A mediados del próximo año, la Organización Marítima Internacional (OMI) auditará a Panamá.
El gran reto para el país, que logró pasar de la lista negra en 2008, a la blanca en 2010, será demostrar que cumple con los convenios internacionales para el registro e inspección de buques.
En entrevista exclusiva con La Estrella de Panamá , el ingeniero naval y director de Marina Mercante de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP), Alfonso Castillero, explicó que lograr la hazaña del 2010 dependerá del grado de profesionalismo que el nuevo gobierno le imponga a este tema. ‘Tú no puedes pasar una auditoría si no hay un compromiso’.
Panamá es líder en abanderamiento a nivel mundial. Controla el 20% de la flota mercante mundial.
El negocio le genera al pequeño istmo centroamericano entre 200 y 400 millones anualmente, de forma directa e indirecta.
Para mantener su estatus, las autoridades del país han hecho una exhaustiva depuración de su flota mercante. Es parte de un proceso para mejorar su credibilidad. ‘Este año es crítico de preparación’, concluyó Castillero.
COMENTARIOS DE AEMC
La OMI y la OIT carecen por completo de capacidad sancionadora, por lo que sus discursos suenan para las banderas de conveniencia y los registros satelitarios a pura cantinela de los mares.
Es lamentable que la Administración Marítima de Panamá, con un ingeniero naval al frente, haya tenido que ser denunciada por que en aquel país parece ser que se venden títulos de oficiales de la Marina Mercante.
Si la OMI velase realmente por la Seguridad de la Vida Humana en la mar y por la protección del medio ambiente marino, hace décadas que hubiese tomado medidas eficaces para acabar con lacra de las banderas de conveniencia.
El día que las banderas de conveniencia cumplan los convenios marítimos internacionales y respeten la dignidad de los marinos, dejarán de ser interesantes para los "dignos" armadores piratas de nuestro tiempo. Panamá ha montado un negocio, que funciona desde hace décadas, basado en la degradación de las condiciones de vida y trabajo de sus barcos y la burla a la comunidad marítima internacional. Y lo más triste es que algunos organismos internacionales, lejos de actuar coherentemente en contra de esta lacra marítima, legitiman, amparan y se nutren de su sostenimiento.
Sobran miles de folios con literatura tecnocrática y declaraciones hipócritas y faltan medidas eficaces para dignificar las condiciones de vida y trabajo a bordo de la flota mundial.

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