ANA HEVIA COLINAS | CAPITANA MARÍTIMA DE GIJÓN
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- Published on Friday, 13 November 2020 20:45
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El Comercio, Gijón
«La ampliación no ha supuesto ninguna restricción en los accesos a El Musel»
ANA HEVIA COLINAS | CAPITANA MARÍTIMA DE GIJÓN
«Nuestra labor es muy callada, pero constante y con resultados. Intentamos inspeccionar todos los buques que llegan a puerto»
Nacida en Oviedo en 1976, Ana Hevia Colinas estudió Náutica en la Escuela de Marina Civil alentada por un padre amante de la mar. Navegó en buques nacionales y más tarde en petroleros de una empresa americana. Tras un lustro embarcada, le ocurrió lo que a muchos marinos: la familia, o más bien las ganas de formarla, le llamó a tierra. Así que sacó oposiciones a inspectora de seguridad marítima y, tras pasar por Ceuta y Avilés, en 2013 llegó a Gijón, donde vive a día de hoy -con su marido, también funcionario de la administración marítima y sus dos hijos- y donde, desde febrero, es oficialmente capitana marítima.
-Releva en el cargo a Ignacio Fernández Fidalgo. Fallecido en junio del año pasado, hasta ahora fue el único capitán marítimo de la ciudad.
-¿Cuáles son sus prioridades?
-Dentro de las funciones propias del capitán marítimo, estoy muy centrada en la inspección y en la seguridad marítima. Es fundamental que los buques mercantes que llegan a nuestras aguas y puerto lo hagan con unos estándares de seguridad y que las tripulaciones estén perfectamente preparadas. También estoy en contacto permanente con la comunidad portuaria.
-¿Diría que el suyo es un cargo más técnico o político?
-Técnico. Aunque es de libre designación, un capitán marítimo tiene que responder a emergencias que puedan surgir, como que un barco se quede sin máquina. Y si no conoces el ambiente es muy difícil tomar decisiones.
-¿Facilita el desempeño de su función el que coincida el color político de Asturias y Madrid?
-No tiene trascendencia.
-¿Tiene sentido que haya en Asturias dos capitanías de primera, las de Gijón y Avilés?
-Ambas cumplen los criterios. Los límites de cada una están muy bien definidos y hay completa colaboración.
-¿Se realizan muchas inspecciones?
-Nuestra labor es muy callada, poco conocida, pero constante y con resultados. Recuerdo ir a la playa y volver con los pies llenos de galipote: hoy día, con el alto nivel de inspecciones y los estrictos controles, ya no ocurre. Intentamos ir a todos los buques que cumplen los criterios para ser inspeccionados. En 2019, hicimos 40 inspecciones a buques mercantes extranjeros.
-¿Se sancionó a alguno?
-Abrimos dos procedimientos sancionadores. Eso implica que el buque tiene deficiencias muy graves, que contamina o infrige las normas nacionales e internacionales de seguridad marítima y no puede salir a navegar hasta que lo subsane.
-¿Qué más controlan?
-Que las tripulaciones tengan sus contratos, cobren a final de mes, tengan unas condiciones mínimas de habitabilidad, etcétera. Cuando en un barco hay un problema de pagos, pueden poner una queja a Capitanía Marítima y realizamos una inspección. Si se confirma, se propone para sanción y tenemos la potestad de retener el buque en puerto hasta que se solucione. Recientemente tuvimos un caso así.
-Y la contaminación. Desde hace tres años se mide el contenido de azufre en los combustibles...
-Los inspectores suben a bordo, toman muestras del combustible y lo mandan analizar. Si las muestras superan el contenido establecido, aunque hayas dejado salir el barco, la próxima vez que llegue a puerto español se le sanciona. También se controlan las aguas de lastre para que no traigan ninguna especie invasora.
-¿El carbón?
-No está considerado un contaminante del mar. Lo que vigilamos es que los barcos que traen carbón no laven sus tanques y que, dado que puede ser mercancía peligrosa, los buques vengan con la documentación pertinente y su manipulación no ponga en riesgo la navegabilidad.
Más inspecciones
-¿Cómo ha alterado la actividad la crisis sanitaria?
-Llevamos muchas inspecciones, ya que debido al coronavirus durante meses solo se hicieron las de carácter urgente. Ha aumentado mucho el nivel, si bien en otros países han bajado un poco la guardia en los puertos españoles hacemos todos los barcos que entran.
-¿Se ha relajado el cumplimiento de las normativas?
-No. El control lleva muchos años haciéndose, y los armadores están concienciados.
Polivalencia
-Se habla mucho del gas natural licuado como futuro combustible, pero la planta regasificadora continúa en hibernación...
-Espero que entre en funcionamiento cuanto antes. Será un reto cuando vengan los buques gaseros a cargar o descargar, ya que nuestros inspectores no están acostumbrados, aunque son barcos muy seguros y suelen tener pocas deficiencias. Lo bueno que tiene Gijón es que vienen barcos de todas las características: buques de carga general, portacontenedores de líneas regulares... Y la ampliación admite prácticamente cualquier tipo de barco. Seguimos en crisis económica, pero ofrece muchas posibilidades a las empresas que estén buscando dónde establecerse.
-Cuando se planteó la ampliación se temía que pudiera repercutir en la seguridad de los accesos. Ha pasado una década. ¿Se percibió una merma en la seguridad o el acceso al puerto?
-No. La ampliación no ha generado ninguna restricción en este aspecto. Únicamente se amplió la capacidad de recepción de mercancías y buques. Y cuanto más movimiento haya, mejor para todos.
