Acabar con la falacia naval es prioritario para garantizar el mutuo respeto entre la Marina e Guerra y la Marina Civil. (I)

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 AEMC

Hace cien años, Alfred Thayer Mahan se graduó en la Academia Naval de los Estados Unidos e inició su carrera como oficial naval y estudioso de la historia, convirtiéndose en un defensor acérrimo del poder marítimo que, según la Enciclopedia Británica, «no ha tenido parangón en los anales de la literatura». Resulta significativo hoy que una de las grandes lecciones que Mahan buscó inculcar al público estadounidense que una marina mercante fuerte era un ingrediente esencial para la prosperidad nacional y el verdadero poder marítimo . Citándolo textualmente: «La necesidad de una armada, en el sentido estricto de la palabra, surge, por lo tanto, de la existencia de una navegación pacífica y desaparece con ella, salvo en el caso de una nación con tendencias agresivas que mantiene una armada simplemente como una rama de las fuerzas armadas ».

En España, desde la creación de la Armada Real, a principios del siglo XVIII, por Felipe V, primero de la dinastía borbónica, hasta nuestros días, ha prevalecido la idea de que el prestigio de la Armada se fortalece con el desprestigio de la Marina Civil. Hasta tal extremo es cierto, que a pesar de haber sido esta última la que atesora las gestas más destacadas de la historia marítima española, tanto los Borbones como Franco la han tratado de forma desconsiderada, e incluso humillante, recurriendo en muchas ocasiones a la falsedad y al insulto.

Un claro ejemplo esa murga subyacente es la copla popular, de la que existen numerosas versiones tanto en España como en la América de habla española.

Los hermanos Pinzones eran unos… marineros,
que se fueron con Colón que era otro… marinero.

Y se fueron a Calcuta en busca de una… fruta,
y conquistaron Camboya con la punta de la… espada.

Y a los indios motilones les cortaron los… caminos,
ya las indias por coquetas les cortaron las… coletas.

Al piloto Pedro Angulo le quisieron dar… por muerto,
ya su hermano Bobadilla le llenaron de… laureles

A la Reina de Castilla le gustaban las… natillas,
y dió sus alhajas cuando Colón le hizo la… historia.

Una india muy maja a Colón le hizo una... pipa
y los indios sembraron frutas para los hijos de... España.

En el Cuartel de Instrucción de la Armada en el Ferrol del Caudillo, figura en grandes letras en el comedor de la marinería: “ España fue grande, cuando lo fue su marina de guerra” . 

Y por otra parte, se divulgaba y se divulgaba la idea de que los pilotos eran analfabetos.

¿La Armada más antigua del mundo?

La Armada española descubrió América. 

A los capitanes de la Marina Civil, como ésta constitucionalmente no existe, se les ignora.

La estrategia de lo uno y su contrario.

Colón era Almirante, en cuanto la Armada Española tuvo una participación activa en el descubrimiento de América.

Colón era un capitán ignorante que se tropezó con América.

La falacia naval como forma de ganar prestigio ante una sociedad obligada a ser ignorante de la Historia marítima .

La falacia naval, conocida y consentida desde el poder, incluso en plena democracia, domina la escena marítima española y americana. Los medios de comunicación, incluso los más progresistas, no quieren saber del asunto. Los gobiernos democráticos han mostrado su complicidad con la falacia naval. El Ministerio de Cultura sigue cultivando la falacia presente en museos, publicaciones y actos públicos. El fascismo está muy presente en determinados círculos navales.

Un panorama vergonzoso que encumbra la falacia naval y hostiga a la Marina Civil ya los marinos civiles. Gobierno y oposición, incluidos partidos de izquierdas, se muestran ajenos a la situación, como si no fuese con ellos.

En ese clima permanente de historia fabricada, con la gola al cuello, se divulgan historias que requieren como esta:

La Armada borbónica generó una historia académica de fantasía.

Según la versión oficial, la Academia de Cádiz diseñó un programa con un nivel de matemáticas teóricas, balística y física avanzada.

Se divulga, sin fundamento, que el plan de estudios naval era muy superior a la formación instrumental del Colegio de San Telmo, de Sevilla, en donde se formaron los pilotos de la Marina Civil de aquel tiempo.

Sin embargo, se silencia esa excelente formación resultaba estéril en alta mar, por que el sistema no completaba la formación teórica con la adquisición de la destreza necesaria para navegar y maniobrar con la solvencia requerida . Tutelar y navegar sobre la moqueta, siempre fue más cómodo. La Armada era plenamente consciente de que un guardia marina recién salido de Cádiz no sabía dirigir un navío tan bien como un piloto de San Telmo formado teóricamente y curtido en viajes transatlánticos.

Nobleza y las cuatro reglas .

En 1717 para acceder a la Real Compañía de Guardias Marinas , el examen de entrada era muy básico. Tan sólo se exigían saber  "las cuatro reglas" , puesto que lo que primaba la limpieza de sangre y el linaje aristocrático sobre la preparación previa.

En contraste, el Real Colegio Seminario de San Telmo -que también exigía limpieza de sangre- impartía las mismas asignaturas que debían superar los guardias marinos antes de salir a navegar. Su programa no era elemental y empírico, como pretenden algunos, sino que incluían:

Trigonometría Esférica Avanzada: Esencial para que los alumnos resolvieran de forma analítica el triángulo de posición astronómica (el cálculo de la latitud y la aproximación de la longitud) y otros cálculos complejos de astronomía náutica y navegación.

Álgebra y Geometría Aplicada : El nivel matemático exigido en Sevilla era tan riguroso que, como bien señalaste antes, la propia Academia de Cádiz no tuvo más remedio que importar a profesores e intelectuales nacidos de las aulas de San Telmo —o fuertemente vinculados a su entorno— para poder estructurar sus propios planos de estudio teóricos décadas más tarde.

También recibieron enseñanzas de cartografía, construcción naval, fortificación y artillería.                         es 1717 7

En el siglo XVIII, especialmente en su primera mitad, el modelo teórico práctico de formación de los pilotos del Colegio de San Telmo y otros centros del norte peninsular de los que no existe la información actualizada, era superior, como se demostraba sobre el escenario real: la mar.

Para analizar con total rigor la verdadera columna vertebral de la ciencia náutica en la España del siglo XVIII, debemos poner nombres y apellidos a los tratados y autores de los libros de texto utilizados en el Colegio de San Telmo , así como al exhaustivo proceso de examen que garantizaba que un piloto supiera gobernar y gestionar la navegación de un buque en alta mar, en todas las circunstancias, incluidos los ataque de piratas y corsarios.

Antes de entrar en las asignaturas que caracterizaban los planos de estudio, se debe reseñar que el director y los profesores más destacados de San Telmo fueron “destinados” a la Academia de Guardias Marinas de Cádiz, para rellenar vacíos de otro modo insalvables.

Capitanes de la Marina Civil para dirigir y formar a los futuros marinos de Guerra

El capitán de la Marina Civil  Francisco del Orbe que había navegado al servicio de la Casa de la Contratación, paso de ser Director del Colegio de San Telmo a Director de la Academia de Guardias Marinas de Cádiz. Ejerció como director y como profesor de matemáticas.  Permaneciendo en las citadas posiciones académicas hasta su muerte en 1723.

A Del Orbe le sucedió otro prestigioso Capitán de la Marina Civil: el reputado profesor de navegación y de matemáticas., Pedro Manuel Cedillo , quien fue Director interino entre 1724 y 1728, a partir de 1728, fue nombrado Director titular.

El capitán Cedillo se mantuvo como Director hasta su jubilación en 1753.

El rey Fernando VI le concedió oficialmente el retiro por medio de una Real Orden fechada el 9 de enero de 1753.

 

Cedillo fue autor de textos de estudio y manuales que gozaron de un gran prestigio y fueron los libros de texto obligatorios de la Academia de Guardias marinas, como el Compendio del arte de la Navegación de 1717 .

Trigonometría aplicada a la navegación... (Sevilla, 1718): l manual con el que introdujo en España el uso avanzado de las tablas de senos, tangentes y escalas logarítmicas para resolver cálculos complejos de navegación.

Jorge Juan se formó como matemático bajo la sabia tutela docente de Cedillo.

En efecto, cuando Jorge Juan ingresó en la academia e Cádiz a los 17 años de edad, el director de la Academia y profesor de las asignaturas de matemáticas y navegación era el capitán Cedillo.

Jorge Juan demostró desde un primer momento tener una mente privilegiada para las matemáticas, lo que le permitió superar con éxito los exámenes reglamentarios y salir a navegar.

El "Regimiento de Navegación": Los manuales de San Telmo desglosaban de forma magistral la geometría analítica para corregir las cartas de marear, aplicando trigonometría para calcular la deriva provocada por las corrientes y el viento, un cálculo matemático abstracto que requería un dominio absoluto de los senos y cosenos esféricos.

                                                                                                      El Riguroso examen de Pilotos de la Carrera de Indias

Para ser piloto y obtener el título que le permitiría dirigir la navegación de un navío, no bastaba con asistir a una clase; el proceso de examen ante la Cátedra de Cosmografía del contratante (o de San Telmo/Casa de la Contratación) era un auténtico tribunal de hierro, muchísimo más exigente en la práctica que cualquier promoción de guardiamarina:

La Mesa del Tribunal: El aspirante se colocaba frente a un tribunal compuesto por el Piloto Mayor, el Catedrático de Cosmografía y varios pilotos veteranos con décadas de experiencia en el Atlántico.

La Fase Teórica (Matemática Pura): Al alumno se le planteaban problemas teóricos de trigonometría esférica aplicadas a la astronomía. Debía demostrar en la pizarra cómo calcular la latitud mediante la altura del Sol o de la Estrella Polar a diferentes horas del día, demostrando analíticamente los teoremas geométricos en los que se basaba el cálculo. 

La Fase Práctica (Simulación de Crisis): Se le entregaba una carta náutica en blanco y se le planteaban escenarios hipotéticos: "Se encuentra usted en tal rumbo, el viento abate el buque tantos grados, la corriente empuje en tal dirección y la aguja varía tanto. Calcule matemáticamente su posición estimada tras 48 horas de navegación" . Un solo error en las matemáticas significaba el suspenso inmediato.

El Requisito de las "Singladuras": Nadie podía examinarse de Piloto Mayor o Primer Piloto sin certificar un número mínimo de viajes a América (a menudo como pilotín o segundo piloto), asegurando que la teoría matemática estaba perfectamente respaldada por las vivencias profesionales a bordo y la experiencia real en el océano.

Esta es la razón por la cual, cuando la Armada militar necesitaba mover sus escuadras, el capitán de navío (el noble) se limitaba al mando militar y dejaba la gestión de la navegación y la ruta del barco en manos de estos profesionales de San Telmo, auténticos profesionales de la navegación.

La sociedad cree conocer la realidad a través del papel couche y la divulgación mediática de la falacia naval .

Algunos conocidos catedráticos, ávidos quizás de meritocracia naval, se han dedicado a prodigar en sus disertaciones y escritos, que muchos pilotos no sabían leer, idea de la que sean hechos eco otros emuladores navales.

Lo que ocultan, estos divulgadores del bulo naval, es que ya en aquel tiempo las autoridades navales autorizaban la salida a la mar de barcos en los que iban ocupando cargos de piloto personas que carecían de la titulación requerida para ello. No eran pilotos, eran intrusos irresponsablemente autorizados para navegar como pilotos titulados. Lo mismo que ocurrió durante el franquismo, período en el que centenares de personas sin la titulación reglamentaria fueron autorizadas a ocupar ilegalmente plazas como oficiales.

 

(continuará)