Cuando las praderas se pierden, “estas zonas ya no pueden capturar y almacenar el CO2 atmosférico, y, por otra parte, pueden llegar a ser una fuente de este gas al erosionar y liberar el carbono almacenado en la pradera durante décadas o incluso siglos”, informó la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) el 11 de febrero, al revelar las conclusiones de un estudio realizado con la participación del Consejo Español de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y el Instituto de los Océanos de la Universidad de Australia Occidental.
Por el contrario, al restablecer la vegetación submarina “se evita la erosión de estos depósitos de carbono orgánico que se han acumulado a lo largo de siglos en los prados que ahora han desaparecido", señaló el investigador, Núria Marbà, del CSIC y del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA).
El Investigador de la UAB Pere Masqué, coautor del estudio, explicó que hay una enorme cantidad de áreas “disponibles en todo el mundo para llevar a cabo potenciales proyectos de revegetación de angiospermas marinas es enorme".
“Esto puede ayudar a reconstruir los sumideros de carbono, así como preservar los depósitos mayores".
El estudio se realizó en Oyster Harbour, en Australia Occidental, zona colonizada por una pradera de Posidonia australis, que se perdió en gran parte entre la década de 1960 y el final de la década de 1980.
Gracias a los esfuerzos de reforestación que se prolongaron hasta 2006, bajo la dirección de Geoff Bastyan, uno de los autores de la investigación, después de 1994, la pradera se recuperó en parte, afirmó la Universidad.
El uso de técnicas de datación de los sedimentos permitió cuantificar la acumulación de carbono en zonas repobladas y la erosión de carbono histórico en áreas que no fueron revegetadas.
"Las praderas submarinas son relevantes como sumideros de carbono a escala global y es por eso que su conservación y restauración pueden contribuir a mitigar las emisiones antropogénicas", afirmaron los investigadores.
Una de las principales causas de la pérdida de estas vegetación marina son los sistemas de pesca en arrastre, al como menciona el documento regulatorio de la Unión Europea.
De acuerdo a la organización Salven los Grandes Mares, la pesca de arrastre "es una industria relativamente reciente que comenzó en la década de los 50 cuando un número cada vez mayor de países sobreexplotaron sus pesquerías. Se construyeron entonces mayores y más potentes barcos y se desarrollaron aparejos de pesca más resistentes, como el arrastre de bolos, equipado con enormes redes, cables más robustos y dispositivos para sortear rocas". Este sistema ha ido alterando el hábitat marino.

