Historias a bordo

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Actualidad.com Argentina

Ricardo Biffi dirige desde hace ocho años el Hotel Océano de nuestra ciudad. Oriundo de Lincoln, antes de asentarse en Villegas navegó por el mundo durante 12 años, como marino mercante.
 
 
 

Para cualquiera de nosotros, tan lejos de cualquier mar, resulta difícil imaginar la vida de un marino. Es inevitable pensar en leyendas de piratas, tesoros escondidos, tormentas terribles y naufragios.

Antes de dedicarse a la hotelería, Ricardo pasaba nueve meses al año en el mar. Cada uno de sus viajes significa una historia, y cada relato se tiñe de una cuota de nostalgia. Y si el recuerdo produce nostalgia, necesariamente ha de ser un buen recuerdo.
            En esta edición de Enfoques, la historia de un marino en Villegas.
 
.- ¿A qué te dedicabas antes de ser propietario del Hotel Océano?
            Fui marino mercante. Estudié en la Universidad de la Marina Mercante, en Capital Federal, y me recibí de Piloto de Ultramar.
 
.- ¿Qué fue lo que te llevó a elegir esa profesión?
            Desde muy chico me llamaba la atención todo lo relacionado a la navegación. Tenía un padrino que navegó muchísimo en ELMA (Empresa de Líneas Marítimas Argentinas) que fue, de algún modo, el responsable del interés que yo tenía en el tema. En cada uno de sus viajes siempre me traía cosas de cada país, como juguetes de China, o de Estados Unidos. Yo le hacía muchas preguntas y pensaba "qué lindo que es su trabajo".
            A los 17 años, cuando terminé el secundario, decidí irme a Buenos Aires a estudiar la carrera de Marino Mercante. Esto significó un esfuerzo tremendo para mis padres, que eran bastante humildes.
Estuve dos años reprobando exámenes hasta que logré entrar en la carrera, a la que sólo ingresaban 40 personas por año, y éramos 500 aspirantes. El ingreso era muy difícil, había que estudiar  aritmética, álgebra, geometría plana, geometría del espacio, trigonometría, inglés, etcétera. Durante esos dos años recibí ayuda de mis padres, mis padrinos y de mis tíos. Era terrible enfrentar a mi papá y decirle que había reprobado el examen; explicarle que quería seguir intentando, sabiendo el esfuerzo tremendo que hacían para que yo estudie.
Mientras estuve en la universidad nunca pude trabajar, porque la carrera era muy demandante. En el primer año salí cuarto, de promedio, en mi división, y eso implicó un cambio importantísimo para mí: la empresa ESSO de petróleo becaba a los mejores cinco promedios. Me pagó toda la carrera y la pensión. Gracias a eso pude seguir estudiando.
 
.- ¿Cómo era la carrera?
            Si bien requiere de mucho esfuerzo, la carrera es apasionante. Consta de cuatro años y el último año es sólo de prácticas, se le llama "pilotinaje". Después de rendir los exámenes prácticos, te recibís de Piloto de ultramar. En la carrera navegué mucho; primero en ELMA y después con la petrolera ESSO. Con ELMA hice mis dos primeros viajes, que fueron hermosos. Durante el segundo año de carrera fui al Mar del Norte, el viaje duró 90  días y recorrí todo el norte de Europa; y durante el cuarto año de pilotinaje, hice todo el mediterráneo. Fue un viaje maravilloso.
 
.- Una vez finalizado tus estudios, ¿comenzaste a navegar inmediatamente?
            Sí, terminé la carrera y tenía trabajo. En mi cuarto año de estudios, después de hacer el viaje con ELMA me metí en la ESSO a hacer una práctica, y cuando me recibí la empresa me tomó como piloto de ultramar. Ellos ya me habían preparado con sus barcos, así que les servía muchísimo.
Toda mi carrera la hice en la petrolera ESSO, y eran sobre todo viajes de cabotaje. Traíamos petróleo crudo de Comodoro Rivadavia, hasta la refinería de Campana, era un viaje de 12 días, y en total navegaba 9 meses al año. Trabajar en una petrolera implica muchísima presión, pero lo disfrutaba mucho.
En base a los logros, al tiempo navegado (singladuras) y a algunos exámenes, se va ascendiendo en los títulos. A los 5 años de trabajar allí llegué al rango más elevado que es el de Capitán de ultramar. 
 
.- ¿Por cuántos rangos se debe pasar para llegar a ser Capitán de ultramar?
            Se debe pasar por: Piloto de ultramar raso; Piloto de ultramar de tercera; Piloto de ultramar de segunda; Piloto de ultramar de primera y, por último, Capitán de ultramar que es el título máximo dentro de mi rama.
 
.- ¿Cuál fue el viaje  más largo que hiciste?
            La ESSO también hacía viajes de importación y exportación, en barcos muy grandes; por ejemplo el barco en el que más navegué tenía 200 metros de largo y 37 de ancho. Eran realmente gigantes. Navegué mucho, conocí muchos lugares, como Nigeria, Venezuela, o La Coruña, España, en donde viví dos meses.
            Mi último viaje fue el más lindo, y yo ya sabía que después me iba a retirar. La ESSO había vendido toda la flota debido a que los barcos quedaban obsoletos y no eran permitidos en muchos puertos, y me tocó llevar el último barco, el Palm Beach, como Capitán de garantía hasta Hong Kong. Viajaban conmigo un jefe de máquina argentino y 15 hindúes. El viaje fue alucinante y duró 47 días. Salimos de la base Belgrano de Bahía Blanca, atravesamos todo el océano Atlántico, el Índico, pasamos entre Sumatra y Java que fue donde meses después ocurrió el tsunami, el mar de la China y llegamos a Hong Kong, donde dejamos el barco para que sea desarmado.
            En ese viaje tuvimos que navegar atravesando temporales terribles (pestos) y teníamos hindúes desparramados por todos los pasillos, que al ser tripulación de conveniencia no estaban tan preparados como nosotros. El primer pesto fue en Mar del Plata, y el segundo pasando Ciudad del Cabo, Sudáfrica, que fue terrible, se caía la vajilla, y todo se movía. Recibíamos avisos de temporales, de tifón, y avisos de piratería.
 
.- ¡¿De piratería?!
            Si, ¡la piratería existe! No es como en "Piratas del Caribe", sino que son piratas última generación, con lanchas super rápidas que roban la carga, el dinero? recibíamos los informes de piratería que nos mantenían al tanto de lo que sucedía.
            Vivimos todo tipo de situaciones pero fue un viaje hermoso, de principió a fin.
 
.- ¿Cómo terminó?
El señor que me contrató para último viaje, que se dedica a comprar barcos para venderlos como chatarra, quedó muy contento con mi trabajo, me pagó muy bien y me regaló cuatro días en Hong Kong en hoteles increíbles. Volví a mi casa en avión con una escala de 25 horas en París, que las aproveché para recorrer la ciudad.
           
.- En el resto de los viajes que hiciste, ¿podían bajar a tierra?
            Sí.En esa época los barcos tardaban más en cargar y descargar, porque no se trabajaba con conteiners como hoy en día, entonces los tripulantes teníamos más tiempo de salir a recorrer.
 
.- Imagino que tendrás muchísimas anécdotas de esos momentos?
            ¡Miles de anécdotas! Con 21 años, tener solo una mochilita, llegar a un puerto y salir a recorrer cada ciudad era espectacular.
            En mi viaje al Mediterráneo llegamos a la Bahía de Nápoles, y el barco quedó una semana allí. Yo pensé "¿A dónde puedo ir hoy?" Me tomé un tren rápido y a las tres horas estaba en Roma. Una vez que llegué a la terminal de Roma quería ir al vaticano, pero me agarró una huelga y no tenía cómo llegar. Por esas cosas de la vida me encontré con un cura, que andaba en un Mercedes Benz y me ofreció llevarme. Fui al vaticano en el auto del cura, compré un rosario a mi suegra y visité la Basílica de San Pedro ¡Fue increíble!
           
.- Es una profesión solitaria, ¿cómo hiciste para armar tu familia estando tanto tiempo lejos?
            No fue fácil. He visto familias derrumbarse al lado mío, y la culpa la tenían los barcos: es una profesión muy difícil. Tuve la suerte de  tener una media naranja que me acompañó y me bancó toda la vida.
 
.- ¿Cómo se conocieron con tu mujer?
            Mi mujer, Analía, estudió Profesorado de biología en Lincoln, y era compañera de una amiga mía. En una oportunidad estaban estudiando juntas y yo llegué a mostrarle las fotos de mi primer viaje, mi amiga nos presentó y después de mucho insistir, me aceptó como novio. Mi mujer se recibió y enseguida empezó a trabajar en Villegas. En el año 2007 nos casamos.
 
.- Con tu trabajo, ¿era difícil mantener una relación a la distancia?
            Sí, esa es la parte ingrata de la carrera.Mi profesión me enseñó muchas cosas: a madurar de golpe, a valorar los afectos, y darte cuenta de lo importante que es que tu familia te esté esperando en tu casa.
            Cómo te decía, Analía me re bancó, y aguantó la relación a distancia. En muchas ocasiones nuestros hijos se enfermaban o necesitaban algo y ella era madre y padre a la vez; yo estaba lejos y ella se hacía cargo de todo.
            Mis hijos nacieron mientras yo era marino. Arreglé mis licencias para poder casarme y para poder estar en los partos.
Lamentablemente, viví momentos muy duros. Cuando falleció mi mamá yo estaba a tres días de llegar a puerto, y me enteré estando en el mar. Murieron muchos familiares, y yo estaba muy lejos, llorando solo en el camarote porque no podía venir. Eso fue lo ingrato de la carrera.
Cuando trabajaba en el mar, navegaba tres meses y descansaba uno; en ese mes estaba 15 días llegando, y los otros 15 días despidiéndome, y era tremendo. No me quejo, mi carrera fue muy linda, pero esas eran las cosas que más costaban.
Como hobby toco la flauta dulce, y para el cumpleaños de uno de mis hijos le toqué el feliz cumpleaños a mi hijo desde el mar: yo estaba navegando y el estaba acá. No me voy a olvidar nunca esos momentos.
 
.- ¿Hasta qué año trabajaste?
En el año 2003, cuando la ESSO nos dejó sin barco, muchas empresas nos querían contratar, porque la experiencia que teníamos era muy importante. Pero yo ya tenía decidido que iba a retirarme. Quería estar con mi mujer y mis hijos.
 
.- ¿Cuándo te surgió la idea de poner un hotel?
            Mi suegro fue una de las personas que me insistió con la idea. Mientras navegaba tenía mucho tiempo para pensar, así que estando en el mar diseñaba mi hotel. En un principio lo iba a llamar "Anamar": "Ana" por Analía, y "mar" por mi carrera. Finalmente le puse Océano, para no olvidarme nunca de lo que viví.
            Fueron  12 años de navegación en los que conocí mucho y disfruté, pero siempre tuve bien claro la importancia de formar una familia. Pude retirarme a tiempo y dedicarme a ellos y a armar, con mucho esfuerzo, mi proyecto del hotel.
 
.- Imagino que el cambio fue muy grande?
            Sí, tremendo. Por suerte la familia de mi señora siempre estuvo allí para ayudarnos y bancarnos. No tenía el dinero para hacer un hotel, y lo hicimos con mucho esfuerzo. Todo nos costó horrores, y por eso somos muy agradecidos y valoramos mucho lo poco que tenemos.
            Villegas nos recibió muy bien, comencé a conocer gente, y siempre me hicieron sentir como en casa. Para criar chicos es una ciudad espectacular, donde uno todavía puede vivir tranquilo y disfrutar de muchas cosas.
 
.- Cuándo dejaste la marina, ¿comenzaste enseguida con el hotel?

            Dejé la marina en septiembre del año 2003 y en noviembre comenzamos a construir el hotel, que se inauguró el 8 de agosto de 2006. Hoy tenemos un total de 19 habitaciones y nuestra idea es llegar a 40, con el anexo en el que estamos trabajando.