Grecia fondea en Bruselas
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- Published on Friday, 10 July 2015 06:28
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AEMC
La crisis griega, como las grandes mareas bajas, ha dejado sobre la arena una vasta colección de miserias. Las propias de un país con eterna vocación de bancarrota y grandes capitalistas que ven desde lejos cómo sus compatriotas viven al borde de la quiebra. Mientras eso sucede, ellos, los grandes navieros, amparados por el paradigma de la insolidaridad fiscal e institucional, lucen en la popa de sus barcos todo un abanico de banderas de conveniencia.
Pero no son exclusivamente los navieros los que haciendo gala de un espíritu a un mismo tiempo parasitario e individualista, retozan en el paraíso de los registros de bandera hueca. También el ejército y la iglesia, por otras razones y por otros caminos, lastran con sus pesadas mochilas las arcas del maltrecho estado griego. Unos y otros dicen ser la luz en las tinieblas, los gestores espirituales del pueblo, el arcángel protector dispuesto a derramar su sangre para defender al pueblo griego, pero los resultados de semejantes axiomas, si se miden objetivamente, se demuestran carentes de prueba.
No deja de ser paradójico que la Europa neoliberal, la que pone un ojo en la caja y el otro en la estratosfera, defiendan prioritariamente a quienes acumulan capital, sin importarles poco o nada cómo lo generan y qué consecuencias tiene para las víctimas sociales de los abusos y desequilibrios que engendran. Sin embargo, cuando las grandes deudas que ellos mismos estimularon alegremente afectan a sus bolsillos, y Grecia les pide un nuevo rescate, el tercero, se enfurecen y truenan exigiendo austeridad, equilibrio presupuestario, equidad, rigor, censos y control, cuantas claras y compromisos serios. Un repertorio del que se olvidaron al cuando el objetivo era colocar excedentes a interés privados pero con el aval y compromiso del Estado garante. Era otro tiempo. Y el mayor cabreo les viene porque saben que no pueden seguir ordeñando a los de siempre, porque la vaca exhausta no da más leche.
Da la sensación que la gran Banca y sus títeres encumbrados en el poder son las víctimas de su propia receta. Y es que no vale todo, no puede valer todo. Un modelo social basado en ahondar en las diferencias, en acumular riqueza a base de empobrecer a la mayor parte, para que unos pocos afanen todo lo que puedan, legalizando la mayor parte de sus desmanes, consiguiendo que la justicia utilice gafas opacas, que los impuestos colectivos se viertan directamente en sus cuentas y que sus negocios sean prósperos mientras sus títeres gobiernan, es esperar que derive por estos derroteros.
Mientras las banderas de conveniencia sigan ahí, mientras el ejercito derroche recursos y cree institutos, academias, museos y otros lugares de solaz y recreo para albergar a tanto patriota en conserva, y la iglesia extienda sus misericordiosos tentáculos por todo el tejido social inoculando su particular filosofía del viaje a lo eterno, será difícil salir de este corralito que muy bien saben cómo se construye los de Bruselas.

