El COVID, Armas y el sectarismo naval
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- Published on Wednesday, 11 November 2020 07:05
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Si el maldito COVID tiene alguna virtud, es la de servir de justificante para lo que haga falta. El es culpable de todos los males que nos acosan, incluso es útil para justificar la situación económica de naviera Armas y de Trasmediterránea, aunque mucho antes de que se fabricase el famoso virus, ya había algún experto que advertía del riesgo implícito en la compra de Trasmediterránea por parte de Armas.
Que la naviera más grande de España se encuentre al borde del abismo debería ser motivo de profunda preocupación para un país con una flota de comercio reducida a la mínima expresión. Sin embargo, los responsables políticos de este asunto parecen ausentes, ajenos por completo a lo qué está ocurriendo. La mar no es lo suyo, y menos aún la Marina Civil. Y así es que, mientras que la flota civil navega si rumbo ni destino conocido, se dedican a firmar estúpidos acuerdos, que no parecen tener más finalidad que continuar desmantelando poco a poco lo que queda de la Dirección General de la Marina Mercante. Probablemente serán condecorados.
Lo lamentable es que el actual gobierno, con clara vocación de modernización y progreso en otros campos, continúe manteniendo en el puente de mando de la Marina Civil a gentes manifiestamente incapaces, meros continuistas de la política marítima de extrema derecha practicada por el gobierno de Rajoy.
No se debe de olvidar que el actual Director General fue el principal asesor de su antecesor en el mismo cargo, alguien que se presentó como cabeza de la lista de Vox por Ceuta en las pasadas elecciones Generales. Y así se explica la situación actual: caótica y desastrosa más allá del coranavirus.
Si España a lo único que aspira es a tener una gran flota de buques de recreo gobernada por tecnoburocratas y asociados, este es el mejor camino. Si, por el contrario, tiene el propósito de asumir su responsabilidad como país marítimo, moderno y civilizado, debe sacudirse de encima y cuanto antes el espíritu naval borbónico y los sectarismos tecnopiadosos que la atenazan. La dictadura franquista machacó y humilló a la Marina Civil, el bipartidismo, tras algunos intentos aislados, volvió a ceder a los entorchados, acomodándose al pasado y cayendo en un continuismo plagado de escándalos y sucesos marítimos propios de un país tercermundista: Castillo de Salas, Cason, Mar Egeo, Prestige, Sierra Nava, Olej, etc.
Nuestros actuales gobernantes, y es triste decirlo, siguen demostrando con su pasividad una mentalidad de estepa y trigal, de gloriosas batallas en papel couche, de náufragos de moqueta palaciega, de recopiladores de falsas historietas de museo naval, de almirantes del estanque del Retiro. Y los resultados, ahí están, aunque se empeñen ocultarlos, y haya incluso quienes tratan de ensalzarlos.
La Marina civil está varada en la playa del olvido y el ostracismo.
Si no se entiende que España es un país rodeado de mar, que los puertos no son más elementos estáticos al servicio de la Marina Civil, que es la que ha de dinamizarlos, poco se puede hacer. Si no se entiende que el parasitismo naviero de viaje corto nos aleja de los mercados internacionales, si no se entiende que la misión de las Escuelas de Marina Civil es formar a los profesionales que han de gestionar y dinamizar la Marina Civil, España seguirá anclada en el siglo XVIII y organizando procesiones de la Virgen del Carmen.
Es hora que se reconozca que la supuesta polivalencia del sectarismo naval es una falacia de dimensiones monumentales, porque de lo contrario España no podrá superar el fracaso marítimo actual.
