PRESTIGE.- Once años después: Camariñas tras la catástrofe del Prestige (I)
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- Published on Saturday, 14 December 2013 03:59
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MARTES, 10 DE DICIEMBRE DE 2013
DANIEL ROGERO. DIARIO PROGRESISTA
("Quererán pechar cunhas moedas, quizais, os teus ollos abertos sobre o mar". Memoria da noite, Luar Na Lubre.) En una fría mañana de noviembre desde la orilla norte de la ría, observamos la belleza de las arenas blancas de la playa de Lago de Muxia, las verdes laderas de Leis y más allá, hacia el este, donde la ría se estrecha, contemplamos frente a los arenales de la playa de O Ariño de Xaviña, los bosques de pino y eucalipto que se extienden bordeando la ría hasta Cereixo y Ponte do Porto.
A este lado de la ría, en la orilla que bordea la Villa de Camariñas, conocida mundialmente por sus encajes de bolillos, su pulpo, sus mariscos y sus conservas, asistimos a los esforzados trabajos de un nutrido grupo de mariscadores, mayoritariamente femenino, que protegidas del frio y la humedad por sus trajes de neopreno, recogen afanosamente la exquisita almeja y el sabroso berberecho que desde hace miles de años produce esta fértil ría. Un grupo de hombres y mujeres que desarrollan una de las más nobles y antiguas actividades de los habitantes de estas tierras, el marisqueo.
Cronología de la mayor catástrofe medioambiental de la historia de España.
El Prestige, un petrolero monocasco de alta capacidad, que transportaba más de 77.000 toneladas de fuel oíl pesado residual, se hundía frente a las costas gallegas hace ahora once años. A las 15:05 horas del 13 de noviembre de 2002, el buque que se encontraba a unas 28 millas náuticas (52 km) del oeste de Fisterra (A Coruña), lanzaba un S.O.S, ya que empezaba a escorar peligrosamente debido a una vía de agua.
Durante los siguientes días el buque fue remolcado, siguiendo una controvertida orden de alejamiento de las costas españolas dictada por las autoridades marítimas de nuestro país, una orden cuestionada desde el primer momento por las organizaciones ecologistas que abogaban por el trasvase de la carga que se albergaba aún en los tanques del petrolero. El resultado del accidente y de esta maniobra de alejamiento fue el vertido al mar de miles de toneladas de fuel durante su recorrido y posterior hundimiento.
Finalmente el día 19 de noviembre el petrolero se partió en dos y se hundió a 260 km de la costa gallega. Se estima que el buque vertió al mar más de 60.000 toneladas de fuel que en sucesivas jornadas fueron aproximándose a la costa gallega produciendo sucesivas mareas negras que contaminaron más de 2.000 km de costas gallegas y cantábricas, alcanzando incluso costas portuguesas y francesas a casi mil kilómetros del punto del hundimiento.
A pesar del denodado esfuerzo de propaganda de algunos dirigentes políticos y medios de comunicación para convencer a la ciudadanía gallega y española de que “aquí no pasó nada”, las imágenes de miles de voluntarios recogiendo chapapote en nuestras costas dieron la vuelta al mundo.
Por lo que respecta al medio natural el vertido afectó de forma directa a los parques naturales de Corrubedo y de las Islas Atlánticas, así como a diversos espacios protegidos integrantes de la Red Natura 2000, tales como: Betanzos-Mandeo; Carnota-Monte Pindo; Costa Artabra; Costa da Morte; Costa de Dexo; Estaca de Bares, Monte y Lagoa de Louro, etc. Entre estos espacios destaca la Costa da Morte, que constituye el tramo de costa Atlántica de mayor valor ambiental de la península.
Desde una perspectiva económica, cabe señalar que el importante sector pesquero gallego sufrió una reducción de las capturas de marisco y pescado fresco del -13% entre 2001 y 2003 y por su parte el no menos importante sector turístico, vio sensiblemente reducida la entrada de turistas extranjeros, un -5,5% en 2003, recibiéndose en 2004, Año Santo Compostelano, un número de turistas extranjeros que resultó un -5,24% inferior a los recibidos en 2002, año de la catástrofe.
La sentencia, un nuevo capítulo negro de la gestión del desastre del Prestige.
El día 13 de noviembre de 2013, fecha en la que se cumplía el undécimo aniversario del inicio de la pesadilla del Prestige, la Audiencia Provincial de La Coruña dictó sentencia sobre la demanda penal interpuesta por distintos colectivos afectados por el desastre.
Dicha sentencia impone como único castigo nueve meses de cárcel al capitán del buque Apostolos Mangouras, al que condena por el delito de desobediencia y absuelve de toda culpa tanto a José Luis López-Sors, ex-director de la Marina Mercante y responsable del alejamiento del petrolero, como al jefe de maquinas Nikolaos Argyropoulos.
Una vez conocida la sentencia, las muestras de indignación de distintos colectivos no se hicieron esperar. Para Greenpeace y WWF los verdaderos responsables del desastre ambiental que provocó el petrolero no han sido juzgados y la decisión judicial abre la puerta a otro Prestige.
La plataforma "Nunca Máis" calificó de "injusta" y "lamentable" la sentencia, “un fallo político, al dictado de los intereses del PP". Asimismo uno de los rostros más conocidos socialmente de Nunca Máis, el escritor, fundador de Greenpeace España y vecino de la Costa da Morte, Manuel Rivas, personaje público reconocido por su compromiso en la lucha a pie de playa contra el chapapote en los días de la catástrofe, declaró que “La sentencia le hace el juego a los armadores, a las aseguradoras, a los políticos… y establece la doctrina jurídica de la irresponsabilidad política”.
Ecologistas en Acción manifestó que “La sentencia del Prestige es una burla a la sociedad”, señalando asimismo que no es de recibo considerar, como hace la sentencia, que “acercar el barco a la costa hubiera traído más problemas que el alejamiento.” Añade que en aquellas fechas ya existían protocolos y experiencia “sobre que un posible derrame en un puerto supone un impacto económico y ecológico menor que en mar abierto, donde se dispersa y reparte la contaminación, como se comprobó después, por cientos de kilómetros de costa”.
Por tanto, a la espera de lo que pueda resolverse en el futuro en otro proceso por la vía civil, nadie se hará cargo de los costes derivados del siniestro que la fiscalía estima en más de 4.328 millones de euros.
La opinión del alcalde.
Don Manuel Valeriano Alonso de León, alcalde de Camariñas en representación del PSdG-PSOE desde 2007, es un hombre del pueblo, afable, buen conversador y excelente conocedor de los problemas de su concello. El 22 de noviembre charlamos animadamente en su despacho sobre la catástrofe del Prestige. Señala D. Manuel, que su reacción ante el impacto del desastre en las costas del concello fue de una enorme preocupación, seguida de una mezcla de angustia, rabia y asco ante una catástrofe producida por el hombre y ante las continuas mentiras de los medios de comunicación. “Aquí la riqueza está en el mar. La mayoría de la gente vive del mar y de las industrias derivadas de él”.
De acuerdo con el regidor municipal, cabe señalar que la zona más afectada del concello fue la costa exterior, la que da a mar abierto, ya que la zona interior de la Ría de Camariñas permaneció protegida.
“Yo por entonces no era alcalde, colaboré desde el primer momento como un ciudadano más en las labores de limpieza, y sin ningún afán de parecer heroico, ya que el verdadero heroísmo lo hizo el pueblo gallego y los voluntarios venidos de todas partes, le contaré una anécdota, estuve a punto de ahogarme entre el chapapote”.
En relación con la decisión de alejar el buque, señala que “deberían haberlo trasladado a un puerto próximo y seguro. Pienso que la decisión de alejar el barco fue una falta de responsabilidad total”.
De acuerdo con la opinión del alcalde, en los primeros días se produjo una especie de resignación y pasividad ciudadana frente a la catástrofe, por lo que fue necesario concienciar a la ciudadanía ante las consecuencias de un desastre medioambiental provocado por el hombre.
Tras conocer la sentencia, D. Manuel manifiesta que vuelve a tener los mismos sentimientos de rabia e impotencia que tuvo hace once años. “Somos un país en el que la justicia no funciona, en un país democrático la justicia no puede estar subordinada a los intereses de las élites, unas élites que carecen de sentimiento de país”. “Se trata de una sentencia que no queda otra que acatar, pero que a mi juicio, deja mucho que desear y contribuye a la pérdida de confianza de la ciudadanía en la justicia”.
De acuerdo con D. Manuel se cifra en 22 millones de euros el coste económico de la catástrofe para el concello y los vecinos de Camariñas, importe en el que no se incluye el coste del daño medioambiental. Sin embargo, tal y como señala el regidor municipal “¿Cómo es posible que pidiendo el Fiscal más de 4.000 millones de euros, que es en lo que está valorado el coste económico de la catástrofe, el juez conceda solo 22 millones, que es aproximadamente el coste económico que supuso el desastre, solo para el concello de Camariñas?. He aquí otra de las incomprensibles incongruencias de esta sentencia”.
Tras la sentencia, el alcalde considera que no hay mucho más que podamos hacer para recuperar una parte significativa del coste real de la catástrofe, pero en su opinión “Estrasburgo tendrá algo que decir ante la impunidad de una de los mayores desastres medioambientales sucedidos en la Unión Europea”.
