Esclavos y enfermos

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 Hay tres tipos de hombres: Los vivos, los muertos y los marinos civiles.

No está muy claro quién ni cuándo lo dijo, pero la frase tiene muchos siglos de antigüedad, porque refleja con toda su crudeza las condiciones de vida y trabajo de aquellas personas que por vocación o por necesidad han navegado navegan por los siete mares a lo largo de los tiempos, desde los tiempos de los más antiguas galeras hasta los más recientes de los grandes arrastreros.

Papel mojado

Mucho Derecho del Mar, muchos protocolos, convenios, directrices, resoluciones. Miles y miles de paginas de literatura dedicada a proteger la vida humana en la mar y la vida a bordo de los cientos de miles de plataformas, buques y embarcaciones de todo tipo que surcan los mares del planeta. Y gracias a todos esos textos, detrás de los que hay miles de horas de esfuerzo humano, la mar no es un escenario aún más cruel e inhumano de lo que ha sido tradicionalmente. Pero en general, la mar sigue siendo un espacio en el que el capitalismo salvaje despliega sus estrategias de explotación con mayor libertad  y  complacencia. Cuando los barcos civiles salen de las puntas que cierran los puertos, o navegan mas allá de la playa donde varan las quillas, o abandonan el fondeadero, las normas las imponen quienes controlan realmente la navegación en todas sus variantes y facetas. 

Licencias y privilegios

El mero hecho que los navieros hayan convertido mares y océanos en un Paraíso fiscal universal, en un ámbito de contaminación ambiental tolerada, en una apropiación descontrolada de recursos naturales, no es más que una prueba irrefutable de su capacidad para mantenerse al margen de lo que demanda la sociedad de nuestro tiempo. La sociedad está siendo excesivamente tolerante con quienes han hecho de la mar un feudo particular, un negocio que goza de una gran impunidad, con quienes mantienen un modo de esclavitud encubierta y una reglas superadas por la excepción permanente.

Salvajes con dinero

Naturalmente, el modelo impuesto por armadores y navieros no sería posible sin el consentimiento, la colaboración y la complicidad de unas organizaciones supranacionales y unos gobiernos a los que manejan con discreta habilidad, pero eficazmente

Tradicionalmente a los señores del piélago les encanta que el mundo marítimo esté militarizado, que la “patria” se confunda con su patrimonio y los intereses que le rodean, que los funcionarios en general no sean unos profesionales capaces de dominar el ámbito de sus competencias, que los medios de comunicación silencien o maquillen convenientemente sus fechorías, que las multimillonarias inversiones portuarias se hagan a cargo de los impuestos, que la construcción naval esté fuertemente subvencionada, que los responsables políticos piensen que el riesgo de las dotaciones bien puede tolerado si los seguros cubren lesiones y muertes, al menos nominalmente. Y si por ejemplo en la pesca no se subvencionan los desguaces, siempre habrá formulas para que los seguros paguen los hundimientos. Los barcos se incendian, sufren repentinas vías de agua, son atacados por extraños golpes de mar, pierden el control inexplicablemente, etc.

La irresponsable gestión de la pandemia en la mar 

La gestión de la pandemia del COVID 19 en la mar es todo un ejemplo de salvajismo a todos los niveles. ¿En qué condiciones se despacharon algunos barcos destinados a Malvinas? Por qué no se han vacunado a los miembros de las dotaciones? Sigue habiendo contagios y muertes.

Los capitanes están reclamando vacunas, pero armadores y cómplices responden con el silencio. Los que navegan pertenecen a otro mundo. Aportan mucho, pero no merecen más que olvido y desprecio, incluso de los gobiernos que dicen ser progresista y de izquierdas. La mar para ellos es probablemente un recuerdo de playas caribeñas y cruceros.

 Quizás convenga recordar lo publicado en un medio uruguayo con respecto al trato que reciben los pescadores en aquellas lejanos mares en los que España esquilma recursos legalmente.

Los pescadores elevan sus protestas

Para ponderar lo que está ocurriendo, quizás convenga leer lo que dicen los representantes de los pecadores en Montevideo :

los pescadores ejercemos nuestra actividad, olvidados, a merced de los caprichos del capital, sin controles sanitarios, en barcos hacinados y sin ventilación, en condiciones higiénicas nulas donde todavía tenemos que pelear para lavarnos las manos antes de comer porque la presión es producir y producir. El control sanitario por parte del Estado brilla por su ausencia”.

Los explotadores de los marinos quizás se relajen pensando que, hagan lo que hagan, todos estamos condenados a pena de muerte.