El Real Instituto de Jovellanos fue, sobre todo, náutico
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- Published on Wednesday, 18 December 2013 22:20
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Martes 19 de julio de 2011
Acerca de algunos olvidos en la exposición del bicentenario, en el palacio de Revillagigedo
El Real Instituto de Jovellanos fue, sobre todo, náutico
JOSÉ A. MADIEDO ACOSTA EX DIRECTOR GENERAL DE LA MARINA MERCANTE

Visité hace unos días el palacio de Revillagigedo de Gijón, en donde se exhibe una magnífica muestra titulada «La luz de Jovellanos». Dado el enorme cariño que profeso a mi ciudad natal, me sentí muy satisfecho del justo homenaje que se le rinde a este ilustre gijonés en el bicentenario de su muerte. Sin embargo, no imaginaba que en una conmemoración de tal relieve se ocultase la principal seña de identidad del Real Instituto creado por Jovellanos. Me refiero concretamente al carácter náutico que define la esencia de aquella institución. Su nombre completo es, Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía. A decir verdad, nunca llegaron a impartirse en él enseñanzas de mineralogía. Por lo que se puede afirmar que fue un centro esencialmente náutico, un centro docente destinado a la formación de marinos civiles, pilotos y capitanes.
¿Qué razones hay, pues, para semejante despropósito? Sinceramente, no lo sé. Pero resultaría sorprendente que tampoco lo supiesen los comisarios, patrocinadores y responsables políticos de este evento, que está organizado por Acción Cultural Española (AC/E), el Ayuntamiento de Gijón, Cajastur y el Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII.
Si lo que se pretende es que los ciudadanos tengan una visión más próxima del espíritu, vida y obra de Jovellanos, es indudable que el rumbo elegido no es precisamente el más adecuado.
Jovellanos, a diferencia de la mayor parte de los políticos tradicionales -muchos de ellos forjados en los valores característicos de la España del eterno secano-, fue un político comprometido con el desarrollo de las ciencias náuticas y de su proyección sobre la flota, los puertos y el comercio internacional. Desde niño había visto la mar de cerca y había convivido con los pescadores y marinos que frecuentaban la dársena gijonesa. De su estancia en Sevilla como magistrado y de su amistad con el prodigioso Olavide, obtuvo probablemente una información privilegiada sobre la gloria y fracaso que marcan, en primer término, el descubrimiento de América -realizado por marinos civiles-, y, en segundo lugar, las severas derrotas navales, que vinieron a certificar los errores de la política marítima dieciochesca. Jovellanos dio a lo largo de su vida inequívocas pruebas de sensibilidad marítima. En 1784, redacta su «informe sobre el fomento de la marina mercante», en él nos deja un magnífico testimonio de sus profundos conocimientos sobre la materia. Sin embargo, no he visto que en la mencionada exposición se haga referencia expresa a este trabajo, que no deja de ser una joya en un país tan proclive a vivir de espaldas a la mar.
Tampoco he visto ninguna referencia a su triunfal intervención en los pleitos colombinos, en los que actúa como abogado defensor de Mariano Colón de Larreategui. La rama representada por éste, gracias a Jovellanos, sale definitivamente triunfante frente a las otras ramas de los descendientes de Colón, todos ellos enzarzados en largas disputas que llegarían hasta finales del siglo XVIII. El alegato que con tal motivo esgrime Jovellanos es una muestra más de su talento y de sus amplios conocimientos sobre la historia marítima de nuestro país. Como se recordará, los llamados pleitos colombinos se habían iniciado en 1511, enfrentado a la Corona con los descendientes de Colón, y concluyen en su primera fase en 1563, con el reconocimiento a Colón del título de almirante, el ducado de Veragua y la gobernación de la isla de Jamaica.
Real Instituto de Náutica y Mineralogía
La creación del Real Instituto de Náutica y Mineralogía, a finales del siglo XVIII, cuando lo dominante era el mundo rural, no responde a espurios intereses, tan frecuentes en nuestros tiempos, sino que nace de la apremiante necesidad de dotar a España de un cuerpo de marinos civiles, altamente cualificados y dispuestos a surcar los mares del planeta en una nueva etapa marcada por un incipiente desarrollo industrial. Era necesario asimismo reorientar el rumbo de una marina civil sometida a las ataduras de los absolutismos y de las dictaduras militaristas. El Instituto Náutico creado por Jovellanos es, en tal sentido, un oasis académico en el desierto de la universidad de secano. Un modelo novedoso que rompe los moldes de un sistema sumido en las más rancias tradiciones hispanas. Como era lógico, poco interés despertaba una institución académica de tal factura entre los poderes fácticos del momento. Sin embargo, y a pesar de su incómoda existencia, fue de un gran provecho para Gijón y para Asturias. De sus aulas saldrían personajes tan destacados como el mariscal Bobes y otros que jugarían un importante papel en nuestra villa. Pero a pesar de todo, el instituto, desde su nacimiento, nunca tuvo el viento a favor y terminó por sucumbir, en el primer tercio del siglo XX, ante el acoso de la dictadura de Primo de Rivera y la indiferencia de los poderes locales.
Guardo en mi poder el libro de actas correspondiente a los últimos años de su existencia. En él se recogen las vicisitudes de aquel modélico Instituto Náutico.
Son muchos los gijoneses que ignoran que ese emblemático edifico que se levanta al costado de la céntrica plaza del Parchís, y cuyo diseño se debe al prestigioso arquitecto Villanueva, fue construido por Jovellanos para ser la sede de su Real Instituto Náutico.
Por respeto a Jovellanos, a la historia y al gran legado náutico de este gijonés universal, no sería ni razonable ni deseable que políticos y ciudadanos permaneciesen indiferentes ante el presumible intento de borrar de la memoria histórica la naturaleza esencialmente náutica del Real Instituto Náutico de Gijón.
A la vista de cuanto antecede, espero y deseo que se proceda cuanto antes a recuperar y exponer públicamente el apellido «náutico» que sin duda dio vida y carta de naturaleza a la mencionada institución.
