Sevilla: ejemplo de la historia de Marina Civil adulterada
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- Published on Thursday, 27 March 2025 09:10
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AEMC
Lo tenemos, pero lo despreciamos
Con cierta frecuencia, se leen o se escuchan comentarios de cómo tratarían en otros países ciertas obras o gestas marítimas, si hubiesen sido realizadas por sus paisanos. Casi siempre este tipo de invocaciones van acompañadas de un latir patriótico; sin embargo, en la España oficial, cuando de lo que se trata son de hechos y gestas de la Historia de la Marina Civil, parecen ser otros los vientos que soplan: el patriotismo de esa España evocadora que ciertas obras y gestas deben ensalzarse al máximo, quizás piense que los impuestos aportados por todos los contribuyentes se pueden modular los hechos históricos de la Marina Civil para acoplarlos a su conveniencia. Y lamentablemente esa parece haber sido la pauta durante los últimos siglos. Se han destruido u ocultado documentos históricos, o se han dejado pudrir muchos legajos - como ya hemos denunciado en alguna ocasión- o, se mantienen los archivos de la Marina Civil en archivos muy alejados del alcance de potenciales investigadores, (Viso del Marqués, en La Mancha, es un claro ejemplo- o se manipula, o se se tiran o se destruyen libros, o se falsifican documentos, o se ejercen presiones políticas para que los marinos civiles no cursen asignaturas de Marina Civil, o se potencian actos públicos en los que se desvirtúa la historia de la Marina Civil, o se publican textos falaces, o se tuercen o se alteran los hechos históricos, como por ejemplo cuando se han adulterado las capitulaciones de Santa Fe, y todo con el presumible intento de apropiarse culturalmente de lo ajeno. En muchas ocasiones, se utilizan membretes ministeriales y dinero publico, y se ofrece la tribuna de oradores a personajes, patológicamente “capitanofóbicos”, que bajo una apariencia de eruditos académicos especialistas de la náutica divulgan todo tipo de argumentos y conjeturas falaces sobre la marina y los marinos civiles. Este tipo de “Académicos”, recolectores de despojos narrativos empuercan cuanto difunden, pero ello que no les priva del apoyo institucional para idear pabellones de la navegación o espacios de memoria histórica en los que traslucen su ruindad como personas y su ignorancia náutica como historiadores. Alguno de estos, presume de haber publicado numerosas obras sobre la vida de los marinos civiles, los descubrimientos, los centros docentes y las enseñanzas náuticas, la vida a bordo, los viajes, la cartografía náutica, la construcción naval etc. Pero, en realidad no son más autores de patrañas subvencionadas, posiblemente gestadas con el brazo en alto y la mirada al sol del eterno imperio; en definitiva, falsedades editadas al amparo de correligionarios de su mismo credo.
Por su parte, la izquierda de la España progresista, salvo excepciones, se muestra indolente y ajena a la realidad perniciosa que acabamos describir, como si el asunto no fuese con ella. Y como buena prueba de ello, esa apatía incomprensibles ha quedado bien patente con motivo de montajes tan aberrantes como los que rodearon las merecidas celebraciones de los centenarios del Descubrimiento de América o de la 1a vuelta al globo terrestre protagonizada por Magallanes y Elcano, y por supuesto todos los que les acompañaron en su gesta. Un grave error, que tiene consecuencias.
La figura de Colón
En ese estado de indolencia perenne, se consiente, por ejemplo, que se utilice la figura de Colón como un símbolo ultraderecha eclesiástica y monárquica -aunque esta lo utilice exclusivamente para lo que les interesa. Da la sensación que unos y otros olvidan que Cristóbal Colón fue perseguido, arrestado y vilipendiado por la monarquía y por algunos destacados personajes de la iglesia mercantilista y mundana, como lo fue el obispo Juan Rodríguez de Fonseca. Cuando se acusa a Colón de símbolo del esclavismo, ambos formaciones guardan silencio. Olvidan quizás, que la corona a finales del siglo XV y durante siglos después, ejercía, de la mano de la iglesia, un poder absoluto, que incorporó prácticas inquisitoriales en los territorios bajo su dominio, que traficó con esclavos, que los tuvo a su servicio, que realizó redadas, batidas y levas, que se condenó muchas personas a morir quemadas en la hoguera, que se practicaron torturas y atropellos contra los discrepantes ideológicos y se establecieron negocios que tenían a los esclavos como mercancías en venta. Pero no dejará de ser para los responsables un gran alivio si Colón carga con todas las culpas de aquel tiempo; sin exonerarle por ello de las que pudieran posiblemente serle imputadas por iniciativa propia
La Marina Civil Española fue la protagonista de aquel tiempo
La historia de la Marina española, que por supuesto no es exclusivamente la de su Marina de guerra, debería ser recordada, narrada y respetada como le corresponde en virtud de hechos suficientemente contrastados. En buena lid, el verdadero Siglo de Oro de la historia de España tuvo como motor principal a la Marina Civil, aunque haya motivos para suponer que, injustamente, la España dominante quiera difuntearla definitivamente.
Sevilla es un exponente de las políticas del escarnio de la Marina Civil.
Como tendremos ocasión de exponer en próximas entregas, que Sevilla es un monumento vivo y excepcional de aquella etapa histórica de la Marina Civil, es actualmente y en paralelo un claro ejemplo de profanación y manipulación de la historia marítima Española. El Archivo de Indias, en donde Jorge Juan es presentado como ingeniero naval- nunca lo fue- , el bodrio del Pabellón de la Navegación, o a mismísima Torre del Oro, convertida en museo naval, son un ejemplo meridiano de cuanto acabamos de exponer. Un vivo retrato de esa España que alardea de progresista, con la misma facilidad que tolera y pone alfombra roja a quienes siguen haciendo gala de las mismas falacias desde hace algunos siglos.
El "eclipsamiento" de la la Casa de la Contratación y su importancia en la historia de España-
Como claro contrataste entre lo que se presenta a los visitantes de la Sevilla de los descubrimientos en nuestros días, a quienes admiran el “Cuarto del Almirante“ del Alcázar de Sevilla y lo que significó la Casa de la Contratación, que estuvo instalada en ese miso espacio, sacamos a la luz un articulo, (reducido), de Mario Méndez Bejarano, publicado en 1927 por la Revista de las Españas, Madrid, enero-febrero de 1927, 2ª época, número 5-6, páginas 32-39.
La Casa de Contratación fue mucho más importante de lo que se dice en estos tiempos, mucho más de lo que se ofrece a los visitantes del “Cuarto del Almirante”
La casa del Océano
Cinco veces esta pobre España ha adoctrinado al mundo. La primera, en las aetas argentea de la literatura latina, con sus filósofos, geopónicos, poetas y geógrafos, casi únicas voces que animaron el crepúsculo de una gran civilización. La segunda, desde la archísede isidoriana, en la más bárbara etapa de la noche medioeval. La tercera, desde el jalifato cordobés. La cuarta, desde Sevilla, cuna del Álgebra y «madre de los sabios», durante los gloriosos períodos de los abbaditas y los almuhades. La quinta, al pleno sol del Renacimiento y del siglo de oro, desde la casa llamada de la Contratación, aunque su denominación oficial era Casa y Audiencia de Indias.
Participaba esta institución de Tribunal, de Escuela, de Centro mercantil y de Ministerio de Indias. No comprendo cómo pueda historiarse la cultura española sin mencionar este único foco de ciencia positiva existente en nuestra Patria. Por tal concepto, las luminosas investigaciones de Olca Vedia, Latorre y Pulido merecen perenne reconocimiento de todos los buenos españoles. Y es tanto más útil consagrar justa atención a la célebre Casa, cuanto que apenas podemos defendernos de las inculpaciones que los extranjeros nos asestan, acusándonos de haber puesto toda nuestra alma en estudios inútiles, en amena literatura y, a lo sumo, en teología y ciencias morales, desdeñando el conocimiento de la naturaleza y de las artes de inmediata aplicación a las perentoriedades de la vida. Y tienen razón si sólo se mira el triste espectáculo de nuestras Universidades; pero si se dirigen los ojos a la Casa de Contratación, se verá que no andábamos rezagados del movimiento científico de los centros europeos y que en muchas disciplinas les igualamos y en no pocas les precedimos.
Además, el estudio de los trabajos geográficos realizados por el personal de la gloriosa institución, y las expediciones aprestadas por la misma, revisten tan alto interés, que, si prescindimos de su examen, la historia de los descubrimientos marítimos, como puntualiza el Sr. Puente, es incompleta o falsa, y su exposición carecería de toda claridad.
La Casa de Contratación, que Pedro Mártir de Anglería llamaba con más propiedad la Casa del Océano, fue creada por Real Cédula de 14 de Enero de 1503, disponiéndose su instalación en las Atarazanas, si bien por otra Cédula de Junio del mismo año se mandó establecer en el Alcázar de Sevilla. Los primeros jefes del complicado organismo de la Casa y primeros jefes de su Audiencia fueron el Dr. Sancho de Matienzo, perteneciente al cabildo catedral, Tesorero; Francisco Pinedo, Jurado de la ciudad, Factor, y Jimeno de Bribiesca, Contador de la armada de Indias, es escribano. Recuerdo del [33] abad Matienzo, queda un retrato que formó parte del grandioso retablo de la Casa, y del segundo, una lápida en la capilla del Pilar de la Catedral con el siguiente epitafio:
«Esta capilla es de los muy nobles
Señores Francisco Pinedo Ginovés
Jurado Fiel executor desta Ciudad:
primero Factor de la Casa
de la Contratación de las Indias
falleció á 21 de Marzo de M.
D. IX y de María de la torre
su mujer falleció á XXX de Octubre año
de M. D. XIII años: y del Reverendo
don Geronimo Pinedo Maestre Escuela
y canónigo desta santa Iglesia su
hijo: falleció a X de Setiembre año de M.
D. XX. años en la cual están enterrados
y es enterramiento para su linaje
cuyas animas ayan gloria amen.»
En la boca de la bóveda lucía esta expresiva inscripción :
O mors quam
Torribilis et potens
es: vitam claudis
Sepulcorum aperis.
No sólo tuvo esta Audiencia en su jurisdicción los asuntos americanos, aun los de índole administrativa, sino que, después de ampliadas las atribuciones del Consejo Supremo de Indias, todavía conservó la Casa su antigua jurisdicción sobre la nación oceánica, y reemplazaba en ciertas ocasiones a los almirantes de Castilla y al Tribunal del Almirantazgo, establecido en Sevilla desde el tiempo de Alfonso X, según Antonio de Herrera en su «Historia de las Indias», y más especialmente don José de Veitia y Linaje en su «Norte de la Contratación de las Indias», jurisdicción que abrazaba hasta el nombramiento de generales de las flotas y de los ministros. Institución –dice Veitia– que mereció veces de Consejo de Indias y que lo fue, no sólo para este efecto, sino de Guerra y Hacienda; Tribunal –añade– que no ha podido haber otro en la Europa que le compita, y de tan grande autoridad, dice Rodrigo Caro, que sin su licencia no puede navegar ningún navío para las Indias, por cuya razón llaman justamente los autores a Sevilla «Reino del Océano». Magistrados de tal categoría, que juzgan, sin que ninguna persona ni justicia, como añade Solórzano, se pueda entrometer en cosa que a ellos toque; Casa, en fin, escribe Mosquera, la más importante que tiene el mundo.
Para la instalación de la Casa en la parte conocida por «quarto de los Almirantes», se aplicaron las rentas de Canarias, ascendiendo el costo a cerca de 400.000 maravedís.
La sala del Tesoro encerró fabulosas riquezas desde que en 1577 se dispuso que la Casa fuese el Erario de todos los caudales traídos de Indias y de todas las rentas que la corona sacaba de Andalucía.
La sala de Audiencia ostentaba en su testero, separado del resto de la estancia por artística verja, trabajada en madera blanca, según algunos de procedencia americana, el Retablo de la Capilla, cuyos restos halló el Sr. Puente, donde figuraban, con extraordinario parecido, los retratos de Colón, de Fernando el Católico, de Pinzón y otras excelsas figuras que aún pueden admirarse en el Alcázar. Las paredes lucían pinturas de Cristóbal de Morales.
La sala de Lectura de Cosmografía se trasladó, después de la construcción de la Lonja o Consulado, a este grandioso edificio para que aprovechase también las clases de Universidad de Mareantes.
Disfrutaba la Casa de la Capilla Real, en donde se celebraban las exequias de los personajes reales y todo genero de solemnidades, interesándose mucho Felipe II por el acrecentamiento del culto. También poseía un reloj para reglamentar sus trabajos, circunstancia que no podía faltar en Sevilla, la primera ciudad de España que tuvo reloj.
En 1604 se quemó la mayor parte del edificio, siendo su Presidente D. Bernardino de Avellaneda. Este D. Bernardino fue el bárbaro Asistente que llevó al patíbulo al joven poeta Alonso Álvarez de Soria a pretexto de que le había puesto un apodo, sin que ablandaran su corazón de tigre los innumerables ruegos que en prosa y verso le dirigieron Juan [34] de la Cueva y casi todas las más distinguidas personalidades de la capital.
Cuando en 1605 se reedificó lo destruido por el voraz incendio, se añadió en los cuartos de la fachada todo lo que se reconoce de obra moderna, desde la puerta principal, que se cerraba, hasta el principio del zaguán, cuya entrada carecía de puerta.
Otro incendio de mayor importancia se inició el jueves 3 de Mayo de 1691, a las dos de la madrugada.
Figuran entre las expediciones debidas a la Casa, la accidentada dirigida por Juan de la Cosa para el reconocimiento de la costa de Venezuela, la de Alonso de Hojeda, la de Vicente Yáñez Pinzón y Juan Díaz de Solís. La de Juan de la Cosa al continente, la trágica de Nicuesa, la organizada para Tierra Firme; la de Solís al Pacífico y a la Especería, el primer viaje alrededor del mundo bajo la dirección de Magallanes, asesorado por los pilotos de la Casa Rodríguez Mafra y Rodríguez Serrano; en fin, la enviada a las costas de Cumana llevando al frente al inmortal Bartolomé de las Casas, la cual, como capitaneada por aquel inmenso corazón, se componía sólo de labradores, y conducía en extraordinaria cantidad herramientas, semillas y plantas vivas, únicas armas que concebía el futuro dominico para colonizar.
Con grave error, el escritor americano Harrise y otros autores extranjeros, suponen a Solís nacido en Portugal, e infaman su memoria, cuando Solís nació en Lebrija, todos sus contemporáneos, incluso Pedro Mártir de Angleria, Fernández de Oviedo y Pigafetta, lo tienen en concepto de varón docto y honrado, y el Rey Católico hubo de confiarle grandes cantidades de dinero, armas, provisiones y barcos.
Los expedicionarios, al regresar a Sevilla, debían, ante todo, rendir cuentas a la Casa de Contratación de los descubrimientos realizados y los éxitos conseguidos. La Casa consignaba en mapas, que fueron, no sólo los primeros, sino por largo tiempo los únicos, los resultados de las expediciones.
Además de estas empresas de exploración, se organizaron por la Casa otras, enderezadas a llevar a América lo más útil de la fauna y de la flora hispana. En sus naves envió el trigo, el centeno, la cebada y otros cereales; plantas aromáticas y medicinales; caña de azúcar; árboles frutales de Andalucía, como el naranjo, el limonero; numerosas estacas de olivo compradas en Olivares, y desde Sevilla, en la segunda mitad del siglo XVI, se mandaron a Italia algunos ejemplares de papas o patatas procedentes del Perú. «Mejor han sido pagadas, escribía el P. Acosta, las Indias que en otras mercaderías, porque las que han venido a España son pocas y danse mal; las que han pasado de España, son muchas y danse bien.»
No menos contribuyó la Institución a enriquecer la fauna americana, que carecía de animales mansos propios para rediles, establos o cuadras, con el envío de caballos, asnos, vacas, cabras, carneros, ovejas, y, por iniciativa del Tesorero de la Casa, se inició en La Española la aclimatación del gusano de seda.
Llegamos ya al punto de superior interés, al valor docente de la inmortal institución. En 1508 se creó el cargo de Piloto Mayor, conferido entonces a Américo Vespucio, acaso por ardid de los Reyes Católicos, queriendo sujetar en un cargo honrosísimo, pero sedentario, a aquel extranjero cuyas veleidades y servicios a Portugal justificaban el temor de los Monarcas a confiarle el mando de las expediciones. Por Cédula de 6 de Agosto del mismo año, se creó la enseñanza náutica, encomendada a Pilotos Mayores de la Casa. A mediados de siglo, se encargó la dicha enseñanza a Catedráticos de Cosmografía.
Las plazas de Piloto Mayor y de los profesores de Cosmografía se proveían mediante oposición. La misión peculiar del Piloto Mayor consistía en examinar e inspeccionar la enseñanza de la Cosmografía y la construcción de instrumentos, así como en aprobar las cartas de marear, función en que auxiliaban su labor los cosmógrafos de la Casa. [36]
Estableciéronse cátedras de Matemáticas, materia desdeñada en las Universidades; Cosmografía, Astronomía, Cartografía, Hidrografía y aun de Artillería, servidas por los más eminentes profesores españoles y, a veces, por extranjeros, como el inglés Sebastián Cabbott. Las clases eran teoricoprácticas y había de darse una lección cada día, siendo obligatoria la asistencia de los que solicitaban examen. La forma de enseñar Cosmografía ha sido tratada en luminoso trabajo presentado al Congreso de Historia y Geografía de Sevilla de 1914, por D. Germán Latorre. Los exámenes se celebraban con severa solemnidad, en día de fiesta, dentro de la amplia sala de la Audiencia, y una vez, el año 1525, bajo la Presidencia de D. Fernando Colón. Asistían en concepto de Jueces, el Piloto Mayor, bajo dosel, seis pilotos más, los Cosmógrafos y dos Diputados de la Universidad de Mareantes de Sevilla. Más adelante, el Consejo de Indias, queriendo darles mayor pompa, determinó que se efectuasen en la sala del Tribunal del Consulado. Para ser admitido a examen había que acreditar la edad de veinticuatro años, ser español, cristiano viejo, no beber vino, no decir mal de Dios, que trataba bien a los marineros, que había navegado durante seis años a las Indias y que el testigo llamado a deponer sobre este último extremo declarase que si él mismo necesitara piloto le confiaría su propia nave. El Piloto Mayor y los Cosmógrafos dirigían cuantas preguntas les placía. En cambio, los pilotos no podían formular sino tres, pero antes de hacerlas debían jurar ser las más difíciles que supieran. Hecho el juramento previo y preguntado el candidato por los examinadores, se votaba la censura con habas, que significaban la aprobación, y chochos o altramuces, que equivalían a la reprobación, considerándose adverso al examinando el caso de empate. Una vez reprobado un candidato, no podía ser admitido de nuevo a examen sin haber hecho otro viaje a las Indias. Continuó esta práctica y brillante enseñanza hasta que pasó al Colegio de Pilotos de San Telmo, gloriosa institución que ha llegado casi hasta nuestros días y que fue creado por la Universidad de Mareantes de Sevilla.
El docto personal de la Casa organizaba y dirigía expediciones, prestando con sus conocimientos y estudios un inmenso servicio en tiempos en que aún no había mapas ni cartas marítimas de las regiones recién exploradas y los instrumentos de observación eran tan toscos e imperfectos. Por esto, como observa Olea, se requerían grandes conocimientos para el cargo de piloto, sobre todo en Astronomía y Cosmografía; así vemos al Sr. Rico y Sinobas, en su estudio de los Libros Alfonsíes, calificar de astrónomo práctico al Piloto de la Casa de Indias, Andrés de San Martín, y «astrónomo sevillano» lo denomina el italiano Pigafetta. A los profesores de la Casa se encomendó la formación de cartas marítimas. Allí se dibujó la primera Carta geofonseca) gráfica del Nuevo Mundo, y cuenta Angleria que él y el Arzobispo de Burgos (Juan Rodríguez Fonseca) visitaron la Casa y tuvieron «en la mano muchos Indicadores (Cartas-Mapas) de estas cosas; una esfera sólida del mundo con estos descubrimientos y muchos pergaminos que los marinos llaman Cartas de marear».
Entre los escritos de Alonso de Santa Cruz ( capitán) , quedaron los trabajos siguientes: un mapa de Cuba, una descripción de la Española, otra de la ciudad del Cuzco, un mapamundi de dos hemisferios, otro en cuatro obados o cuerterones, una descripción del Perú, otra de Méjico, un mapa en colores del viaje de Almagro a Chile, otro igual acerca del mismo asunto, 160 piezas de papel en colores figurando tierras de América y de otras partes, el Islario general, el Libro de las longitudines, un legajo de escrituras acerca de la gobernación de las regiones descubiertas, un mapa grande del Perú, Costa Firme y el Brasil, una descripción de estas tierras, otra muy extensa de las tierras desde el Panamá, hasta más allá de Yucatán y una descripción de Nueva España.
No menos se distinguieron Andrés Morales, Nuño García Torreño, Diego Rivero y Juan Díaz de Solís, de quien se decía en la Real Cédula de Diciembre de 1512 «que aprovechara mucho que estuviera acá Juan de Solís... por lo mucho que sabe del arte de marear».
Además, se conservan en Italia, y yo las he visto, dos hermosas cartas españolas, evidentemente sevillanas, del litoral atlántico del Nuevo Mundo y el Canal de Magallanes, fechada una de ellas en 1512, [37] las cuales pertenecieron, respectivamente, a los dos Cardenales, Juan de Salviati y Baltasar de Castiglione, que con los respectivos cargos de Legado y de Embajador de Clemente VII, asistieron el año de 1526 a las bodas de Carlos V, que en Sevilla se celebraron (Olea). También es sevillana la carta anónima de Turín, conservada en la Biblioteca Real. Son muy notables las de Chaves, de Zamorano y de Pedro de Medina, incluida la última en su obra «De las Grandezas y Cosas memorables de España» (Sevilla, 1548).
El de Torreño, pergamino de grandes dimensiones, con trazos en oro y colores, representando ciudades, bajeles y príncipes, se debe considerar el primer mapamundi algo completo que se haya dibujado. Aunque no se conserva entero, basta la parte subsistente para que Harrise, en sus «Estudios Geográficos», le haya llamado magnificent. Desde que Humboldt y Jamard conocieron estos trabajos, la historia de la ciencia les ha concedido primordial interés.
¿Y qué antecedentes podían guiar a estos genios, y digo genios, porque casi todo lo extrajeron de su propia substancia, para imprimir tan ingente impulso a la cartografía? ¿Los toscos grabados que en los pórticos de las escuelas brindaban una falsa idea del planeta; los primeros mapas trabados por los árabes; los anglosajones de mediados del siglo XII; el de Marín Sañudo y el mapamundi catalán, ambos de principios del XIV, imitando a los árabes; los italianos de los siglos XIII y XIV, entre ellos el mural de Fra Mauro, o acaso el informe de fines del siglo XV, que lleva el nombre de Conrado Peutinger de Augsburgo? El atraso de la cartografía medieval sublima las figuras de estos colosos, aun en época en que lo gigantesco era lo normal.
Determinada por el Papa una línea meridiana para fijar los límites entre los dominios de España y Portugal, motivó el asunto serios trabajos de los cosmógrafos de la Casa de Sevilla, trabajos imperfectos; mas hay que tener en cuenta el estado de los conocimientos en el siglo XVI y recordar que en el XVIII todavía se hallaban en tal atraso, que Francia, Inglaterra y Holanda ofrecieron considerables recompensas a los que presentasen algún medio de resolver el problema de calcular las longitudes, siquiera con bastante aproximación.
Casi todas las obras compuestas por el personal de la Casa se traducían en el mismo año de su publicación al latín, francés, inglés, alemán y flamenco. Débese no menos a los profesores de la Casa trabajos científicos trascendentales, de los que señalaré algunos. El ilustre cosmógrafo Alonso de Santa Cruz, nacido en Sevilla, es autor de las Cartas esféricas, innovación que enmendó muchos de los errores cometidos en los anteriores mapas, y el Islario general del mundo, el primero en su género, que algunos, por indisculpable error, han atribuido a Andrés García de Céspedes. Tampoco se puede pasar en silencio el Libro de las Longitúdines, en que no sólo se exponen y examinan todos los sistemas conocidos, sino «otras cosas que yo oviese alcanzado a saber». Los trascendentales estudios astronómicos de Andrés San Martín, nacido también en Sevilla, han corrido por error de Barros, con el nombre de Ruy Falero. San Martín, con anterioridad a la expedición de Magallanes, había realizado observaciones astronómicas acerca de la longitud y había notado la imperfección de las Tablas en uso, encontrando en la conjunción de Júpiter con la Luna un error de diez horas treinta y tres minutos de más, y una hora cincuenta minutos de diferencia entre el meridiano de Sevilla y el de Ulma. «Además de éstos –añade el Sr. Navarrete– hizo en diferentes tiempos, y siempre para deducir la longitud, otras observaciones.» Barros cita una de oposición a la Luna y Venus, otra de la Luna y el Sol, un eclipse de éste y otra oposición con la Luna; y añade que, siendo muy repugnante a San Martín atribuir los malos resultados ni a las tablas de Regiomontano, ni a sus observaciones, decía en su diario: «Y me mantengo en que, quod vidimus loquimur, quod audivimus testamur, y que, toque a quien tocare, en el almanak están errados los movimientos celestes. Deducción cierta y que prueba su discernimiento y penetración...»
Al eminente cosmógrafo Andrés de Morales se debe el estudio de las corrientes del Atlántico, por él llamadas «torrentes de mar». Considera con razón el Sr. Fernández Duro que Morales es el fundador de la teoría de las corrientes pelásgicas. [38]
No es menos interesante la carta escrita por el médico Diego Álvarez Chanca, compañero de Colón, a la ciudad de Sevilla, su patria, dándole noticias de ciertas especies vegetales, según puede verse en la colección del Sr. Navarrete; carta coetánea del estudio de la fauna y la flora del Nuevo Mundo, compuesto por el insigne cosmógrafo Maese Rodrigo Fernández de Santaella, fundador de la Universidad hispalense. Todo esto sin llegar a la mitad del siglo XVI.
Y en torno de la Casa, ¡qué grandioso movimiento científico impulsado por los hombres de la gloriosa institución! Arias Montano estudia antes que nadie en su Natural Historia los efectos de la presión atmosférica; Falero publica su Tratado de la esphera y del arte de marear; Cortés, su Breve compendio de la sphera (1551); Pedro Medina, su Regimiento de navegación; Andrés de Río y Riaño, inventa su instrumento para determinar la longitud y las variaciones de la aguja magnética; Vasco de Piña corrige las tablas de Copérnico, y García de Céspedes las Alfonsinas, y Martín Fernández de Enciso da a los tórculos la Suma de Geografía; Guillén, el boticario sevillano, inventó un instrumento para determinar las variaciones de la aguja en cada lugar, «instrumento, dice Santa Cruz, que hoy día anda muy común en Portugal entre hombres doctos». En el Libro de las Longitúdines se halla la descripción del ingenioso instrumento, que, como afirma Humboldt, fue el primer aparato destinado a medir las variaciones de la aguja imantada y sirvió para los primeros estudios realizados acerca de tan interesantes materias.
Rodrigo Zamorano, botánico y cosmógrafo, tuvo en Sevilla un gabinete de cosas naturales de América y escribió su Cronología y repertorio de la razón de los tiempos, «obra –dice el Sr. Colmeiro– todavía digna de ser consultada por los marinos, así como por los agrónomos y meteorologistas». El médico sevillano Simón de Tovar fundó un jardín botánico, donde cultivó las plantas que le remitían de América, teniendo el mérito, extraordinario en su tiempo, como hace resaltar el Dr. Barras, de redactar catálogos anuales de las especies cultivadas, de los cuales cita Clusio los correspondientes a 1595 y 96.
Al lado del Museo de Zamorano y antes que el de Tovar, levantó el suyo médico tan eminente como Nicolás Monardes, que estudió detenidamente los productos americanos en su admirable Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales, de que se han tirado numerosas ediciones y traducciones a diversos idiomas, y enriqueció las aplicaciones de la flora americana con observaciones y experimentos personales. No menor celebridad adquirió la colección reunida por el insigne genealogista D. Gonzalo Argote de Molina.
Los resultados obtenidos por la inmortal institución geográfica pertenecen unos al orden teórico y otros al práctico. He aquí cómo los resume el Sr. Latorre en breves y oportunas palabras. Los teóricos son: el conocimiento del magnetismo terrestre y planteamiento del problema de su explicación; diferenciación del polo geográfico y del polo magnético localización del polo magnético; estudios en las variaciones de la aguja de marear y perfeccionamiento de ella; formación de cartas de magnetismo; orientación geográfica en sus problemas de latitudes y longitudes; métodos empleados en la determinación de longitudes; investigaciones del más exacto; concursos para premiar al inventor de un sistema preciso; estudio de corrientes atmosféricas y marítimas; el torrente de mar (Gulf Stream), su determinación y examen geográfico; cartografía más amplia y exacta del planeta; padrón general de la Casa y cartas de sus cosmógrafos; nuevos sistemas de proyección; cartas, planos y cartas esféricas; bibliografía de los países descubiertos, diarios de pilotos y obras de cronistas de Indias; botánica y zoología colonial; finalmente, perfeccionamiento del arte naval conforme a las nuevas necesidades de las travesías por los Océanos.
Y consisten los resultados prácticos en la evitación, por las enseñanzas y exámenes de pilotos y maestres, de muchas catástrofes en viajes por mares desconocidos y costas peligrosas, formando un excelente cuerpo de navegantes; el conocimiento de los grandes Océanos de la Tierra y descubrimiento de las islas y continentes, y la relación de las capitulaciones para salir a descubrir; aplicaciones prácticas de los conocimientos adquiridos en las cátedras de la Casa, rectificándose en ella, por el resultado experimental [39] aportado, el tesoro de su cultura geográfica y formando una sola unidad, de evidente existencia.
No puede calcularse la importancia que revistió en el siglo XVI un instituto científico, que, atento a la observación, puso los ojos en la realidad, rectificó la menguada y arcaica ciencia de las Universidades limitadas al Almagesto y las Tablas de Agatomedon y va corrigiendo la obra ptolemaica, ensanchando el concepto del Universo, apreciando las verdaderas dimensiones del planeta y expulsando al fin de la esfera científica toda la paupérrima concepción clásica, entronizando sobre la poética intuición de los antiguos, otra poesía más divina y vigorosa, nacida de la Verdad.
Notas de AEMC
Torreño.m Se refiere en realidad a Nuño García de Toreno, un piloto de la marina civl del Siglo XVI, que era un extraordinario cartógrafo del siglo XVI.
Ulma.- Iglesia Mayor. Catedral de Ulm. Alemania.
Como claro contrataste entre lo que se presenta en nuestros días a los visitantes del llamado “cuarto del Almirante “ del Alcázar de Sevilla y lo que significó la Casa de la Contratación instalada en ese miso espacio, sacamos a la luz un articulo, reducido, de Mario Méndez Bejarano, publicado en 1927 por la Revista de las Españas, Madrid, enero-febrero de 1927, 2ª época, número 5-6, páginas 32-39.
