Faltan pocos días para una propuesta para el tan esperado alto el fuego en Ucrania; hace dos meses se alcanzó una tregua en Gaza y, desde entonces, algunos rehenes israelíes capturados durante la masacre del 7 de octubre han sido intercambiados por prisioneros de Hamás. El presidente Donald Trump podría viajar a China en abril para una cumbre con el presidente Xi Jinping. En sintonía con la temporada, podríamos decir que ha llegado la primavera y, tras tres años de guerra y crecientes tensiones, deberíamos esperar la paz.
Pero nada podría ser más engañoso. Europa ha lanzado un plan de rearme sin precedentes por valor de un billón de euros. Se espera que transforme a las fuerzas armadas europeas en una auténtica maquinaria de guerra. Se planea una cooperación más estrecha entre la UE, el Reino Unido y Turquía dentro de la OTAN. Rusia gasta más del 10 % de su PIB en el ejército. Los oficiales del EPL han solicitado un aumento de su presupuesto. En Asia, Japón, Corea, Vietnam e India están invirtiendo más en sus Fuerzas Armadas. En Estados Unidos, el gobierno está recortando todos los gastos excepto el del Pentágono.
No estamos presenciando el comienzo de una época de paz, sino el inicio de una larga espera para la guerra, con la esperanza de que se mantenga fría. Si la historia nos enseña algo, este período podría ser muy largo. La anterior Guerra Fría duró casi medio siglo.

