La catastrofe del Titanic y su versión adulterada

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 W. Churchill

El Titanic era un barco con graves defectos de diseño. Un proyecto que no debería haber sido aprobado por la autoridad competente en la materia: el Trade of Board, un organismo del que entonces era responsable Willian Churchil.

Ocurrencias tecnoburocráticas

La nefasta idea de eliminar botes salvavidas de la cubierta en las que se encontraban los camarotes de lujo, con el fin  darle más amplitud a la zona de paseo, fue una decisión que tuvo graves consecuencias a la hora de la evacuación.

A lo largo de la historia de la navegación, este tipo de actuaciones contrarias a la seguridad del buque y de las personas que viajan a bordo, ha tenido graves consecuencias. El hundimiento del TITANIC es el fruto de la arrogancia y la osadía de quienes quieren imponer sus criterios frente al conocimiento científico y experiencia náutica del capitán y los oficiales con largos años de navegación.

La temeridad como imposición

Navegar sin visibilidad suficiente por una zona en la que se habían detectado varios icebergs, con una velocidad imprudente, y todo ello con el afán de conseguir registros competitivos frente a otras navieras que operaban en la misma línea, fue un acto de temeridad.

Una teoría carente de fundamento

En cuanto al impacto contra un iceberg, carece de sentido argumentar que, si en lugar de virar a una banda, se hubiese virado a la otra, se hubiese evitado la colisión. No es posible determinar la forma y la extensión de la parte sumergida, hacia un lado u otro de un icebeg. Por lo que la elección es un asunto de pura fortuna.

Una etapa de muchos accidentes

Los estudiosos de aquel periodo de la historia de la navegación saben que los accidentes muy graves se registraban con frecuencia; la compañía del TITANIC había protagonizado varios accidentes graves.

EL SOLAS como respuesta

Como respuesta a las aberraciones y abusos por parte de la tecnoburocracia naval y de los navieros, que fueron el origen del hundimiento del TITNIC, los gobiernos de ambos lados del Atlántico analizaron detenidamente lo ocurrido y debatieron si se podría haber hecho más para proteger a las aproximadamente 2.200 personas a bordo, incluidas las más de 1.500 que murieron ese trágico día.

El resultado fue la Convención para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar (SOLAS). Su marco, aprobado en 1914, se mantiene vigente hoy en día, aunque muchas de sus reglas han sido enmendadas y corregidas con respecto al texto original. La primera versión fue adoptada en 1914, la segunda en 1929, la tercera en 1948, y la cuarta en 1960. En la versión 1974 se incluye el procedimiento de aceptación tácita – por el que se establece que una enmienda entrará en vigor en una fecha determinada a menos que, antes de esa fecha, un determinado número de Partes haya formulado objeciones.

A pesar de todo, la navegación marítima sigue siendo una actividad de alto riesgo.

Se siguen cometiendo arbitrariedades y abusos. A pesar de todas las normas y controles establecidos, se siguen construyendo barcos mal diseñados y con graves deficiencias técnicas. Muchos armadores, con el consentimiento de la comunidad internacional y de los organismos marítimos de ámbito supranacional, abanderan sus barcos en países excesivamente tolerantes con las irregularidades técnicas, con la falta de un control eficaz; países que avalan la insolidaridad fiscal, y que no son exigentes con la necesaria calidad profesional de las tripulaciones. Suelen ser los mismos países que crean en su seno comisiones de investigación de accidentes carentes de rigor y profesionalidad.

El TITANIC es en definitiva un icono del capitalismo salvaje en su versión marítima. Nada tiene pues de extraño que el origen y las circunstancias de la catástrofe del famoso trasatlántico se traten de adulterar y manipular.