colisiones, hundimientos, y por encima de todo: soberbia e ineptitud náutica. El modelo Palao, plasmado en la nefasta Ley de Puertos y Marina Mercante, ha demostrado ser un fracaso completo, al menos en lo que a la Marina Civil concierne. La Autoridad Portuaria de Algeciras, -como las del resto del Estado Español-  demostró con creces que más allá del hormigón está el desierto. La contaminación de las aguas de la bahía ha sido una constante. El negocio de aprovisionamientos, con algún ministro involucrado en el asunto, fue quizás la razón para justificar los destrozos del medio ambiente. 

Patada a seguir.

Después del desenlace del asunto “Prestige”, como no podía ser de otro modo, los de la secta tecnopiadosa incrementaron sus efectivos en el corro marítimo. Incluso tomaron asiento en Londres, como si fuesen grandes expertos en navegación y seguridad marítima. En realidad, si en algo lo son, salvo honrosas excepciones, es en cerrar astilleros y llevar a varias navieras al fracaso. Pero la secta es la secta y los españoles contribuyentes deben comprender la importancia de mantener las canongías y privilegios de los elegidos. 

La prevaricación naval permanente

No hace siquiera una década, se destapó que miles de embarcaciones pesqueras no reunían las características que figurabann en la correspondiente ficha técnica- un documento oficial en el que se registran los datos de las embarcaciones de pesca-  Para entendernos, una embarcación que en realidad  mide 22 m de eslora y tiene 1500 caballos de potencia, en los registros oficiales figura con 14 metros de eslora y 500 caballos de potencia. Algo inaudito, pero totalmente cierto.

 Hubo casos en los que, con un mismo nombre de registro, había tres barcos distintos. Las deficiencias de diseño fueron tantas y de tal calibre que muchas embarcaciones volcaron en plena faena generando muertos, desaparecidos, heridos y cuantiosos daños materiales.

A los medios de comunicación se les decía - y así se publicaba-, que dichas embarcaciones se hundían debido a los demoledores efectos de los “golpes de mar”. Fantasmagóricos “golpes de mar”, que se utilizaban como tapadera para ocultar o borrar las actuaciones negligentes y prevaricadoras de quienes entraban en el juego. El sucio negocio de las toneladas de desguace (GTs), un tonelaje que era necesario aportar para construir una embarcación nueva, latía en el fondo del negocio montado por el enjambre de delincuentes que daban vida al entuerto.

Desde las alturas, se puso en peligro la vida de varias tripulaciones autorizando la pesca en aguas de Somalia, a sabiendas que se les enviaba a un lugar de alto riesgo marítimo. Hubo secuestros.

Las peritaciones como negocio y el aventurerismo académico

 En un alarde de incongruencia académica, al socaire del desvirtuado Plan Bolonia, se dieron los pasos necesarios para los que hasta entonces se titulaban como licenciados de la Marina Civil, tras la reforma de los estudios náuticos pasasen a convertirse en ingenieros náuticos, en diferido. Un despropósito mayúsculo, del que aún no se conocen sus verdaderas consecuencias. 

Lo cierto es que en el seno de la Marina Civil se han creado títulos absurdos, con el presumible fin de proteger los intereses de otras profesiones concurrentes, ansiosas de buscar nuevos destinos.  Ingeniero náutico, ingeniero marítimo, ingeniero naval, etc. Todo un ramillete de ingenierías náuticas para eliminar competidores y consolidar la presencia de algunos tecnócratas de tierra firme como expertos en asuntos náuticos. A unos se les alargan los procesos para alcanzar la titulación de ingeniero náutico, mientras que a otros se les dan todas las ventajas para llegar al mercado laboral antes y con una titulación que les permite competir con aquellos.  

Peritos expertos, pero sin experiencia

 Es lamentable que actúen como peritos en navegación algunos tecnócratas sin titulación náutica ni experiencia en navegación. Pero esta es una buena forma de obtener ingresos y al mismo tiempo estar en condiciones de tapar, mediante informes admitidos como dictámenes periciales, las propias miserias de su profesión. En los casos de accidentes marítimos, los dictámenes e informes emitidos por estos peritos de náutica de moqueta, el marino profesional siempre es culpable de los mismos. Los barcos diseñados, inspeccionados y equipados de forma chapucera, no cuentan. Y lo grande del caso es que la Justicia lo admite como bueno. ¿Cómo puede ser admitido como experto alguien carente de experiencia?

Otro tanto se podría decir que ocurre con la actuación de las famosas ITBs (Inspecciones Técnicas de Buques), que parasitan la marina de recreo.

Títulos profesionales a buen precio

Los títulos de Capitán de Yate, Patrón de yate, PER etc. hace tiempo que se han falsificado y se han vendido como artículos de comercio. Las denuncias de estos casos han sido muchas y frecuentes. Y por si no fuese bastante, algunos han convertido las titulaciones de recreo en títulos profesionales, en un acto de irresponsabilidad sin precedentes.

El desmadre Portuario 

Los puertos y las elites funcionariales que los gestionan han aprovechado, junto con los galácticos del hormigón, el periodo de abundante aportación fondos europeos para llevar a cabo todo tipo de derroches y tropelías. Los puertos como El Musel, Barcelona, Las Palmas, Castellón, Málaga, Langosteira, etc. han sido y son una muestra de los desmanes, derroches y actos delictivos del “clan del hormigón”. Aún son varios los casos que se investigan. El prevaricador acreditado, de la mano del gobernante corrupto y del empresario corruptor han dilapidado miles de millones de euros en todo tipo proyectos, obras faraónicas, fastos, viajes, reformas, exhibiciones, eventos, y especialmente en bloques de hormigón. Todos estos derroches, sumados a otros del mismo “clan del hormigón” en otro tipo de infraestructuras: autovías, autopistas, canales, pantanos, ferrocarriles, paseos, carreteras, rotondas, urbanizaciones, bloques de viviendas, etc. han generado un descomunal endeudamiento,- los políticos se han encargado de homogenizar la deuda pública y la privada- dando lugar  a una  “crisis económica” de proporciones gigantescas. Una crisis genuinamente española, aunque haya quienes se empeñan en atribuirle marchamo extranjero. Los corruptores y sus vasallos, los corruptos, parece que tienen un lema:”El que no roba, es porque es imbécil”. Las arcas públicas no parecen tener dueño. Y los partidos políticos, salvo presumibles excepciones, no han sido ajenos a todo esto. El “clan del hormigón” se ha ganado un lugar destacado en todo este monumental saqueo de las arcas públicas. Un buen ejemplo es el caso de Acuamed, un empresa pública dependiente del Ministerio de Agricultura,  relacionada con el agua en la cuenca Mediterránea) es  protagonista de un escándalo político que aún está en fase embrionaria. La mayor parte de los implicados son ingenieros de caminos.

El saqueo de las playas en beneficio de las grandes constructoras.  

El saqueo de arena de las playas ha sido en algunos casos escandaloso (Salinas, Gijón, Sopelana, etc.). Galácticos protegidos y prevaricadores públicos han destrozado una parte sensible del litoral español. ¡Y no pasa nada¡. Todo se desvirtúa, se camufla y se olvida. Probablemente, lo que ocurre es que lo galáctico no está al alcance de los contribuyentes mortales. 

El broche del monumento a la incompetencia náutica 

En tiempos muy recientes, como colofón de la esperpéntica política marítima puesta en práctica por los de siempre, se publicado una Ley de Navegación Marítima, de la que nadie habla, probablemente para no tener que reconocer que ha nacido como un engendro esperpéntico. Los resultados no pueden ser más evidentes.

Una ley desvirtuada.

No se pone en duda que fuese necesario adaptar nuestra legislación marítima a las normas internacionales, y que se requiriese una nueva ley, pero lo que se ha hecho dista notablemente de ese objetivo.

 Las fuerzas más conservadoras de la Marina Civil, han sabido aprovechar la mayoría absoluta del Gobierno Popular en la legislatura 2011-2015 para aprobar la llamada Ley de Navegación Marítima- cuyo proyecto ya había sido rechazado en 2006 y 2008-, a pesar que fue presentada como un instrumento de actualización, codificación y coordinación con el Derecho marítimo internacional. 

Pero más allá de la los artificios utilizados con frecuencia para justificar un determinado texto legal, hecho por otra parte a la medida de los interés de sus promotores, se esconden toda una serie de medidas tendentes a consolidar los proyectos más característicos de los nostálgicos de un pasado próximo en el que la mar era un coto cerrado, burocratizado y militarizado. 

Una flota de comercio marginal

Nos hemos quedado sin flota civil, nos hemos quedado sin marinos civiles. De los pocos que quedan, hay muchos en paro. A estas alturas, España no cuenta con un solo barco de prácticas para la Marina Civil, como ocurre en otros países marítimos civilizados: Dinamarca, Noruega, Suecia, EEUU, Corea, etc.. En España también los hubo. Los armadores españoles, que, salvo excepciones, no merecen reconocimiento como tales, permiten que se publiquen reiteradamente en los medios informaciones dando cuenta de que no hay profesionales de la Marina Civil disponibles para cubrir las plazas de sus barcos. Conviene destacar que la mayor parte de sus barcos están registrados en un segundo Registro, en Canarias, que no deja de ser una especie de paraíso fiscal y laboral -legal, por supuesto-, para fomentar la insolidaridad fiscal, el relajo de las normas de seguridad y el trato laboral degradante. La medida se justifica diciendo que los armadores españoles tienen que competir con las banderas de conveniencia. La realidad es que la mayor parte de los armadores que aún quedan, salvo honrosas excepciones, se dedican al tráfico ibérico, a los aledaños europeos, a las  islas afortunadas y al charco Mediterráneo.

Se anuncia que faltan marinos civiles españoles, pero lo que no se publica es que los navieros españoles les ofrecen unas condiciones de vida y trabajo indignas.

Una larga tradición

Los navieros españoles, salvo excepciones, lo que buscan es mano de obra sumisa y barata, pero a ser posible con subvenciones del Estado.

 Una discriminación evidente

Como ya se ha dicho,  la Marina Civil Española carece de un barco de prácticas, que es esencial para la formación de futuros profesionales. Sin embargo, la Marina de Guerra, está dotada -además de toda la flota militar propia- con un magnifico buque de prácticas, el “Juan Sebastián Elcano”- que cargo a los Presupuestos Generales del Estado, navega de recepción en recepción, se dice que como emblema de la “marca España” haciendo además de las prácticas de navegación otras quizás de perfil diplomático. Y lo más grave es que aún les ha quedado tiempo para saltar a los medios de todo el mundo como narcobarco dedicado al tráfico de cocaína. Los contrastes son tan brutales que no requieren más comentarios.

Museos de Marina Militar

España está cuajada de museos navales, sin embargo no existe ni un solo Museo de la Marina Civil. Tal desequilibrio resulta inexplicable en un país cuya Marina Civil ha sido protagonista de grandes gestas náuticas y descubrimientos tanto en el continente americano como en el Pacífico. Han sido marinos civiles los descubridores del Nuevo Mundo y de las grandes rutas del Pacífico. Sin embargo, por extraño que resulte, España  carece de un Museo Nacional de la Marina Civil. 

El mapa de Juan de la Cosa, realizado por un capitán de la Marina Civil-como lo fue Juan de la Cosa- y que ha sido adquirido en subasta pública con fondos de todos los españoles, se exhibe en el Museo Naval (militar) de Madrid.

La figura de otro capitán de renombre universal, como lo es Juan Sebastián de Elcano, da nombre al buque de prácticas de la Marina de Militar Española.

Cristóbal Colón, el capitán más universal de todos los tiempos, es constantemente patrimonializado, de forma oficial, por la Marina militar.

El 12 de Octubre, que debería ser el Día de la Marina Civil, como reconocimiento a los contrastados méritos históricos de la misma, sigue militarizado.

Una parte importante de los archivos generados por la Marina Civil y los marinos civiles, se encuentra, pudriéndose de asco y mugre, en un viejo palacio situado en pleno corazón de la Mancha: en Viso del Marques. Están en manos de militares, y muchos legajos se hallan en estado de desidia y abandono. Esos documentos es de desear que sean rescatados, saneados, protegidos y digitalizados cuanto antes. Otra parte importante de los archivos de la Marina Civil se encuentra en otro edificio militar en Ferrol. En las Capitanías Marítimas existen otros fondos documentales dispersos. La historia de la Marina Civil, puesto que ésta no existe, tampoco interesa.

No deja de ser significativo también que en 1992, el pabellón de la Navegación, en el que se recogía una amplia muestra de maquetas, cartas e instrumentos náuticos hubiese sido víctima de un extraño incendio.

Y como contraste, se siguen creando museos militarizados para recordar a figuras de la Marina Civil.

Una historia marítima adulterada

Es lamentable que se sigan prodigando versiones totalmente adulteradas de la figura de Cristóbal Colón y del Descubrimiento del Nuevo Mundo. Es lamentable que el Estado Español no reconozca con todos los pronunciamientos procedentes el papel jugado por la Marina Civil y los Marinos civiles en el descubrimiento del Nuevo Mundo y en  las rutas al lejano oriente. Es lamentable que no se haya reconocido la condición de capitanes de la Marina Civil de personajes tan distinguidos como Juan Sebastián Elcano, Andrés de Urdaneta, Sarmiento de Gamboas, Alonso de Chaves, Rodríguez Cabrillo etc.  

Un Museo militar

Un gran cuadro de Franco, acompañado de otro de Carrero Blanco, preside una de las salas del museo naval de Madrid. Muy sintomático. Y no se pierdan las explicaciones de los guías, porque lo de “Alicia en el país de las Maravillas” es una historia seria, si se compara con lo que allí se cuenta. Resulta simplemente vergonzoso el uso que se hace de los fondos públicos para crear una conciencia distorsionada de la historia marítima de este país.

En los libros de texto, en los centros educativos, en las universidades españolas se siguen enseñando versiones distorsionadas del la historia de la Marina Civil. No hace mucho aún que se ha tenido que revisar a fondo la historia del mapa de Juan de la Cosa, comprado con fondos de todos los españoles y depositado en el Museo Naval de Madrid.

La Marina Civil no existe.

Por extraño que pueda resultar, en España, la Marina Civil resulta molesta. Hasta tal extremo que se tiende a eliminar cualquier referencia a la misma. La Revista Marina Civil, creada en 1988, está bajo amenaza. Se atisba el intento de cambiar su cabecera, y desvirtuar su contenido.

La Licenciatura en Marina Civil, se está sustituyendo o se ha sustituido por una Ingeniería Náutica, Marítima. Las Escuelas de Marina Civil se han convertido en Facultades y Escuelas Técnicas. Y así sucesivamente.

Por supuesto que la Ley de Marina Civil ni se ha publicado ni existen visos de su publicación.

Los marinos civiles son marineros. Es una una aberración semántica y un insulto en toda regla, pero se consiente y se fomenta. Y lo más grave es que algunos medios públicos se hacen eco de semejante atropello.

Un Capitán de la Marina Civil de España no lleva los galones propios de quien comanda un buque civil en la mayor parte de los países marítimos del mundo. No. En España, en la larga etapa de sometimiento de la Marina Civil a la Marina Militar, la Armada diseñó unos galones especiales para quienes comandan los buques de la Marina Civil. 

La televisión pública y algunos medios emiten con frecuencia  informaciones absolutamente sesgadas y tendenciosas contra los intereses de la Marina Civil y la imagen pública de los marinos civiles.

Cualquier accidente en el que estén involucrados marinos civiles, es utilizado por algunos medios públicos para hacer imputaciones gratuitas, anticipar sentencias y denostar la imagen pública de los marinos civiles.

Un panorama desolador

Cuando ya ha transcurrido un año largo desde la entrada en vigor de la Ley de Navegación Marítima, el panorama marítimo español, lejos de haber alcanzado las metas proclamadas por sus ardientes defensores, la Marina Civil Española se encuentra en un lamentable estado de deterioro progresivo y pérdida total de rumbo: la flota mercante se ha convertido en una flota marginal, la balanza de fletes presenta un escandaloso saldo negativo, los armadores españoles, salvo excepciones, parecen tener miedo a alejarse de las costas española. Salvo excepciones, son míseros con las tripulaciones, débiles ante otros sectores concurrentes y pacatos en sus aspiraciones empresariales.

La construcción naval se ha hundido.

Los astilleros, salvo honrosas excepciones, que son dignas de reconocimiento expreso, han desaparecido o presentan una situación preocupante.

Una gestión deplorable

Las aberraciones cometidas con alguna de las llamadas Autopistas del Mar siguen siendo patentes. La Dirección General competente en la materia, ha sido sustituida en la autorización y gestión de las mismas por Puertos del Estado. Las cacicadas registradas en algunos casos son escandalosas.

La concesión de algunas líneas regulares, la intromisión de puertos del Estado en funciones propias de la DGMM, los garrafales fallos de la Guardia Civil en determinados accidentes marítimos, constituyen todo un claro exponente de lo que ha sido la política marítima en este periodo.

La pesca en regresión

La pesca sigue un proceso paralelo al del esquíleme de caladeros.  Falta vigilancia eficaz y es evidente la ausencia de políticas integrales en defensa de la salubridad de las aguas costeras. La contaminación marítima se hace patente en la mayor parte del litoral español. Las cuotas pesqueras tienen un marcado carácter político y resultan contradictorias con las políticas aplicadas a la renovación y desguace de flota. La siniestralidad en el sector pesquero ha llegado a alcanzar cifras alarmantes. Muchos de los barcos accidentados, de haber sido investigados con el rigor, es muy probable que se hubiesen comprobado sus fallos de diseño. Sin embargo, la Comisión de Investigación de Accidentes Marítimos, siguiendo unas pautas indecentes, desvirtúa los procesos y resultados de las investigaciones correspondientes, quedando patente su inclinación a dar protección a los armadores, a los  diseñadores y a los funcionarios supuestamente prevaricadores, mientras que, generalmente, orienta las responsabilidades hacia capitanes, patrones y miembros de la tripulación.

Contentar a la Marina de Recreo y a sus satélites.

Sorprende por el contrario, que ante un panorama como el descrito, los grandes objetivos de la política marítima se hayan centrado en crear nuevos títulos profesionales en el sector de la flota de recreo. En definitiva una legislatura perdida y lo que aún es peor, el retorno al modelo propio de otros tiempos, que fueron duros para España y los marinos civiles.

Un cambio de rumbo inaplazable.

Si en la próxima reforma de la Constitución Española no se libera a la Marina Civil de tutelas y adherencias militaristas, totalmente injustificadas; si no se aprueba una ley de Marina Civil, sino se garantiza la profesionalidad en todas las áreas de la Marina Civil, si la Universidad no entiende que se debe volcar en la potenciación del sector marítimo, creando nuevas cátedras y elevando al rango universitario los estudios conducentes a formar profesionales y especialistas, en áreas tales como gestión portuaria, inspección de operaciones, comercialización de servicios de transporte marítimo etc. Si no se crean Organismos encargados de analizar los mercados de fletes, si no se sientan las bases para la modernización de nuestras obsoletas empresas navieras, si no se racionaliza el sistema de Salvamento Marítimo, este país no podrá superar el nivel de marginalidad e inoperancia marítima en el que se encuentra actualmente. Es obvio que las políticas marítimas puestas en práctica en estos últimos 25 años, consolidadas y selladas por el Partido Popular en esta última legislatura, constituyen un auténtico fracaso para España y suponen unas pérdidas económicas graves para los intereses españoles.

Es imprescindible que en la próxima revisión de la Constitución Española se aborden, con una visión moderna, capaz de superar el actual espíritu franquista remanente, todos estos asuntos y otros que probablemente no han sido expuestos puntualmente.

España es un país rodeado de mar y esa condición ha de ser determinante a la hora de diseñar su nuevo rumbo.

Hacer del fracaso virtud y de las carencias olvido, sería de necios.