Falta algo más que contenedores

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Como era previsible, el capitalismo salvaje ha vuelto a embarrancar, y aunque achaca las causas del problema al COVID y, en menor cuantía, al taponamiento del canal de Suez,- gestionado por un marino de guerra incompetente-, lo cierto es que son otros muchos los factores desencadenantes de la crisis mundial de suministros, que actualmente amenaza con arruinar a la mayor parte de la humanidad.

El modelo capitalista basado en la globalización está reventando sus costuras, no solo por el efecto de un crecimiento sin control, sino por la guerra abierta en tribus capitalistas oriundas de territorios geográficamente muy distantes, aunque se disputen los beneficios de de un negocio a nivel mundial. La “guerra” declarada por Donald Trump a China hace unos años no parece que vaya a tener un resultado positivo para EEUU y sus seguidores europeos. Muchos puertos americanos próximos al canal de Panamá ya están en manos de capitalistas chinos. Rotterdam, situado en el corazón de la Europa rica, hace años que ha dejado de ser el mayor puerto del mundo.


El comercio transoceánico y las banderas de conveniencia


El comercio marítimo mundial, depende en más de un 80% de un grupo de navieras que monopolizan, aunque oficialmente se niegue, el tráfico de contenedores. Los barcos de esas navieras navegan bajo banderas de conveniencia, no bajo banderas de países capaces de ejercer un efectivo control fiscal y técnico sobre los mismos.

La renuncia a flotas de comercio propias, no ha sido útil para abaratar los costes globales de transporte - los fletes se han disparado en algunos segmentos en un 600%, y por el contrario se han incrementado los efectos contaminantes que generan esos buques impulsados por combustibles altamente contaminantes.

La mercantilización de los controles técnicos sobre el diseño, la construcción y la trayectoria operativa de las flotas, ha contribuido en mayor medida al incumplimiento de las normas vigentes.

Abusos sobre las dotaciones 

Los abusos sobre las dotaciones de los buques civiles han tenido como consecuencia un déficit progresivo de marinos civiles y un notable incremento de la siniestralidad, cuyos altos costes son repercutidos sobre el conjunto de la sociedad.


España navega en la marginalidad y la exclusión

 

En países como España la marginalidad en el transporte de contendores es alarmante. No tiene ni un solo buque portacontenedor capaz de participar en los grandes flujos de alrededor del mundo.

El modelo marítimo defendido por el bipartidismo español, fiel a las teorías neoliberales del flagging out y de los registros de tenderete, ha llevado a España a ser actualmente una flota marginal, con vocación principalmente doméstica y, salvo excepciones, carente de recursos materiales y humanos para competir abiertamente en los mercados internacionales. La dependencia externa en cuanto a suministros esenciales es casi total y la perdida de acceso a los mercados exteriores más que evidente.

La necesidad de rediseñar el modelo marítimo


El bloque occidental, del que fundamentalmente forma parte EEUU y la UE debería afrontar con firmeza y urgencia su modelo marítimo, porque de lo contrario, más pronto que tarde, quedará a expensas de decisiones tomas fuera de sus respectivos dominios.


En el caso concreto de España, es aún mas apremiante abordar con valentía y sinceridad el proceso de desprofesionalización y relajo en el que se encuentra el sector marítimo. Ocultar por más tiempo el tránsito degenerativo al que se está sometiendo a la Marina Civil es simplemente irresponsable. Ni el militarismo náutico -de talante monárquico- ni el parasitismo tecnoburocrátivo han sido capaces de situar a la Marina Civil Española en el nivel que le corresponde, ni lo serán mientras que sus presupuestos mentales y sus prácticas, carentes de conocimientos específicos y experiencia contrastable, no puedan ofrecer más que tolerancia irresponsable y actuaciones ineficientes.