Baleària juega sus últimas cartas para poder adquirir el grueso de los activos de Naviera Armas. La empresa presidida por Adolfo Utor acordó la compra por la mayor parte de los perímetros de la compañía canaria el pasado verano, pero se ha topado con el celo regulador de la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia (CNMC), que ha dejado la transacción en 'stand by' hasta que se resuelva el análisis en profundidad sobre las implicaciones en el mercado. Ahora, la cadena ha presentado sus últimas alegaciones, en las que incluye compromisos adicionales, según coinciden distintas fuentes.
El principal quebradero de cabeza es el bloque de rutas que conectan Canarias con la Península Ibérica. Baleària, que opera hasta el momento con una 'joint venture' con Fred Olsen, está dispuesta a romper esta alianza y operar únicamente las rutas que ya tiene Armas, manteniendo así el número de competidores. Además de mantener los servicios, la empresa está dispuesta a incrementar la calidad del servicio e incluso introducir más barcos. Todo ello, además, con la puerta abierta a que en los tramos únicamente interinsulares, el capital se abra a socios locales.
Distinto es el encaje propuesto en las rutas del bloque Alborán. Allí, la situación de colusión se da en los trayectos hacia Melilla, donde tanto Armas como Baleària operaban hasta el momento en competencia. Pero lo hacían bajo un contrato de concesión pública, por lo que el campo de juego estaba muy marcado en distintas condiciones como, por ejemplo, el techo de precios para el tráfico de pasajeros en la temporada baja. Pese a ello, la compañía se ha comprometido a no incrementar los precios en lo relativo a la carga rodada, añaden las mismas voces consultadas.
Al margen de la adquisición de Baleària, Naviera Armas sigue pendiente del tercero de los perímetros, el que comprende las rutas del Estrecho. En este caso el comprador es DFDS, la naviera nórdica que aterrizó hace años en España. Las negociaciones con Competencia en este caso, aunque se iniciaron más tarde, podrían fructificar en acuerdo sin tantos problemas, ya que apenas se reduce el mercado, salvo en la línea Algeciras-Ceuta.
La operación está en manos de Competencia desde hace meses. Baleària ha apremiado públicamente al organismo que preside Cani Fernández a desbloquear la situación teniendo en cuenta, entre otros aspectos, la situación que atraviesa Armas. La empresa que lleva por nombre el apellido de la familia fundadora ha protagonizado en los últimos años distintas reestructuraciones y para este 2026 tiene en el horizonte un vencimiento de 42 millones de euros de deuda 'super senior' el próximo mes de julio y en diciembre otra obligación de pago con sus bonistas.
La situación ha empezado a impacientar a buena parte de los implicados. A las palabras del propio Utor en la última presentación de resultados de Baleària le ha seguido el movimiento de de Coalición Canaria, que ha llevado el caso ante el Congreso de los Diputados. La formación ha alertado en su escrito de la situación crítica que atraviesa la naviera Armas Trasmediterránea y ha señalado los retrasos en la resolución del expediente.
Un portavoz de la CNMC declinó pronunciarse sobre la adquisición de Baleària tras ser preguntado por este periódico: "La operación está en proceso de instrucción, por lo que no podemos hacer ningún comentario al respecto".
Celo regulador
La situación se produce además tras unos años en los que la CNMC ha ido aumentando su intervencionismo en las operaciones de M&A. En 2025, año ya concluído, el organismo analizó un total de 108 expedientes para estudiar fusiones y adquisiciones que necesitaban ser remitidas.
La prueba más contundente de esta suerte de sobreprotección fue el veto, el primero de su historia, a una compra: la del Instituto de Radiofarmacia de Barcelona (IRAB) por parte de Curium Pharma, controlado por el fondo CapVest. Su motivación para hacerlo fue la necesidad de impedir una posición de dominio en el sector de radiofármacos para detectar el cáncer.

