El sector pesquero se va a pique
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- Category: Pesca
- Published on Sunday, 11 January 2015 20:37
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Jorge Álvarez posa junto a varias embarcaciones en El Musel. / FOTOS : JOAQUÍN PAÑEDA
- «Antes nuestro trabajo lo dictaba la naturaleza, ahora lo hacen unas cuantas personas que poco saben de la mar», critica Juan Riesgo
- Los veteranos señalan cómo los impuestos y los cupos están acabando con el oficio
- LUCÍA RAMOS
- GIJÓN
11 enero 201501:04
«Gijón ya no es la ciudad pescadora que era». Lo dice Juan Riesgo, patrón del 'Raigerjuan Segundo', uno de los mayores pesqueros con base en la villa que quedan en El Musel tras la marcha del arrastrero 'Cabo San Lorenzo'. Lo dice Riesgo, pero lo sabe todo el mundo y, ahora, lo confirma un estudio realizado por la Universidad de Cantabria para el Gobierno regional, en el que se analiza la evolución del sector pesquero asturiano entre 2007 y 2012. Los datos son demoledores: en tan solo un lustro, la flota se redujo a la mitad y la facturación de las compañías del sector representa solamente el 0,85% del total de las empresas mercantiles localizadas en el concejo.
Unos datos que meten miedo y que corroboran quienes los sufren en sus carnes, como Riesgo. «Se perdió mucho empleo, esto de la mar está desapareciendo», lamenta el patrón del 'Raigerjuan Segundo'. Salir a faenar, añade, es cada día menos rentable. «Si no pescamos, no cobramos», recalca. Por eso, explica, cada vez son más los pescadores que optan por salir a faenar unas horas y volver en el día. «Lo que yo veo es que se redujo la flota grande, pero parece que la pesca artesanal, a bordo de pequeñas lanchas, está volviendo a resurgir», señala.
De la misma opinión es el secretario de la Cofradía de Pescadores 'Virgen de la Soledad' de Gijón, Jorge Álvarez. Tras toda una vida en la mar, el veterano pescador recuerda cómo llegó a conocer «una flota grandísima. Ahora todo desapareció, sólo quedan embarcaciones pequeñas, de bajura. Los mayores pesqueros con base en Gijón tendrán quince o dieciséis metros de eslora nada más», indica. Y lamenta que se esté perdiendo «un oficio tan guapo y tradicional, en el que no tienes que aguantar a nadie y todos los días son diferentes unos de otros».
«Nos sangran con impuestos»
Una de las principales causas de esta importante reducción en número de embarcaciones y volumen de negocio son, según Álvarez, los impuestos. «Nos sangran, abusan de nosotros y, claro, la gente no ve salida y termina dejándolo», lamenta. A esto, añade, se suman los precios que suele haber en la rula gijonesa, que no satisfacen a todos. «Muchos optan por ir a vender la mercancía a otros sitios, pero si encima de salir a pescar tienes que desplazarte, los beneficios se reducen todavía más», apunta.
Mientras su colega critica los impuestos y las «excesivas medidas de seguridad que cada año se endurecen aún más», Riesgo culpa de la caída en picado del sector al establecimiento de cupos de pesca. «Toda la vida ibas a buscar la pesca en función de la zona o de la época; ahora tienes que ir cuando te dejan. Antes nuestro oficio lo dictaba la naturaleza, hoy unas cuantas personas que poco saben de la mar», critica. El pescador gijonés recuerda cómo hace unos años ni siquiera había cupos de pesca. «Luego establecieron unos cupos de mil kilos de pescado al día y por tripulante y ahora nos dan unos dos mil por barco. Son todo palos», señala. Aunque lo que peor lleva Riesgo es la desigualdad entre comunidades autónomas. «Antes éramos todos iguales y pescábamos juntos. Ahora los vascos tienen cupos mucho mayores que los nuestros, y no hablemos de los que vienen de Portugal... Llevan semanas pescando caballa y nosotros esperando a que nos dejen, cuando queramos salir a faenar, habrán saturado el mercado y el precio será mínimo», explica, enfadado.
Mayoristas a la fuga
Desde su local en la calle de Ramón y Cajal, el que fuese gerente de Pescaderías Geli -ahora lo lleva su hijo y él echa una mano-, Alfonso Vaquero, se suma a los lamentos de los pescadores aunque, apunta, «se lleva notando desde hace bastante más tiempo que cinco años. Aquí hubo de todo, pero de un tiempo para acá eso cambió, la pesca menguó y los barcos ya no pueden capturar tanto como antes», señala. Muchos mayoristas, añade, se fueron de Gijón al no haber suficiente pescado para comprar. «Recuerdo cuando los barcos cogían tanta bacalada que tenían que volver a tirar parte al mar. Hoy casi no hay. Ni besugos, ni merluza... Aunque nosotros donde más lo notamos fue en el bonito, que era lo que más se vendía», señala. Ahora lo siguen comprando en la rula, pero suele venir en barcos vascos o cántabros.
Dentro del sector pesquero gijonés, quizás sean los conserveros los menos afectados por este abultado descenso, según señala el gerente de Agromar, Armando Barrio. «Nosotros trabajamos principalmente con bonito y hace mucho más de cinco y de diez años que los grandes pesqueros gijoneses que nos lo traían se fueron o desaparecieron. Lo que está pasando estos últimos años no nos afecta demasiado, pues tiene que ver con otras especies», indica.
En definitiva, ya sea por los cupos, los impuestos, el descenso de la pesca o algo tan simple como que las nuevas generaciones no sientan la llamada de la mar, el futuro del sector pesquero gijonés no se presenta muy halagüeño. «No pinta nada bien, sobre todo para la pesca artesanal», lamenta Álvarez.
