Naufragios Golfo de Cádiz. Siglo XVI (2)

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ANGELES FLORES

La historia ha demostrado que el haber elegido la zona occidental de Andalucía como centro de expansión de la política española hacia las Indias, no fue una decisión arbitraria, ni dejada al azar. Se trataba de una empresa respaldada por los monarcas, y por lo tanto utilizaron las costas en que el reino castellano tenía su principal establecimiento marítimo. A estas circunstancias se sumaban el que el carácter andaluz vivaz, imaginativo, inquieto e improvisador, tenía los suficientes ingredientes para vibrar ante la acometida del descubrimiento, y por lo tanto de participar en él de forma activa; el que eran tierras ricas en agricultura, capaces de abastecer a los navíos, con gran tradición marinera, y con los puertos mas meridionales de Europa y más próximo a los alisios que tanta importancia tuvieron en los viajes colombinos. La corona española cuando se dá cuenta del significado y magnitud de esta empresa, y los nuevos horizontes que ésta le abre, tiene una visión clara y ambiciosa del futuro, y quiere a toda costa controlar estas nuevas posesiones separadas por el inmenso Océano. Para este control crea un lazo de unión fomentando los viajes y haciéndolos más asiduos. Al aumentar éstos, así como el número de barcos, surge la necesidad de reglamentar, organizar el tráfico, y de crear los organismos que los encaucen y dirijan. Pero la única forma de ejercer esta estrecha vigilancia era centralizarlo todo en un solo punto, para lo cual se eligió como sede a Sevilla con su puerto fluvial.

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Existían otros puertos importantes, pero éste poseía un emplazamiento privilegiado con relación al resto de España, pues no estaba expuesto a los ataques de los corsarios franceses como los del Cantábrico, ni a las de los berberiscos como los del Mediterráneo, ni tenía los inconvenientes de los del Atlántico; y en cambio gozaba de todas las ventajas de un puerto interior. Sevilla ciudad, además, por su situación geográfica poseía otras cualidades.

Podía extenderse para absorber la expansión demográfica que se produciría con la afluencia de comerciantes, banqueros, marineros, y obreros atraídos por el movimiento mercantil, y tenía accesos fáciles para las mercancías procedentes del interior de España.

Todas las circunstancias hacen que obtenga el monopolio de las cosas de Indias. Pero esta superioridad, con el goce pleno de los beneficios antes mencionados, dura hasta mediados del siglo XVI, mientras que los barcos que navegan su río son de pequeños calados. A medida que estos navíos aumentan el tamaño para ser más aptos a las grandes cargas, según las necesidades del momento, y se organizan flotas, se produce un fenómeno adverso a Sevilla, y esa superioridad comienza a declinar a favor de los puertos costeros. Esto crea una rivalidad con las demás ciudades portuarias de la costa atlántica andaluza, en especial con Cádiz.

NAUFRAGIOS

El auge del tráfico marítimo y del comercio con el Nuevo Mundo, fue la causa de que mares y ríos se vieran surcados por naves que transportaban toda clase de mercancías. Pero estos buques que con sus velas al viento parecían proclamar la victoria del hombre sobre el líquido elemento, se veían con frecuencia abatidos por la tragedia. A veces el acontecimiento desgraciado surge tan de improviso, y de una forma tan inopinada que no se puede remediar,

I Girard Albert: La rivalité commerciale et maritime entre Séville et Cadiz jusqu'i la fin du XVIII siécle. París-Bourdeaux, 1932. UNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCÍA ACTAS II JORNADAS DE ANDALUCÍA Y AMÉRICA 335

resultando por ello bien la pérdida total del navío, bien la inutilización del mismo para navegar. Es bien conocido que el peligro acompaña continuamente al navegante, y cuando éste surge hay que vencerlo de inmediato. Quizás la rapidez con que se ha de combatir, así como el pequeño espacio firme que es el barco en que el hombre tiene que afrontarlo, sean las causas de que las catástrofes en la mar adquieran mayores magnitudes que en la tierra. De todas formas, desde el comienzo, los viajes a las Indias fueron una peligrosa aventura en la que naufragar era la peor parte, pues naufragio casi siempre era sinónimo de muerte, sobre todo cuando ocurría alejado de las costas. Las causas de que se produzcan estos desastres son muchas y muy variadas, pero las más frecuentes y de mayores proporciones suelen ser por tempestades y por ineptitud de los pilotos. Las siguen las ocasionadas por varadas, choque con escollos, sobrecarga o incendios. También las hubo por destrucción por embarcaciones de piratas, y, en tiempo de guerra, por ataques del enemigo, aunque en menor escala que las anteriores. A pesar de que los naufragios son accidentes fortuitos, a veces se provocan de forma deliberada para evitar males mayores, o por causa fraudulenta. De cualquier forma, a lo largo de todo este siglo, se producen con bastante frecuencia por lo que, casi desde el principio de la navegación a Indias, se ven obligados a crear una legislación que procure evitarlos, o haga remediar las situaciones que se originen.

NAVEGACIÓN

El descubrimiento, independientemente de su trascendencia histórica, fue el que impulsó a la navegación definitivamente, dándole categoría de medio fundamental para el comercio. Pero como todo lo que está en vía de evolución y desarrollo, tuvo que pasar por un aprendizaje, y en este caso se pagó por ello un precio muy alto en vidas y en riquezas. La costa atlántica andaluza, que se extiende desde la fronUNIVERSIDAD INTERNACIONAL DE ANDALUCÍA 336 ÁNGELES FLORES tera portuguesa hasta Gibraltar no es de fácil navegación para los marinos de esta época. Su dificultad estriba en la entrada y salida de sus puertos, que se. reducen solamente a dos que por su importancia obstentan el protagonismo del momento: Cádiz y Sanlúcar como antepuerto de Sevilla. Al darle el monopolio al puerto fluvial de Sevilla que reunía excelentes condiciones para las necesidades de los inicios de esta gran empresa mercantil, no previeron el auge que iba a alcanzar en un futuro muy próximo, y los problemas que se ocasionarían.

Durante la primera mitad del siglo XVI la travesía por el río Guadalquivir no ofrecía apenas obstáculos, ya que las naves que lo surcaban eran de muy poco tonelaje, pero a partir de 1540 que crecen considerablemente las importaciones y exportaciones entre España y el Nuevo Mundo, fue necesario sustituir estos navíos por otros de mayor calado. Así, a mediados de siglo, cuando cristaliza el sistema del flotas que oscila su composición entre 16 6 20 barcos, cuando estas naos tenían que ser bastante grandes para dar cabida a cantidades de mercaderías y suficientemente fuertes para defenderse de las hostilidades de los corsarios, se vió que el puerto sevillano resultaba pequeño. No podía albergar simultáneamente gran número de embarcaciones que, como consecuencia, tenían dificultad para maniobrar. Es el momento en que Sanlúcar le reemplaza en ciertas actividades, aunque siempre bajo control de la Casa de la Contratación. No obstante el paso de Sanlúcar también tenía sus problemas pues había que cruzar un banco de arena, conocido como la barra, y que entrañaba gran peligro. Se necesitaban, para tener éxito, unas condiciones favorables que muchas veces no se conjuntaban, y se veían obligados a echar ancla y esperar el momento oportuno o estar expuesto a algún desastre. Era imprescindible tener viento favorable, marea casi alta y un tiempo claro para ver las señales que servían de referencia. Este fue uno de los puntos negros de la navegación de esta costa. En cuanto a Cádiz, aunque de forma preponderante no intervino antes de 1680, en lo que se refiere a carga y descarga, ni antes de 1717 con la transferencia de la Casa de la Contratación en cuestión administrativa, sin embargo, tuvo su importancia a lo largo de todo este siglo, si bien siempre supeditada a las autoridades sevillanas. Es un puerto de bahía, y está más vinculado al mar que a la tierra a la cual se une por medio de una franja estrecha de difícil acceso y comunicación con el resto del país. Posee una posición excelente para vigilar la costa y recibir las mercancías que vienen por vía marítima y distribuir, por el mismo sistema, las proceden América. Pero era vulnerable a los ataques de barcos ene-tes de un fuertísimo viento denominado Levante, por lo que-migos y a a veces había que hacer una larga espera para evitar contratiempos, obstáculos ambos, que causaron gran número de pérdidas de naos. La bahía en forma de concha, aislada del mar bravío por la isla de León que se une al continente por el puente de Suazo, es un buen cobijo para los navíos. La entrada y el surgidero de ella es hondo, con algo más de 1/4 de legua de boca, y por lo tanto de paso fácil a todas horas incluso de noche y con todo tiempo, sin estar supeditados a las mareas. 2 Abrigada por las rocas de los vientos, de aguas profundas, que no crean problemas con el tonelaje, los barcos pueden dar carenas con un gran margen de seguridad, aunque desde los Puntales hasta la altura de la ciudad de Cádiz, la bahía es más abierta y por lo tanto menos segura. Pero el puerto propiamente tiene un handicap que es que adolece de espacio suficiente para un tráfico marítimo de envergadura. Por ello Cádiz necesita utilizar los puertos aledaños de Rota, Puerto de Santa María y Puerto Real, pese a que las condiciones de utilización de estos no son siempre buenas, pues cambian su fisonomía a causa de las arenas y las mareas.

 

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