146 años del hundimiento del barco alemán Gustav en la playa zarauztarra

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EL CORREO

La noche del 12 de diciembre de 1874 la embarcación varó en nuestra costa arrastrada por un tormenta

Los restos del buque alemán Gustav aparecen cuando el mar se lleva arena del final de la playa, cerca del monte Talaimendi. / AMAXKAR
Los restos del buque alemán Gustav aparecen cuando el mar se lleva arena del final de la playa, cerca del monte Talaimendi. / AMAXKAR
JUAN MARI ZUBIAURREZARAUTZ.Sábado, 12 diciembre 2020, 14:36

Tal día como hoy, 12 de diciembre de hace 146 años, el barco alemán Gustav se hundió en la playa de Zarautz. La guerra carlista estaba en pleno apogeo y su carga, petróleo, se convirtió en un auténtico tesoro para los carlistas que se encontraban bajo el bloqueo internacional.

Desde aquel 1874 y con el paso de los años, el Gustav ha pasado a formar parte del imaginario colectivo de los zarauztarras, símbolo de nuestra historia. Las cuadernas de su esqueleto quedan a la vista cada cierto tiempo, cuando los temporales del mar se llevan la arena de la zona próxima a la desembocadura de la regata de Iñurritza.

 
 
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Recientemente el Ayuntamiento de Zarautz ha publicado un librillo bajo el título 'Gustav: la historia de un naufragio' con el objetivo de dar a conocer la historia de nuestra localidad y potenciar la lectura entre nuestros vecinos, y en él, Venancio Amezti, el primer capellán del convento de las Carmelitas Descalzas, narra la historia del barco Gustav, que naufragó en nuestra playa aquel 12 de diciembre de 1874.

Nadie se atrevió a subir al Gustav por el terrible perro que no cesaba de ladrar en su cubierta, defendiéndolo

Quienes se han animado a adquirir de forma gratuita este librillo en Sanz Enea Kultur Etxea ya conocerán de mano de Venancio esta trágica historia que hoy recordamos en estas líneas.

El hundimiento

El relato de Venancio Amezti, que fue cronista de Zarautz durante muchos años a principios del siglo XX, está recogido a mano en distintos tomos en los que el capellán trató de recoger la historia de la localidad en miles de páginas, cuyos manuscritos están guardados en el archivo parroquial de la diócesis de Zarautz, en la Parroquia Santa María la Real.

Así relata Venancio lo ocurrido; «Era el 12 de diciembre de 1874 por la tarde, cuando dicho barco fue sorprendido por una horrorosa tempestad cerca del puerto de Guetaria, y el capitán, comprendiendo el gran peligro que corrían, resolvió arrimarse a dicho puerto durante la tarde de dicho día. En aquel tiempo, reinaba la guerra civil carlista y estaba de guarnición en Zarautz el tercer Batallón Carlista y una compañía estatal de guardia en el caserío Akerregui de Guetaria, la cual, viendo al Gustavo y pensando que seguramente traería contrabando de guerra, empezó a tirotear a las lanchas que salieron del puerto en su auxilio, las cuales se vieron obligadas a entrar de nuevo en el puerto, huyendo del tiroteo; y durante la noche, aprovechándose de la oscuridad, los guetarianos pudieron, con grandes esfuerzos, amarrar lo mejor que pudieron el barco y desembarcaron a toda la tripulación, que no se atrevía, sin duda, a pasar la noche en él, por la furia de la tempestad, dejando solo a un perro a bordo».

Amezti sigue así su relato; «Pero la fuerte tormenta rompió todas las amarras, y al día siguiente, al amanecer, apareció encallado en la parte oriental de la playa, en el canal, o sea, muy cerca del monte Talaimendi; muchos zarauzanos se aproximaron al barco, pero nadie se atrevió a subir a él, por el terrible perro que no cesaba de ladrar en su cubierta defendiéndolo. El mismo día 13 de diciembre, por la tarde, vinieron el capitán, el piloto y toda la tripulación desde Guetaria, acompañados de un tío mío llamado Lorenzo Basurto que también era capitán de buque, que había navegado mucho haciendo generalmente el recorrido de China a América y sabía un poco de alemán, y sirvió de intérprete a los tripulantes del Gustavo durante la estancia en ésta. Fueron, pues, todos al sitio de la catástrofe, en compañía también de mi padre, Jorge Amezti, que fue el encargado de desembarcar la mercancía del barco. Al llegar allí y a una señal del capitán, saltó el perro del buque náufrago y subieron, aprovechando la baja mar, unos cuantos al barco, y sacaron primeramente de él los baúles y cosas pertenecientes a la tripulación, y se encontró alojamiento para la tripulación quedando el capitán y el piloto alojados en mi casa, denominada Konseju-zarra».

55 días en Zarautz

El cronista zarauztarra recuerda de este modo su estancia entre nosotros, «el capitán y el piloto estuvieron en mi casa 55 días, a saber, desde el 13 de diciembre de 1874 hasta el 7 de febrero de 1875 pagando el hospedaje a razón de catorce reales diarios por cada uno. Ellos pagaron los de los primeros veinticuatro días y se fueron sin pagar el de los treinta y un días siguientes, estando la villa ocupada por los liberales», reflejado este hecho en una nota de su madre Felipa Hiburuzqueta. De estos dos personajes cita también que «se entendían muy bien con mis padres. Me acuerdo muy bien haber oído a éstos que uno de ellos, creo que el capitán, era protestante, en cambio, el piloto era católico, y que cuando se les presentaba alguna imagen o estampa de la santísima virgen, el primero huía de ella como del diablo, y el segundo la besaba con mucho fervor».

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