La gestión del Salvamento Marítimo hace aguas (AEMC)

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Muchos migrantes llegan a las islas en pateras sin medidas de seguridad y sobrecargadas.

Muchos migrantes llegan a las islas en pateras sin medidas de seguridad y sobrecargadas. EP

 Diario de Mallorca

Irene R. Aguado / A. Martínez

Palma / Alicante | 05·10·21 | 00:20 | Actualizado a las 00:25

La llegada de inmigrantes ilegales a Baleares no ha parado de crecer en los últimos años. En total, este 2021, han desembarcado en el archipiélago 1.819 personas en 120 embarcaciones. Los servicios de rescate marítimo trabajan casi cada semana para que los recién llegados tomen tierra sanos y salvos.

Y así suele ser: por norma general, la mayor parte aparecen en las Islas en buen estado de salud. Es insólito, en cambio, que naufraguen, como pasó ayer en Cabrera. Al cierre de este periódico, se han rescatado a 14 personas, y tres tripulantes están desaparecidos. Todo apunta a que las víctimas trataban de alcanzar la costa de Baleares procedentes del Norte de África.



14 personas rescatadas y tres desaparecidos en aguas de Cabrera

Lorenzo Marina

Sin ir más lejos, la semana pasada llegaron 270 inmigrantes a las costas de Formentera, Cabrera y Mallorca. Aún así, no es una cifra tan alta como las que se han registrado este verano, con varios aluviones que han ido rompiendo récords uno tras otro.

La última avalancha se produjo a finales de septiembre. Fue la llegada de inmigrantes más masiva del año, y terminó por desbordar a los equipos de emergencias en apenas dos días: 268 personas en 17 pateras, según informó la Delegación del Gobierno en las Islas.

Antes de esto, a mediados de agosto, hubo otra oleada de embarcaciones. Llegaron 196 personas en 12 pateras; una cifra récord en aquel momento, rebasada pocos días después.

En 2020, la pandemia disminuyó las previsiones de llegadas. Pero a pesar del coronavirus, 1.464 personas recalaron en Baleares; un registro mucho mayor al del periodo anterior. Este año, el 20 de septiembre, las islas ya habían recibido más inmigrantes que en todo el año anterior.

Ya en septiembre de 2020, la representante del Gobierno en Baleares admitió que el archipiélago «se ha convertido en una estación de tránsitos para la migración». Según explicó la delegada, estos inmigrantes no pretenden quedarse en las islas, sino que es un lugar de paso para iniciar una nueva vida en otras ciudades europeas.

En cualquier caso, la ruta migratoria que une las costas de Argelia con Baleares sigue intensificándose y el archipiélago, en especial Cabrera —la isla que presenció el naufragio y el rescate de 14 personas flotando en el agua ayer— se ha convertido en un destino habitual para las mafias de tráfico de inmigrantes.

El historial de patrones de pateras detenidos no hace más que avivar su empeño por continuar con el ilícito negocio. Los últimos dos arrestados, de nacionalidad argelina, fueron sorprendidos hace dos semanas intentando repostar una embarcación de madrugada. No consiguieron escapar.

Si bien, no parece que esto acobarde a los criminales, que pese a las detenciones continúan cobrando a cientos de inmigrantes, algunos menores de edad, prometiéndoles un viaje hacia un futuro mejor. Tripulan embarcaciones sin medidas de seguridad ni garantías, sobrecargadas por la cantidad de personas que transportan y sin apenas agua, comida e incluso combustible. Algunas de las víctimas se quedan a la deriva y son rescatadas en alta mar. De hecho, en muchas ocasiones, los inmigrantes llegan a admitir que durante el soñado viaje temieron seriamente por su vida.14 personas rescatadas y tres desaparecidos en aguas de Cabrera B. RAMON

El negocio de las pateras, según la Fiscalía

Cinco horas de viaje en barcos de recreo con motores de 300 CV bastan para que una remesa de inmigrantes sea trasladado desde Argelia hasta las costas españolas en el Mediterráneo. Éste el panorama que dibuja en su última memoria anual la Fiscalía General del Estado sobre los grupos que se dedican al negocio de las pateras. La situación generada por la pandemia ha causado un desplazamiento de las redes que operan en el Mediterráneo desde Marruecos a Argelia.

El informe constata que se ha detectado a lo largo de 2020 la existencia de una gran variedad de organizaciones criminales funcionando en España dedicadas a esta actividad y un aumento de los barcos en precario que llegan a las costas españolas.

Relata Dolores Delgado en la memoria que a raíz de la pandemia, la ruta atlántica a Canarias se ha incrementado; mientras que en la ruta mediterránea ha pasado estar controlada por las estructuras argelinas. Las embarcaciones que parten de Argelia, lo hacen de localidades próximas a Orán (Mostoganes, Ain el Turk y Cazalquivir) con destino a las costas de Baleares, Almería, Murcia, Alicante y Granada. «Se utilizan pateras y embarcaciones Phantom, que son barcos de recreo dotadas de motores que sobrepasan los 300 CV y que realizan el viaje en cinco horas», asegura. La hora de partida es entre la una y las dos de la madrugada para llegar a la costa española al amanecer. El número de pasajeros por barco no suele sobrepasar los doce inmigrantes que pagan 3.500 euros por el trayecto. Lo normal es que sean argelinos, pero aquellos que proceden de Marruecos o del Sáhara el precio se incrementa en 2.500 euros por viaje. A veces, emplean barcos pesqueros en mal estado en los que viajan cerca de sesenta personas.

Normalmente hay dos pilotos para manejar estas embarcaciones y, una vez llegados a la costa, desembarcan al pasaje y regresan a Argelia para preparar otros viajes. Según la fiscal general, su ‘modus operandi’ no es el de grandes organizaciones criminales sino el pequeños grupos que operan como competidores y colaboradores. Cuando los propietarios de una barca no han logrado ocupar todas las plazas disponibles, reclama de otro grupo el número de pasajeros que necesita para completar a cambio de parte de los beneficios.

Dolores Delgado señala que los grupos organizados que usan las líneas marítimas «constituyen un paradigma de crueldad y desprecio por la dignidad del ser humano; solo persiguen el enriquecimiento personal. Como si fueran ganado trasladan a la península a niños, mujeres y hombres hacinados en embarcaciones extremadamente precarias en travesías muchas veces muy peligrosas». Un trayecto que puede acabar en naufragios con muertos.

La memoria refleja la dificultad que tienen las Fuerzas de Seguridad a la hora de investigar esas redes por la imposibilidad de lograr cooperación efectiva de los países donde están asentadas, o de fijar conexiones entre los partícipes en territorio nacional. A veces son meros grupos criminales en los que es muy difícil constatar las relaciones de jerarquía así como el reparto de tareas entre sus miembros. Están quienes se dedican a captar inmigrantes, los que recaudan el dinero, quienes realizan el transporte interno de los pasajeros por Argelia, los que los alojan antes de llevarlos a las embarcaciones y los preparan con víveres y combustible.

 

COMENTARIOS DE AEMC

 

                                             

 

La del "Aquarius" fue probablemente una operación política dirigida al consumo popular. A partir de ahí los resultados en materia de salvamento marítimo son simplemente negativos. Este gobierno, lo mismo que el anterior del PP, se han encargado de minar las bases del salvamento marítimo aplicando políticas cicateras, reducciones de plantillas profesionales, desprofesionalización náutica y la una gestión deficiente de los servicios e salvamento.

Podemos, que  es desde hace tiempo socio de Gobierno, dice estar muy preocupado por las pobres gentes de las pateras, pero sigue sin prestarle atención a los asuntos marítimos, como si no hubiese relación entre ambos.  Lo único que parece preocupar a este gobierno son los yates, las marinas, las titulaciones "profesionales" y l navegación de recreo.

Lo que está ocurriendo en la Marina Civil es escandaloso, propio de países atrasados en manos de recaderos. Y lo más grave es que todo se diluye en un denso silencio, en pasividad complaciente, con la única excepción del aplauso mediático de los palmeros del sistema.

La transición circular, la que condujo a España desde el fervor democrático de finales los setenta a la situación actual, ya ha conectado plenamente con las prácticas corruptas y los abusos propios de la España "grande y libre" de siempre.