A caballo entre Madrid y Bilbao, por esas cosas de la vida que nos mandan de un lado a otro. Hombre de la mar que siempre escribió en tierra. Militar durante una etapa de su vida, truncada porque su espíritu siempre fue demasiado libre para los tiempos que corrían. Liberal, pero no al estilo americano, socialdemócrata, Antón Menchaca mantiene ese porte erguido de los bilbaínos de siempre, con esas secuelas de gentleman británico y el mar siempre en el corazón.
Nacido en una familia cíe navieros, era lógico que su vida se encaminara del Abra para fuera. Eran los tiempos de la postguerra y Antón Menchaca decidió hacerse marino de la Armada. Estudió en la escuela Naval de Marín, de donde salió con el empleo de alférez de navío allá por los años cuarenta. Las fechas son algo a lo que Menchaca parece tener pavor y su biografía está marcada por una serie de «sí, en el cuarenta y tantos» o «allá por los sesenta». De todos modos, su vida de marino militar iba a durar poco, y él mismo la recuerda sin mucha nostalgia al parecer. En 1948, siempre más o menos, y con motivo de unos llamados paseos históricos, el alférez de navío Menchaca, en las costas de San Juan de Gaztelugatxe, dio una charla sobre los corsarios vascos y terminó mencionando como últimos corsarios a los tripulantes de los bous «Nafarroa», «Araba» y «Bizkaia», diciendo que no sólo se dio la valentía y el honor entre los vencedores. Aquello le valió una primera reprimenda de sus superiores. Posteriormente, en los años sesenta, tras muchos problemas y un encarcelamiento, fue dado de baja en la Armada por vía administrativa, sin posibilidad de defensa en un juicio..
Escritor en tierra
Aquellos de oficial de la Armada fueron años de navegar en la mar y escribir en tierra. Antón Menchaca nunca fue amigo de escribir en las travesías. Su primer libro fue una serie de crónicas desde Londres publicadas en aquel entonces en «La Gaceta del Norte». Llevó el título de «Un bilbaíno en Londres». Luego vendría «Mar de fondo», su primera novela. Una historia de la vida en aquellos bacaladeros que se dirigían, por parejas, a las costas de Terranova con la única unión entre sí de la radio, que adquiere el carácter de un personaje humano de la novela, actuando entre los dos patrones de las embarcaciones.
«Camino de Roma» entraba en la vía de la novela picaresca española del siglo XVI, un poco en la línea del entonces recién publicado «Viaje a la Alcarria». Pero la siguiente bajaba al mundo de los vivos, o quizá de los muertos. «Bandera negra», publicada en 1959, hace referencia a la que se izaba cuando alguien era ejecutado en el garrote vil.
Menchaca, preso político coincidió con la ejecución de un pobre diablo, más víctima de las circustancias que culpable de sus actos.
El naviero y los Cuadernos
La expulsión de la marina de guerra hizo que Antón Menchaca se dedicara a los negocios de la familia. También supuso que su actividad literaria quedara un poco en el dique seco. En esos años vieron la luz textos políticos en lugar de los puramente literarios, como «Los tres caminos», donde exponía su visión de la socialdemocracia, «entonces» como él mismo puntualiza, como vía política. Pero su actividad política se centraría, sobre todo en el empeño de la fundación de «Cuadernos para el diálogo», llamado por Joaquín Ruiz Jiménez. Fue vicepresidente del grupo promotor y apoyó la publicación durante sus años de existencia.
La crisis y los cuentos
Y vino la crisis y lo llevó todo. Los barcos de la naviera familiar fueron vendidos allá por los setenta. La literatura volvió a ocupar aquel lugar del cual fue en su día desplazada por los negocios y el primero oficial de la Armada, luego naviero, volvió por sus fueros de literato. En estos momentos Antón Menchaca tiene publicada una colección de cuentos y una novela, ya terminada, en busca de editor.
Un relato de Bilbao en gatopardo. «Bilbao» ha descrito todo el arco completo de su historia en ochenta o noventa años.
DEIA (22 Mayo, 1985)
