Perseguido por sus trolas

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ARSENIO FERNÁNDEZ DE MESA. El director de la Guardia Civil ya se hizo célebre al afirmar cuando era delegado del Gobierno en Galicia que el fuel del 'Prestige' no llegaría a la costa

15 febrero 2014

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MANEL VILASERÓ / MAYKA NAVARRO MADRID

Sábado, 15 de febrero del 2014

Fernández de Mesa, con el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en la celebración del 169º aniversario de la Guardia Civil, en mayo del 2013.

ARCHIVO / JOSÉ LUIS ROCA

Fernández de Mesa, con el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en la celebración del 169º aniversario de la Guardia Civil, en mayo del 2013.

Los orígenes de Arsenio Fernández de Mesa y Díaz del Río no pueden estar más vinculados al franquismo. Nació en plena dictadura en 1955 en el Ferrol del Caudillo, en el seno de una familia adicta al régimen, y desde su época del instituto ya se significó por formar parte de un grupo de ultraderechistas de su instituto. Su poco amor al estudio le llevó a empezar trabajando como auxiliar de jardinería del puerto de El Ferrol tras superar unas oposiciones en las que fue apadrinado por su padre. Aunque su precoz vocación política (se integró en las juventudes de Alianza Popular) pronto le proporcionaría cargos. En 1983 consiguió el acta de concejal. Y así hasta que se hizo con la Delegación del Gobierno en Galicia, desde donde logró ocupar las primeras páginas de los periódicos.

Si mentir estuviera penado, Fernández de Mesa llevaría años en la cárcel. Por lo menos desde que su puesto de delegado le convirtió en el presidente y portavoz del gabinete de crisis que constituyó la noche que el Prestige reventó frente a la Costa da Morte. «El fuel no llegará a la costa gallega», «no es una marea negra sino un vertido» y «el destino del fuel en el fondo del mar es convertirse en adoquín», son algunas de sus trolas. O esta otra frase para la historia: «Hay una cifra clara, y es que la cantidad que se ha vertido no se sabe».

La versión de los técnicos

Debido a la deficiente gestión de la crisis, fue imputado, pero cuando el director general de la Marina Mercante asumió toda la responsabilidad fue desimputado. Con la lección bien aprendida y sin perder su atildada compostura aseguró en el juicio que él no había tomado ninguna decisión ni dado orden a nadie. «Habiendo excelentes profesionales de la Marina Mercante, cómo iba yo ni siquiera a dar mi opinión», adujo. Cuando un abogado le reprochó sus frases más gloriosas, respondió que se limitaba a contar lo que le contaban los técnicos y que nunca tuvo «interés en engañar a nadie».

Algo así intentó ayer transmitir sin éxito Fernández de Mesa, que obligó a la Dirección General de la Guardia Civil a difundir una nota inédita con extractos cronológicos de las diferentes intervenciones del director tras la tragedia de Ceuta. Con un inconveniente, los extractos no eran íntegros. El comunicado olvidó la siguiente respuesta en la cadena SER: «No. Pelotas de goma en la mar no. Los datos que yo tengo, los informes que yo tengo, es que se han utilizado en la valla».

Con esa misma contundencia, y desde Ceuta, donde visitó a los guardias civiles para felicitarles por su actuación, Fernández de Mesa anunció querellas criminales contra los que pusieran en duda la versión oficial de los hechos.

Algunas fuentes consultadas aseguraron que en el momento en que Fernández de Mesa dijo lo que dijo, «esa y no otra era la información que le llegaba de los mandos. Ni inventó, ni manipuló, ni quiso ocultar. Creyó a pies puntillas los datos que le llegaban y los transmitió». Y aquí está la clave, determinar, qué falló, quién ocultó los disparos al mar y por qué, como muestran las imágenes, un guardia civil continuaba disparando pelotas de goma al agua cuando un grupo de 23 subsaharianos ya no tenía más opción que llegar a la orilla del Tarajal.