D. Pedro, D. Bolaños y D. Oscar, deberían tenerlo presente: la mar no es el Pisuerga
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- Published on Monday, 26 February 2024 09:01
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AEMC
La leyenda del Pisuerga. Google
Un simple repaso a los indicadores que muestran la trayectoria de la Marina Civil en las ultimas tres décadas será suficiente para constatar el desastroso resultado de la política marítima desde el inicio de los 90 a esta parte. La ley de Puertos y Puertos fue inicio de una decadencia sin retorno. Un despropósito mayúsculo que ha llevado a la flota civil española a la ruina.
Para que España recuperase en la mar la normalidad de un país democrático no se requería degradar la bandera, ni convertir a los guardias civiles en marinos, ni hacer del salvamento marítimo un negocio para amiguetes, ni construir edificios de esa manera, ni practicar el nepotismo, ni hacer de la corrupción un instrumento. El caso del “Visha Mohini” con decenas de muertos mientras se negociaba el envío de medios, merecería una investigación más seria. Aquel no era el camino a seguir. No era, claro que no. Pero se actuó con frivolidad y con escaso conocimiento de la materia. Han pasado más de tres décadas y los resultados son cada día más patentes: la siniestralidad ha alcanzado cotas intolerables. El “Prestige”, que no fue el primero de la serie de los siniestros graves, encendió todas las alarmas de un modelo quebrado en su esencia. España quedó en ridículo, y perdió mucho prestigio y dinero. La Pesca siguió por similares derroteros: pérdida de flota, irregularidades de todo tipo, esquilme de caladeros, etc. La contaminación de las costas progresó irresponsablemente. El presidente Rajoy terminó por entregar a la Marina Mercantes y la Seguridad de la vida humana en la mar a la extrema de derecha y sus satélites. Se destrozaron las Enseñanzas de náutica. Se intento sustituir a los capitanes con experiencia en marina civil por guardiaciviles inexpertos. Los accidentes del Saler y del Guadalquivir- varios barcos varados- demostraron que la osadía no resuelve los accidentes: los complica y los encarece. El caso del “Santa Ana”, en el cabo de Peñas, coronó la fiesta. La “capitanofobía” concupiscente afloraba con más fuerza. Un desastre completo. Poco después, el ministro socialista Ábalos, convirtió al pupilo ingeniero naval, asesor del PP, en el nuevo director de orquesta y, no hubo sorpresas: desastre en todos los frentes: no sabe, no conoce la mar ni como se navega; pero, se atreve con todo: titulaciones náuticas, reglamentos de inspección - cualquiera vale para todo- etc. Y en trastabillada carrera, - Blue Star, Bentago Express, etc. se coronó de gloria con el “Villa de Pitanxo”: un monumento al cinismo, a la osadía y a la incompetencia. Y la CIAIM, actuó como mozo de espadas en la faena. Un balance que aleja a la España marítima de lo que debe ser un Estado respetuoso con la Marina Civil y con los marinos civiles. Y para mayor gloria, remata su faena con la desastrosa gestión del vertido de los pellets del buque “Toconao”: una columpiada bochornosa. Sin embargo, sus mayores, en contra de lo que sería coherente, no lo cesan. El desastre continúa y el gobierno sigue perdiendo credibilidad y prestigio. El gobierno sabe que está cotizando a la baja, pero no enmienda. Galicia ya le ha dicho que el qué se olvida de la mar, tampoco merece confianza en tierra. Que se lo digan a la distinguida Dª Yolanda. La apuesta por la navegación modelo ”Pisuerga” es un fracaso en toda regla.
