La Revolución Francesa fue un proceso histórico fundamental en la Historia, considerándose que es la puerta a la época contemporánea, derribando las estructuras del Antiguo Régimen
Durante los años ochenta del siglo XVIII la Monarquía de Luis XVI atravesaba por graves problemas financieros debido a los gastos militares de las guerras contra Inglaterra, especialmente la Guerra de los Siete Años, que excedían los ingresos obtenidos a través de los impuestos tradicionales. Los intentos de reformar el sistema fiscal emprendidos por varios ministros de hacienda –Turgot, Necker, Calonne, Brienne-, intentando que los estamentos privilegiados contribuyesen económicamente fracasaron. En la asamblea de notables de 1787, los representantes de estos estamentos se negaron a pagar impuestos, ya que suponía el fin de uno de sus más preciados privilegios. Esta negativa obligaba al Estado francés a subir los impuestos o a crear otros nuevos sobre el comercio, perjudicando a la burguesía comercial e industrial y, sobre todo, a campesinos y trabajadores de las ciudades. Éstos veían con preocupación que los precios del pan y otros productos básicos subiesen cuando estallaban las periódicas crisis de subsistencia. Si la burguesía reclamaba mayor protagonismo político y social, los grupos populares, por su parte, precios fijos y asequibles. Y todo el tercer estado, menor presión fiscal.
- Ante la negativa de los privilegiados a contribuir, éstos pidieron al rey que convocara los Estados Generales, institución representativa del Antiguo Régimen francés, formada por los tres estamentos y de carácter consultivo, cuya función era aprobar nuevos impuestos y que no se reunía desde 1614. El rey y su ministro Brienne se resistieron porque consideraban que los Estados Generales debilitaban el poder real y podían ser un instrumento de confrontación en manos de la nobleza frente a las reformas. Pero la situación económica y política era tan grave que se determinó su convocatoria para 1789.
- La campaña para la elección de los representantes de los tres estamentos fue agitada, publicándose muchos folletos y obras políticas, como el conocido “¿Qué es el Tercer Estado?” de Sieyès, manifiesto político de los no privilegiados. Cada estamento elaboró documentos –“cuadernos de quejas” (cahiers de doléances)- que reflejaban sus aspiraciones, protestas y peticiones. Destacaron los representantes de la burguesía, muchos de ellos abogados y de otras profesiones liberales, que llevaron un programa propio, opuesto a la monarquía absoluta y a la existencia de los estamentos privilegiados.
- Por fin, los Estados Generales se reunieron en mayo de 1789, en Versalles. El primer problema que se planteó fue el del voto. Los representantes del estado llano propusieron, influidos por la Ilustración, el voto individual al considerar que representaban a la inmensa mayoría de Francia y eran tantos como los de la nobleza y clero juntos. Por su parte, estos estamentos privilegiados defendían la fórmula tradicional, de un estamento un voto, que les favorecía. Como no se alcanzó un acuerdo, los representantes del tercer estado bloquearon el desarrollo de las sesiones y optaron por constituirse en Asamblea Nacional, acompañados por algunos miembros de los estamentos privilegiados, realizando el famoso Juramento del Juego de Pelota, por el cual se reconocían como únicos representantes del pueblo y se comprometían a no separarse hasta haber elaborado una Constitución.
- Mientras ocurrían estos hechos, estalló el “gran miedo” o “grande peur”, un movimiento de agitación en el que los campesinos asaltaron las casas de los nobles y quemaron sus archivos, movidos por el rumor de que éstos iban a restablecer el orden, y para destruir los registros donde se inscribían la rentas y las obligaciones feudales Si eso ocurría en el campo, en París se producían motines debidos a la falta de pan y por los rumores de que se estaban concentrando tropas para disolver la Asamblea. En ese contexto se produjo, el 14 de julio de 1789, la toma de la Bastilla, fortaleza en la que se encarcelaba a los presos políticos y un símbolo de la opresión del absolutismo. Ante la situación general, el rey decidió ceder y pidió a los representantes de los estamentos privilegiados que se incorporasen a la Asamblea. La Asamblea se ocupó de dos grandes tareas. En primer lugar, de elaborar una Constitución, la primera de la historia de Francia y que se aprobó en 1791. En dicha Constitución se incorporó como preámbulo la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, que había sido aprobada en agosto de 1789. La Declaración reconocía una serie de derechos individuales e inviolables de alcance universal: igualdad, libertad, derecho a la propiedad privada, soberanía nacional y libertad de opinión.
- La Constitución establecía una monarquía constitucional moderada como forma de gobierno. Además, se reconocía la división de poderes con un legislativo fuerte frente a un ejecutivo débil por los recelos de muchos diputados hacia el monarca. El legislativo residiría en una Asamblea Nacional Legislativa permanente y con grandes poderes en materia fiscal y de elaboración de leyes. El ejecutivo recaería en el rey, cargo hereditario, auxiliado por un gobierno con ministros que podía elegir. Pero el monarca no podía convocar o disolver la Asamblea. Podía ejercer el veto suspensivo sobre las leyes, pero solamente por un tiempo, ya que, si la Asamblea votaba una ley, al final debía entrar en vigor. El poder judicial era independiente. En cuestión electoral se optó por el sufragio censitario, es decir, limitado a los propietarios, y no podían votar los criados, las personas sin domicilio fijo, las clases humildes ni las mujeres.
- Pero la Asamblea también emprendió un programa amplio de reformas. Comenzó aboliendo los privilegios feudales. Los franceses serían iguales ante la ley. Después abordó un plan de cambios económicos de signo liberal: modificación de los impuestos con desaparición del diezmo y de muchos impuestos indirectos sobre el comercio, establecimiento del libre comercio interior y de la libre industria con la disolución de los gremios, la libre contratación, abolición de la esclavitud en Francia y prohibición de los sindicatos y de las huelgas, así como la protección de la propiedad libre, aboliendo cualquier tipo de vinculación. Estas medidas formaban parte del programa económico de la burguesía. Se mantuvo el proteccionismo de los productos franceses y la esclavitud en las colonias. Las reformas administrativas y judiciales fueron las siguientes: se creó una única administración provincial, racional, formado por departamentos y comunas; se estableció un sistema judicial único e independiente de los otros poderes, y se impuso el sistema métrico decimal.
- La cuestión religiosa era fundamental, dada la importancia de la Iglesia Católica en el Antiguo Régimen. Se reformó con la denominada Constitución Civil del Clero. La Iglesia Católica quedaba desposeída de gran parte de sus ingresos y tierras, que pasaron a ser bienes nacionales y se subastaron. Se intentó convertir al clero en un cuerpo de funcionarios pagados por el estado francés, al que debían jurar obediencia. Este hecho provocó el rechazo de buena parte del clero y del Papa. Muchos católicos se hicieron en ese momento, contrarrevolucionarios. En contraposición, entre muchos revolucionarios cundió el anticlericalismo.
- Por fin, se crearon los asignados, papel moneda, aunque generaría no pocos problemas inflacionistas.
- Muchos nobles y eclesiásticos huyeron ante el establecimiento de las reformas. Hasta el propio rey lo intentó pero sin éxito. Aprobada la Constitución, se disolvió la Asamblea Constituyente y se celebraron elecciones, dando paso a la Asamblea Legislativa. Dentro de la Asamblea se conformaron los primeros grupos o partidos políticos franceses. Los monárquicos constitucionalistas eran partidarios de la Monarquía con una Constitución. Su máximo representante fue Lafayette. Los girondinos recibían su nombre del departamento de la Gironda de donde procedían muchos de sus diputados. En este grupo destacaron los profesores, abogados y periodistas, como Brissot, relacionados con la alta burguesía de negocios de los puertos atlánticos. Eran partidarios del establecimiento de una república moderada, de la defensa de la propiedad privada, de realizar la revolución por medio de la ley, desaprobaban el terror y se inclinaron más por la descentralización frente a París. Creían en el valor universal de las ideas revolucionarias, por lo que deseaban que la Revolución se expandiese por Europa, por lo que eran partidarios de la guerra que desencadenaron las potencias absolutistas. Muchos de sus líderes perderían la vida guillotinados en la época del Terror.
- Los jacobinos debían su nombre por el convento de jacobinos donde se reunían. En un principio agrupaban a todos los grupos revolucionarios, pero liderados por Robespierre y Danton se convirtieron en los representantes de la burguesía radical y democrática, y de algunas de las capas populares. También, destacaron figuras como el periodista Marat, aunque más cercano a los demócratas, y el orador Saint-Just. A su izquierda destacaría Hébert. Eran partidarios del centralismo democrático desde París, cuyo ayuntamiento llegaron a controlar. No atacaban la propiedad privada pero sí defendían la limitación de la misma y de la libertad individual en aras del interés general, con intervención en la economía. Al contrario de los girondinos, eran contrarios a la guerra. Existía un sector más exaltado, los demócratas, con Carnot como principal protagonista. Defendían el sufragio universal y la asunción directa de la soberanía por el pueblo. Los grupos contaban con el apoyo de numerosos periódicos y de los clubes políticos, precedente de los partidos políticos, y que animaban el debate y la discusión política fuera de la cámara.
- Es en este momento cuando surgieron los conceptos de “derecha” e “izquierda” en política. En la derecha estarían los monárquicos constitucionalistas y en la izquierda, girondinos y jacobinos. En la extrema izquierda podríamos situar a los demócratas. Por fin, habría un nutrido grupo de “centro”, de diputados que sin opción política definida basculan entre la derecha y la izquierda.
- La Asamblea Legislativa decretó el secuestro de los bienes de los emigrados y la deportación del clero refractario, es decir, el contrario a la Constitución Civil del Clero. Muy pronto se produce el choque entre la Asamblea y el monarca.
- Mientras tanto, Francia asiste a una situación económica muy difícil; la cosecha de 1791 ha sido muy mala.
- Las potencias absolutistas estaban alarmadas por los profundos cambios revolucionarios acontecidos en Francia y se decidieron a intervenir militarmente. La guerra provocó distintas opiniones en Francia. El rey la deseaba porque era su última esperanza para recuperar el poder. Los girondinos querían extender las ideas revolucionarias, mientras que los jacobinos temían las consecuencias del conflicto. La Asamblea declaró la guerra a Austria a instancias de los girondinos. Prusia apoyó a Austria y las hostilidades se generalizaron. La situación se agravó el 10 de agosto de 1792, cuando la cercanía del ejército prusiano a París desencadena una insurrección popular, protagonizada por los sans-culottes, es decir, las clases populares parisinas (jornaleros agrícolas, trabajadores, tenderos y pequeños artesanos) y llamados así porque no usaban culotte, pantalón corto propio de las clases acomodadas, sino pantalón largo. La insurrección provocó la destitución y encarcelamiento de Luis XVI. Era el fin de la Monarquía y se proclamó la República. Se convocaron elecciones a una nueva asamblea mediante sufragio universal masculino.
- La Convención Nacional comenzó con una espectacular victoria contra los prusianos en Valmy, lo que alejó el peligro de París. Pero eso no evitó que los enfrentamientos políticos entre girondinos y jacobinos se terminasen. Al final, los segundos se hicieron con el control de la Convención, destacando su principal líder, Robespierre. En enero de 1793 se juzgó al rey Luis XVI, que fue condenado a muerte y guillotinado el 21 del mismo mes. Este hecho enconó la guerra y en el interior estallaron revueltas realistas, como la de la Vendée, protagonizada por los campesinos de la región del Loira.
- La Convención aprobó la Constitución de de 1793, que establecía una República popular con soberanía popular y sufragio universal masculino. Incluía una Declaración de Derechos más avanzada que la de 1789, en la que se reconocían el derecho al trabajo, a la asistencia, la educación y la insurrección. Se establecía que la igualdad es un derecho natural. Era una República unitaria centralista con un poder ejecutivo formado por un consejo de 24 miembros, controlado por la Asamblea. Se abolió la esclavitud en las colonias y se aceptó el referéndum como consulta popular para dar legitimidad a las leyes principales, comenzando por la propia Constitución.
- Pero también se dieron medidas excepcionales para combatir la traición y la indisciplina en el interior y en el ejército. Era el comienzo del Terror, como instrumento político. Se crea el Comité de Salvación Pública y un Tribunal Revolucionario, que llegaron a suplantar el poder de la Convención y de los jueces ordinarios. La represión política y social envió a la guillotina a los reyes, nobles, clérigos, enemigos políticos como los girondinos y hasta los propios jacobinos como Danton, y al final, hasta al mismo Robespierre.
- En el terreno económico se estableció un claro intervencionismo para intentar atender a las demandas populares: tasa del pan, es decir, precio regulado del mismo por ley; precios máximos para los alimentos básicos; confiscaciones de bienes y su racionamiento y reparto; anulación de las deudas contraídas por los campesinos con la nobleza, etc..
- Por fin se establecieron cambios que intentaron crear un mundo distinto al anterior: calendario revolucionario y se organizó un culto oficial al Ser Supremo, como sustitución de la religión católica.
- Estas políticas consiguieron dominar las rebeliones interiores, se obtuvieron éxitos militares y se frenó el caos económico. Pero los métodos empleados por los jacobinos con Robespierre a la cabeza, especialmente el Terror, les hicieron cada día más impopulares. Una vez que los diversos peligros se alejaban, los diputados de la Convención consiguieron deshacerse de ellos a través del golpe de estado de Termidor de julio de 1794.
- El 27 de julio de 1794 se produjo un golpe de estado de carácter conservador contra los jacobinos. Robespierre y sus seguidores fueron condenados a muerte y ejecutados. La burguesía conservadora recuperó el poder y puso en marcha el “terror blanco”. Comenzó la etapa, conocida como del Directorio, o como denominan algunos autores, la República de los propietarios. La revolución se da por terminada. Se suprimen los comités de la etapa anterior, la constitución democrática y las medidas radicales.
- Se retornó a los principios de 1789 y a una versión moderada del liberalismo. En 1795 se apruebó una nueva Constitución que establecía una tajante división de poderes y creaba un legislativo bicameral, formado por dos asambleas: una que proponía las leyes y otra que las aprobaba, así como un poder ejecutivo, integrado por cinco miembros, denominado Directorio y elegido por las dos cámaras legislativas. El sufragio volvió a ser censitario y más restringido que el de 1791.
- El período se caracterizó, además, por un constante estado de guerra con las potencias europeas y por la represión de la izquierda: jacobinos, sans-culottes y los primeros comunistas como Babeuf y su Conspiración de los Iguales. Pero, también se reprimió a los sectores más a la derecha, como eran los realistas y reaccionarios.
- El Directorio se apoyó cada vez más en los militares del nuevo ejército revolucionario. Entre ellos, comenzó a destacar con mucha fuerza, Napoleón Bonaparte, quien terminaría dando un golpe de estado y haciéndose con el poder en el 18 de Brumario.
- Mujeres en el París de la Revolución
- El gran historiador Albert Soboul tiene un trabajo, recogido en su libro, Comprender la Revolución francesa (nosotros hemos trabajado con la edición española en Crítica, 1983), que se titula "Mujeres militantes de las Secciones Parisinas (año II)", donde estudia no la lucha por la igualdad entre el hombre y la mujer, sino la participación de las mujeres en el movimiento general de la Revolución. No trata de las mujeres más famosas como Olimpia de Gouges o madame Roland, entre otras, sino de las mujeres que desarrollaron una intensa actividad militante en las organizaciones de base, en las asambleas generales de sección, en las sociedades populares y en las manifestaciones de masas.
- La participación femenina parisina más intensa tuvo lugar entre el otoño de 1793 hasta la prohibición de los clubes femeninos del 30 de septiembre de 1793. En el universo de las clases populares la práctica femenina dominó frente a la reivindicación estrictamente feminista. Son mujeres del mundo de los sans-culottes, que debían enfrentarse a la dureza de las condiciones de vida del momento, luchando contra las consecuencias de la carestía de la vida. De todas las formas, hubo convergencia entre los dos órdenes de hechos, nos dice Soboul, porque las reivindicaciones sociales de las mujeres más las de tipo político que, también tuvieron, tendieron a valorizar su papel en la sociedad, y a buscar la reducción de la desigualdad por cuestión de género.
- Las mujeres participaron muy activamente en la Revolución en París. Sus acciones aparecen unidas a las de los hombres. La diferencia era que las mujeres tenían más conciencia en relación con la cuestión de las subsistencias. Recordemos la marcha de las mujeres sobre Versalles en las jornadas de octubre de 1789, por ejemplo.
- En relación con las reivindicaciones políticas, es decir, sobre la igualdad, es interesante recordar como, después de que el presidente de una diputación presentara ante la Convención la aceptación de la Constitución de 1793 por parte de su sección parisina, cedió la palabra a una ciudadana que reivindicó la igualdad política. Durante ese año en muchas secciones parisinas las mujeres participaron en las sesiones con voz deliberativa. Las mujeres más concienciadas no se contentaron con que se las escuchara en sus secciones sino que reivindicaron también el reconocimiento de sus derechos políticos. En esta lucha política destacará la Sociedad de Mujeres Militantes Republicanas Revolucionarias. La igualdad política fue conquistada por las mujeres en julio de 1793 en el marco de las secciones, asambleas y en las sociedades populares. La actividad política de las mujeres se mantuvo hasta el otoño, hasta la prohibición de los clubes femeninos.
- En mayo de 1795, la Convención prohibió a las mujeres asistir a las asambleas políticas, y las prescribía que se retiraran a sus domicilios bajo orden de arresto. La mujer era remitida a su tradicional papel de esposa y madre, dentro de la familia. Para los revolucionarios, ya fueran jacobinos o termidorianos, la condición subalterna de la mujer era evidente y no se podía alterar.
- Soboul explicaba las causas por las que la burguesía planteó el principio de la igualdad en el proceso revolucionario francés, al lado del de la libertad. Tendrían que ver con la resistencia de la nobleza a ceder o aceptar un compromiso, por lo que la burguesía tuvo que buscar el apoyo popular urbano para destruir el Antiguo Régimen. El desarrollo intenso de la contrarrevolución y la guerra declarada por las Monarquías absolutas europeas fueron factores en la misma línea.
- De esa manera, en 1789 la igualdad se incorporó como principio, pero eso trajo un problema inmediato para la propia burguesía, ya que dicho principio podía tener un contenido social que no poseía la libertad. El dilema era claro: ¿se pretendía la igualdad teórica o ante la ley (civil) o la igualdad real, de condiciones económicas y sociales? La Asamblea Constituyente dejó muy claro que la igualdad tenía que ver con la primera de las alternativas porque, a continuación, reconoció la propiedad como un derecho fundamental. Este principio consagraba la desigualdad social, pero, además, se convertía en condición fundamental para poder participar en la res púbica, ya que, para poder votar, dado el carácter representativo del nuevo sistema político, pero también para poder ser votado, era necesario ser propietario, poseer un determinado nivel de renta, y eso solamente lo podían hacer los hombres (tampoco las mujeres) burgueses. La justificación ideológica para el establecimiento del sufragio censitario, que luego desarrollaría Benjamin Constant en un famoso texto, se basaba en que los asuntos públicos debían ser regidos por los que eran considerados como los mejores, los más instruidos, los que tenían una vida asegurada por la propiedad y, que, por lo tanto, podían dedicarse a las tareas de gobierno.
- Si la igualdad iba a más, se destruiría el orden. El cambio revolucionario burgués tenía, en consecuencia, unos límites claros. La desigualdad ante la ley era considerada por la burguesía como algo sumamente injusto, y como una traba para el progreso, pero la igualdad real, la que cuestionaba el principio casi sagrado de la propiedad, era disolvente.
- Revolución francesa y educación
- Las cuestiones educativas no comenzaron a ser tratadas como un asunto prioritario en los inicios de la Revolución francesa. En la Asamblea Nacional Constituyente no se abordó de forma exhaustiva. A lo sumo, se encargó de la instrucción pública a un comité o comisión, que debía preparar un informe. El autor del mismo fue Talleyrand. En el Título Primero de la Constitución de 1791 sobre las disposiciones fundamentales garantizadas por el texto constitucional se aludía a que se crearía y organizaría la instrucción pública, común a todos los ciudadanos. También se establecía la necesidad de crear festividades nacionales con el fin de mantener la fraternidad entre los ciudadanos, vinculándoles a la patria y a las leyes, es decir, se estaba apostando por la educación cívica de los nuevos valores revolucionarios. Esta sería una de las primeras características del nuevo sistema educativo francés. En materia religiosa, la Revolución Francesa fue neutral. Lo que se pretendía era formar ciudadanos.
- Ya en la Asamblea Nacional Legislativa, el Comité de Instrucción Pública no planteó un plan de reforma de la enseñanza en Francia. Pero era necesario, y no tanto por las carencias heredadas del Antiguo Régimen, sino porque el 18 de agosto de 1792 se decidió que ninguno de los niveles de la enseñanza fuera confiado a las órdenes religiosas, que habían sido suprimidas. Todas las niñas y jóvenes recibían educación de congregaciones femeninas, y la mayoría de los chicos en las congregaciones masculinas. Así pues, había un problema.
- La educación fue elevada a derecho en la Declaración de los Derechos del Hombre, incluida como preámbulo de la Constitución de 1793 o del Año I, la primera republicana de la historia francesa. En el artículo 22 se manifestaba que la instrucción era una necesidad común. La instrucción debía estar al alcance de todos los ciudadanos. Fue un principio fundamental que aportó la Revolución Francesa. Posteriormente, la Constitución de 1795, o del Año III, dedicó el Título X a la instrucción pública. En Francia debía haber escuelas primarias donde los alumnos aprendieran a leer, escribir, “elementos de cálculo y de moral”. La República mantendría a los profesores alojados en las escuelas. Además, debían existir escuelas superiores por todo el territorio, al menos una cada dos departamentos. Se reconocía la existencia de la enseñanza privada, ya que cualquier ciudadano tendría derecho a crear establecimientos educativos. También se incluyó la cuestión de las fiestas patrióticas. Así pues, se establecía la escuela pública, pero se permitía la existencia de la privada, otro rasgo del nuevo sistema educativo que se estaba configurando.
- Una vez establecida que la educación sería una prioridad para la Convención, como hemos visto en el Título X, el nuevo Comité de Instrucción Pública se puso a trabajar. Muchos de sus componentes habían pertenecido al Comité de la Asamblea Nacional. Por fin, en diciembre de 1793 la Convención aprobó una ley para desarrollar y garantizar lo dispuesto en el artículo 22 de la Constitución. Se estableció la instrucción obligatoria y gratuita para todos los niños de 6 a 8 años. Los padres que no mandasen a sus hijos a la escuela podrían perder sus derechos cívicos. Sería responsabilidad municipal la selección, retribución y control de los maestros. En cambio, los libros de texto serían competencia nacional.
- En 1794, el Comité de Instrucción Pública presentó el balance sobre lo realizado en el curso 1793-1794. Aunque la investigación ordenada obligaba a todos los distritos a enviar la información a París, no llegaron muchos; pero lo más importante fue la constatación del fracaso de la política establecida, ya que solamente una minoría había abierto la escuela que se había previsto. En noviembre de ese mismo año se elevó un informe que planteaba una alternativa para la enseñanza primaria. Se suprimía la obligatoriedad; ya no era obligatorio abrir escuelas en todos los municipios, solamente una por cada mil habitantes. Se estipulaba también la remuneración para los maestros y las maestras, siendo menor para éstas. La enseñanza sería segregada. En octubre de 1795 se suprimía la gratuidad de la enseñanza primaria. Los padres deberían sostener a los maestros. Parece evidente el giro conservador en materia educativa en el nivel de primaria. Imaginamos que la supresión de la obligatoriedad y la gratuidad pudieron incidir en los índices de escolaridad, aunque no tenemos datos para afirmar lo que exponemos. Presumimos que los niños eran necesarios en las tareas agrícolas, domésticas y en los talleres. Si no era obligatorio y, además, había que pagar la enseñanza, muchos no debieron ir a la escuela.
- En la época del Directorio se dio otra disposición muy importante con relación a la enseñanza, que podríamos definir como secundaria o media. El 25 de febrero de 1795 se aprobaba la creación de escuelas centrales en cada departamento. Se pretendía unificar la enseñanza en Francia. Si se había apostado por la unidad de la República, solamente podía haber unidad en la enseñanza, otro rasgo de la educación que nació con la Revolución francesa, y que se relaciona con la anterior cuestión relativa a los libros de texto. En octubre se publicó el plan de enseñanza de las escuelas centrales. Cada escuela tendría trece profesores que se encargarían de asignaturas específicas: matemáticas, física y química, historia natural (ciencias naturales), lógica, “análisis de las sensaciones y de las ideas”, economía política (el nuevo saber promocionado por la Ilustración), higiene, artes y oficios, artes y dibujo, gramática, literatura, lenguas vivas y antiguas. Los profesores serían seleccionados, examinados y fiscalizados por un Jurado Central de Instrucción, nombrado por el Comité de Instrucción Pública de la Convención.
- Las escuelas tendrían tres secciones en función de la edad de los alumnos. La primera comprendería a los alumnos entre 12 y 14 años. En esta sección se cursaría dibujo, historia natural y las lenguas. Entre 14 y 16 años la formación se basaría en las matemáticas, física y química y lógica. Por fin, la tercera sección abarcaría a los alumnos entre 16 y 18 años, que estudiarían literatura, historia y legislación.
- En relación con la enseñanza superior, la Convención estableció una serie de grandes escuelas. La Escuela de Central de Trabajos Públicos se creó en septiembre de 1795, aunque cambió su nombre por Escuela Politécnica, para la formación de ingenieros. El Conservatorio de Artes y Oficios estaba destinado para la formación de técnicos. Se creó también en septiembre de 1795. La Escuela Normal de París se creó para formar a los maestros.
- Las Universidades fueron suprimidas por un decreto de 16 de septiembre de 1793. Al año siguiente se crearon, como alternativa en el área sanitaria y científica, tres escuelas de sanidad, en París, Montpellier y Estrasburgo. Estas escuelas contaban con laboratorios, colecciones de ciencias naturales y un hospital. Por su parte, la enseñanza de las humanidades se repartía entre la Biblioteca Nacional, el Museo Arqueológico, el Louvre y el Conservatorio de Música. Por su parte, el Colegio Real no fue abolido, sino que fue transformado en Colegio de Francia. Las Academias creadas por la Monarquía en distintas épocas fueron reemplazadas por el Instituto Nacional de las Ciencias y Artes, con tres secciones: ciencias físicas y matemáticas, ciencias morales y políticas, y literatura y bellas artes. También estaría el Museo de Historia Natural, heredero del Jardín del rey, y se encargaba de impartir enseñanza superior en ciencias naturales.
- El conflicto religioso en la Francia revolucionaria
- La Revolución Francesa introdujo un cambio radical en la relación entre el poder terrenal y el espiritual en Europa occidental, aunque se hubiera fraguado ya, en cierta medida, con la Ilustración.
- La cuestión religiosa en la Revolución Francesa comporta dos aspectos, uno ideológico y otra socioeconómico, pero estrechamente ligados entre sí. La Ilustración siempre había abogado por una profunda reforma de la Iglesia para evitar su poder en la cultura, la educación y las mentalidades, y para ponerla al servicio del Estado, aspecto con el que coincidía, en parte, con la tradicional política de la Corona francesa, en uno de los componentes del galicanismo. Pero esa reforma tenía que ver, además, con la nacionalización de los bienes del clero, algo más novedoso, y vinculado ya claramente con los revolucionarios. A cambio, el Estado debería sostener a la Iglesia. La nacionalización de los bienes debía conducir a la venta de los mismos para aliviar la profunda crisis financiera del Estado, heredada del Antiguo Régimen. Esas ventas, por lo demás, afianzarían el poder de la burguesía, con evidente hambre de tierra. Esta dimensión económica y social, puesta en marcha en la Asamblea Constituyente, fue seguida en el resto de los países católicos cuando emprendieron sus respectivas Revoluciones liberales, como en muchos Estados italianos o en España con las desamortizaciones, especialmente la de Mendizábal, con precedentes en la época de Godoy. Los revolucionarios también decretaron la abolición del diezmo, la base fiscal fundamental de la Iglesia.
- El 13 de febrero de 1790, la Asamblea aprobó el Decreto de supresión del clero regular y la necesidad de reorganizar el clero secular. El 12 de julio de ese mismo año se aprobó la Constitución Civil del Clero, por la que los eclesiásticos se convertirían en funcionarios del Estado, al quedar encuadrados en una administración parecida a la civil, suprimiendo los votos solemnes que prestaban. Cada departamento tendría un obispo. Por encima se crearon diez metrópolis eclesiásticas como sedes para los arzobispos. Todos los sacerdotes, obispos y arzobispos serían elegidos como se hacía con los funcionarios, debiendo prestar un juramento de fidelidad a la Nación, la Ley y el Rey. El clero francés quedaba desligado de la obediencia al Papa. Roma reaccionó con contundencia. El papa Pío VI condenó la Constitución Civil. Desde ese momento el clero francés se dividió en dos. Por un lado, estarían los que aceptaron el cambio o juramentados y, por otro, los conocidos como refractarios, fieles al Papa, además de abrazar la causa contrarrevolucionaria. El problema religioso francés adquirió un componente internacional evidente.
- Las reacciones europeas a la Revolución francesa
- El estallido de la Revolución Francesa produjo un fortísimo impacto en toda Europa. En primer lugar, la propia Revolución se extendió, aunque ya estaba latente en muchos lugares, como en los Países Bajos o Suiza. Los revolucionarios de distintos países encontraron no sólo un modelo a imitar sino también un revulsivo evidente. Se crearon clubes revolucionarios imitando, en muchas ocasiones, el modelo del de los jacobinos, los más activos y organizados.
- El contagio revolucionario fue distinto según la situación política y socioeconómica de cada país. En Inglaterra, por ejemplo, no pudo ser muy fuerte, ya que el feudalismo y el absolutismo ya no existían, y había una burguesía fuerte. Algo parecido, salvando las distancias, ocurría en el norte italiano. Pero, en Austria, España, los Estados del centro y este de Europa y en el sur italiano la burguesía era muy débil y escasa frente a unos estamentos privilegiados bien asentados social, económica y políticamente. Bien es cierto que en muchos de estos Estados se dieron distintas reformas promovidas por el despotismo ilustrado encaminadas a limitar privilegios estamentales, pero en 1789 el programa de reformas se paralizó inmediatamente por temor al contagio revolucionario. En este sentido, el caso español fue paradigmático. Por otro lado, los sectores burgueses de estos países tomaron nota del ejemplo francés y reaccionaron contra este frenazo.
- Pero, por otro lado, las reacciones contra la Revolución Francesa se dispararon muy pronto, estimuladas por los aristócratas emigrados franceses, que fomentaron ejércitos con el propósito de intervenir en Francia, además de instigar en las cortes europeas para que los monarcas absolutos interviniesen también. Luis XVI mantuvo contactos secretos con exiliados y con monarcas absolutos para fomentar y organizar la intervención. Al principio, los reyes europeos no demostraron un intenso entusiasmo, pero todo cambió con el episodio de la huida y prisión del rey francés. Leopoldo II de Austria y Federico Guillermo de Prusia firmaron el Tratado de Pillnitz en agosto de 1791 por el que se comprometían a intervenir a favor de los reyes de Francia.
- La idea de intervenir en Francia no sólo tenía un componente de solidaridad dinástica ante lo que se consideraban gravísimos atropellos a la dignidad real. Es más, en realidad lo que más importaba era el contagio de las ideas revolucionarias de la soberanía nacional, la división de poderes, la igualdad ante la ley, las libertades y derechos, etc.. Pensemos, por ejemplo, que en Alsacia y Avignon, donde había intereses feudales, de príncipes alemanes o del propio papa, sus respectivas asambleas decidieron proclamarse francesas.
- En el plano ideológico, pues, primaron las ideas que sustentaban el origen divino del poder de los reyes, la estructura social estamental, etc.., pero también es cierto que el discurso se modernizó, en cierta medida, planteando el origen del futuro pensamiento conservador, gracias a la aportación de Edmund Burke, que pensaba que la sociedad del siglo XVIII no necesitaba grandes cambios o transformaciones porque no presentaba graves problemas. Las instituciones políticas podían ser reformadas de forma gradual pero sin modificaciones sustanciales, ya que habían servido y resistido el paso del tiempo. Bien es cierto que Burke consideraba que las instituciones británicas eran las mejores del mundo y, por lo tanto, superiores a las francesas pero la monarquía absoluta y la sociedad estamental, sin ser perfectas, habían servido históricamente en el país vecino.
- Partiendo de estos presupuestos, la revolución era contemplada no como una necesidad legítima de transformación, sentida por la mayoría, sino como el resultado de las maquinaciones de algunos grupos o sectores sociales con vocación subversiva. Los responsables eran los ilustrados, los philosophes que llevaban ya mucho tiempo socavando los pilares de las instituciones y de la sociedad francesa, especialmente con sus críticas a la Iglesia. Hecha esta labor de minado, aparecía el “populacho” ignorante que arramblaba con todo de forma brutal y desde su ignorancia. Así pues, la Revolución sería, siempre según Buke, fruto de la conspiración de una minoría.










