La desventurada historia del COMME y de los intentos de regeneración por Juan Zamora Terrés 13 diciembre, 2023
- Details
- Category: Enseñanzas náuticas, formación, cursos
- Published on Monday, 07 July 2025 16:50
- Written by Administrator2
- Hits: 263
Durante los años de la Transición (diciembre 1973-diciembre de 1982, del asesinato del almirante Carrero Blanco al primer Gobierno del PSOE), hubo un debate profesional casi olvidado porque en aquellos inextricables años todo parecía estar en cuestión y creíamos posible mejorarlo todo. El debate versaba sobre la sindicación de los técnicos y eran sus protagonistas los profesionales de la ingeniería y de la arquitectura, y algunos colectivos técnicos menores que con los años habían vivido el proceso de salarización que les había convertido en empleados al servicio de una empresa. También participaban abogados y médicos, colectivos ambos que mantenían el ejercicio liberal de la profesión, aunque ya eran mayoría los que estaban empleados en la Administración y en menor medida en empresas privadas. A estos dos colectivos les preocupaba en primer lugar esa regla antigua de la colegiación obligatoria.
¿Qué sentido tenía el colegio profesional, al que le estaba vedado defender los derechos laborales de los técnicos asalariados? Lo lógico era que los profesionales a sueldo de una empresa estuvieran sindicados o en asociaciones voluntarias de trabajadores para defender el salario, los horarios, las vacaciones y demás condiciones de trabajo que negociaban los sindicatos con la patronal. El debate se extendía y ramificaba: ¿deberían los técnicos contar con una organización propia dentro del sindicato de clase (de clase en contraposición a los sindicatos verticales del franquismo, que agrupaba en la misma organización a trabajadores y empresarios), o por el contrario debían evitar caer en el espejismo de una sección propia y autónoma? ¿Cuál era la mejor forma de defender los intereses profesionales de los trabajadores titulados? ¿Había intereses profesionales que no estuvieran comprendidos en los intereses generales como trabajadores?
La cuestión de la colegiación obligatoria era rechazada de manera unánime, pues no era más que un peaje sin sentido en una sociedad abierta donde la pertenencia a asociaciones de cualquier tipo había de ser voluntaria. Del debate quedaban fuera, claro está, los profesionales que ejercían por su cuenta la medicina y la abogacía, por ejemplo. A éstos era a quienes iba dirigida la ley de colegios profesionales de 13 de febrero de 1974, una ley paradigmática de la Transición, con elementos liberales y democráticos sumidos en un contexto político y legislativo propio del régimen franquista.
Una buena parte de la izquierda de aquellos años se decantaba por la sindicación de los profesionales y el abandono de los colegios profesionales, pues éstos no estaban diseñados para defender a los técnicos asalariados, que eran la mayoría, y por tanto no eran útiles. En contra, parte de la derecha conservadora que consideraba que había intereses y problemas profesionales, ajenos a los trabajadores no titulados, de los cuales el sindicato no podía ocuparse, de modo que el colegio, o una asociación profesional, continuaba siendo tan necesario, o casi, como el sindicato. Hablaban, sobre todo, de problemas sobre atribuciones y competencias profesionales con la pretensión de conservar, o conquistar, determinados derechos o parcelas de actividad profesional. ¿Por qué los aparejadores no podían firmar determinadas obras? ¿Por qué los ingenieros no podían firmar el proyecto de una vivienda y sí podían firmar el proyecto de una fábrica o una nave industrial? Los países más avanzados tienden sin excepción a abolir los antiguos derechos profesionales, propios de una sociedad gremial, sin perjuicio de velar por la aptitud, la formación y la actividad de los técnicos y profesionales.
La graciosa ley que creó el COMME
El debate tuvo dos momentos estelares: el I Symposium sobre Colegios Profesionales, Barcelona, abril de 1976; y el primer Congreso Nacional de Aparejadores y Arquitectos Técnicos, Torremolinos, octubre de 1976.
Aunque consta la participación de algunos marinos mercantes, el debate se antojaba ajeno a la situación real de los titulados de puente, máquinas y radio, todos sin excepción asalariados, de forma que un colegio profesional de marinos resultaba inimaginable, por inútil e innecesario. Pero algunos profesores de las escuelas de Náutica de Barcelona y Tenerife se empeñaron en conseguir un colegio profesional con objetivos nunca bien aclarados, pues los temas formativos y de titulación y competencias profesionales ya contaban con canales de participación, sobre todo del profesorado de las escuelas, y además se acababan decidiendo en ámbitos internacionales.
También la Unión de Oficiales de la Marina Mercante, UOMM, creada en 1961 en el seno el Sindicato Nacional de Marina Mercante con la vocación de perpetuar la división entre titulados y no titulados a bordo, se despertó de pronto con el discurso de que su gran aspiración, a la que no habían hecho ninguna referencia en sus quince años de vida, era conseguir un colegio profesional.
Finalmente, los profesores de las escuelas (Ernesto Verdera a la cabeza), mejor conectados con las fuerzas políticas y sociales que empujaron el cambio de una dictadura a un régimen constitucional que los miembros de la UOMM capitaneados por el inefable Emilio Catarineu, se llevaron el gato al agua. Y lograron que en el BOE del 11 de junio de 1977 apareciera la ley 42/1977 que creaba el Colegio de Oficiales de la Marina Mercante Española (COMME).
En la exposición de motivos de la ley aparece un apartado 2 que de forma graciosa afirma que Los Oficiales de la Marina Mercante Española han venido expresando ante la Administración, desde hace varios años y de un modo continuado, su aspiración de agruparse colegiadamente para dar cauce a la adecuada representación de sus intereses, una afirmación tan falsa como la que proclamaba la UOMM. El extraordinario crecimiento del Sindicato Libre de la Marina Mercante en aquellos años vino a demostrar que los oficiales y en general los trabajadores de la marina mercante querían una organización que defendiera sus intereses laborales frente a las empresas. En todo caso, de pretender una organización propia para los titulados de marina mercante, lo suyo era crear un sindicato categorial siguiendo el modelo del Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (SEPLA), no un colegio. Y así se hizo, en efecto, con la creación del Sindicato Español de Oficiales de la Marina Mercante (SEOMM), obra de los titulados que no querían compartir casa sindical con los no titulados al considerar que los intereses de ambos eran distintos, un argumento con muy pocos mimbres, si alguno, que en realidad se apoyaba en la ilusión de que los técnicos eran diferentes, es decir superiores, un (digamos) sentimiento bastante arraigado en aquellos años, singularmente en Trasmediterránea.
Los estatutos en vigor del COMME
Creado el COMME era imprescindible redactar unos estatutos que regularan su funcionamiento. No hay mejor prueba de la inutilidad del colegio profesional para los marinos que el examen de los estatutos del COMME, una norma inspirada en los estatutos de los colegios de abogados, de ingenieros y de arquitectos técnicos que nada tiene que ver con la realidad profesional/laboral de los marinos mercantes. Unos estatutos con ribetes franquistas que, en su artículo 2, establece que el fin del colegio es “la ordenación de la profesión”, sin que nadie sepa qué demonios quiere decir eso en una profesión asalariada y regulada internacionalmente; y que en su artículo 3, impone una absurda colegiación obligatoria para navegar, un peaje característico de los regímenes autoritarios, el franquismo sin ir más lejos. Que prevé colegios territoriales (artículos 29 a 34), en claro seguidismo a la moda desatada en aquellos años: si no eras periférico, autonomista, secesionista y hablabas de España en vez de hablar del Estado, eras un facha. Esa organización territorial está simplemente copiada, sin atender para nada la realidad de las profesiones náuticas. Que otorga a la Junta de Gobierno del COMME unas atribuciones delirantes a poco que pensemos que ningún marino es un profesional liberal. Que en su artículo 16 exige para la admisión en el colegio “certificado de antecedentes penales”, sin duda un despiste que se coló por la rapidez con que tuvieron que copiarse los estatutos de otros colegios. Que prevé un régimen sancionador desquiciado que a cualquier marino le suena a cháchara oxidada. Etcétera, etcétera.
Esos estatutos siguen en vigor, no hay otros. Y claramente establecen que el 50 por ciento, al menos, de los miembros de la Junta habrán de ser marinos embarcados (“que presten sus servicios a bordo de los buques”), artículo 7. Y que “los miembros directivos del Colegio de Oficiales de la Marina Mercante Española ejercerán obligatoriamente los cargos para los que fueron nombrados, salvo que hubieran alcanzado la edad de jubilación” (art. 8), una regla un tanto grotesca con el único valor de señalar que en la Junta de Gobierno no pueden figurar colegiados que tuvieran la edad de jubilación (entonces 65 años, sin contar las reducciones por el tiempo embarcado).
Que el Colegio no constituye un instrumento válido y útil para la defensa de los intereses de los marinos, una profesión que carece del ejercicio liberal que, en parte al menos, tienen otras profesiones, lo demuestra también, en mi opinión, la trayectoria hueca del COMME, que ha pasado, en los más de cuarenta años transcurridos, de trampolín para llegar a la Dirección General de la Marina Mercante y el Instituto Social de la Marina a chiringuito supuestamente formativo para beneficio de quienes han colonizado la Junta de Gobierno y están, como lapas, encolados al puesto. Emilio Catarineu, presidente de la UOMM lo expresaba con la poética del franquismo: el objetivo era que se les abrieran las puertas de la patria. Durante los primeros años, también esa fue la esperanza de buena parte de los que ocuparon puestos de dirección del COMME. Y como saben todos los marinos, en algunos casos lo consiguieron. Se les abrieron las puertas de la patria y llegaron a directores generales.
Los marinos, mayoritariamente, desdeñan al COMME. Aunque quienes tienen empuñado al colegio ocultan cuidadosamente las listas de afiliados, los últimos datos confirman que hay menos colegiados en toda España que miembros de las asociaciones de capitanes y oficiales de la marina mercante de Vizcaya y Cataluña.
El COMME saca alguna compensación marginal de la representación que le otorga el Gobierno cuando le conviene (sólo cuando le conviene, sin respeto, todo el mundo conoce la extrema debilidad del chiringuito) pues han probado de sobras su lealtad a los partidos que gobiernan, sea el que sea, que el negocio carece de ideología. Eso explica su silencio cómplice en el naufragio del PRESTIGE (una pretendida operación de salvamento que condujo al desastre y que luego quisieron hacer pagar al capitán del petrolero), o su intervención, a gusto del director general de la época, contra el capitán del AEGEAN SEA. Por el contrario, resulta misión imposible, o casi, encontrar alguna acción del COMME para resolver un problema real de los marinos mercantes. Los dueños del chiringuito prefieren pasar desapercibidos, que no se hable, que el silencio cubra sus desmanes.
El enésimo intento de acabar con la pesadilla
Ha habido a lo largo de estos últimos años algunos intentos para que el COMME deje de ser esa organización inane y patética. Imprescindible en ese objetivo descabalgar a quienes ocupan hoy los puestos ejecutivos del COMME. Pero esa operación que, de acuerdo con los estatutos, no debería resultar complicada, se ha convertido en misión imposible. La Junta actual, la sempiterna, niega el censo y censura los avales de quienes quieren presentarse para renovar la Junta de Gobierno. Los argumentos son obscenos. Que si el censo se hará público “en su momento”, que si los avales aparecen también en otra candidatura y son por tanto inválidos… Imposible comprobar qué otra candidatura o cuando es el momento de hacer público el censo; por si acaso, alegan cumplir con el deber de publicación del censo colgándolo de la sede colegial, en Madrid. Con el desparpajo que da la ansiedad por el cargo, la Junta actual niega sin más los derechos de los afiliados recogidos en los estatutos de 1980. Su incumplimiento resulta palmario, pero ahí siguen. Desaniman a quienes de buena fe creen que el colegio puede ser útil a la profesión, que acaban por arrojar la toalla y se olvidan del COMME.
No parece ser el caso de un grupo de marinos (Alfonso Durio, Jose Manuel Rodriguez, Samuel Traba, María González, Rosa Mary de la Campa, Ángel Grimá y Rodrigo Rodríguez, entre otros), dispuestos a que nos les tomen el pelo por más tiempo y han acudido a los tribunales para solicitar la anulación de una resolución de la Junta del COMME que inadmitía una candidatura alternativa a la oficial por supuestos defectos de forma. Aprovechan la demanda, por la vía contencioso-administrativa, para mostrar un proceso electoral viciado, incumplimientos legales varios que crean indefensión a los candidatos, y denunciar que en la candidatura oficial figuran personas que son los actuales responsables del COMME y que sin ningún pudor se presentan en su doble condición de juez y parte: Germán de Melo, vicepresidente primero; José María Arrojo, secretario general y responsable del censo electoral; Manuel Viñas, tesorero; y Marcelino Fernández, vicepresidente segundo.
Refiriéndose a esas elecciones del COMME, la página en red Fiesta de la democracia en el C.O.M.M.E (1) – Marina Mercante Magazine, informa con sarcasmo de lo que se supone debía de ser una fiesta de la democracia, la convocatoria de elecciones para renovar la Junta de Gobierno, convertida en un lodazal por quienes tienen secuestrado al COMME desde hace tantos años y se resisten como gato panza arriba a ceder el chollete.
ARTÍCULOS RELACIONADOS
2
Juan Zamora Terrés
Nací en Barcelona en diciembre de 1950. Empecé a navegar en febrero de 1971 y llegué a mandar barco entre 1983 y 1987. Participé en la creación y dirección del Sindicato Libre de la Marina Mercante (1974-1980), estudié Periodismo (Escuela de la Iglesia, Barcelona, 1973), Historia (UAB, 1982), y Derecho (UOC, 2004). También me doctoré en Marina Civil en 1996. Edito ahora este buque informativo, NAUCHE Rglobal, con el propósito de mejorar la información marítima y portuaria. Me apasiona escribir, admiro el valor de la transparencia y estoy convencido que la prensa crítica sirve para mejorar la sociedad.
COMENTARIOS DE AEMC
Con el debido respeto a quien ya no esta entre nosotros, ni puede replicar, pero con el firme propósito de no contribuir a consolidar una versión absolutamente inexacta, manipulada, sesgada y truculenta de los orígenes, justificación y trascendencia que ha tenido el Colegio Oficial de la Marina Mercante para los marinos civiles, simplemente rechazamos las exposición del Sr. Zamora.
Conviene recordar e que El Sindicato Libre de la Marina Mercante apoyó una candidatura en la que participaron vatios miembros de dicho sindicato en las elecciones a la Junta de Gobierno de dicho Colegio Profesional. Dicha candidatura obtuvo un apoyó mayoritario, por lo que el Colegio Profesional de la Marina Mercante fue dirigido durante años, los de mayores progresos para los marinos civiles, por personas apoyadas por el SLMM.
Sobre la aceptación del Colegio (COMME) por parte de los profesionales de la Marina civil, basta con recordar los miles de Capitanes y Oficiales que pertenecieron al COMME como miembros de pleno derecho.
El COMME organizó el Primer Congreso de la Marina Civil en el al año 1979.recordamos lo publicado por AEMC en el
En los primeros años de la década de los ochenta, el COMME había alcanzado una gran pujanza como organización marítima. Conviene recordar asimismo que el Sindicato Libre de la Marina Mercante, creado a finales de los setenta, había conseguido en un corto espacio de tiempo unir a la mayor parte de los marinos civiles, sin distinción de categorías y carreras profesionales.
Los abusos y humillaciones cometidos por los armadores y el estamento militar durante la dictadura habían hecho casi inevitable el triunfo de aquel sindicalismo de nuevo cuño. El SLMM pronto alcanzaría unas dimensiones preocupantes para los intereses navieros, en buena parte dominados por la banca. Tal era la fuerza del SLMM en la flota que las grandes navieras y sus colaboradores gubernamentales trataron de minar por todos los medios la fuerza de aquella organización sindical. España tenía entonces la mayor flota mercante de su historia. La operación “millón de toneladas”, impulsada por la tecnoburocracia franquista, había facilitado la creación de navieras oportunistas y la construcción de cientos de barcos “chapuza”, que no tenían mercado posible. Eran, en su mayor parte, barcos caros -en función de su obsoleta tecnología-, de alto consumo y pésimamente gestionados. Barcos que iban siendo abandonados por sus improvisados armadores tan pronto como tenían que hacer frente a las obligaciones derivadas del crédito hipotecario.
Últimos años del Franquismo
Durante los últimos años del franquismo, las organizaciones más representativas del sector presentaban el siguiente panorama:
La UOMM, (UNION DE OFICIALES DE LA MARINA MERCANTE), sindicato creado por el franquismo y como tal colaborador del régimen, había perdido el apoyo necesario para perdurar en una etapa democrática, si bien mantenía sus rescoldos en determinados organismos oficiales, de talante paramilitaroide.
Las Asociaciones de profesionales – de Capitanes o de Jefes de Máquinas-, en su mayor parte de marcado carácter conservador; salvo excepciones, no tenían ninguna proyección profesional y se limitaban a realizar actos sociales de carácter gastronómico, y como mucho, a participar en determinados actos oficiales invitados por las autoridades marítimo militares del momento.
Las Escuelas de Marina Civil se hallaban profundamente dividas. Por una parte, destacaba un grupo de profesores de talante progresista dispuestos a impulsar la gran reforma que necesitaban las enseñanzas náuticas, por otro, el núcleo duro estaba en manos de un nutrido grupo de profesores de extrema derecha, fieles al sistema y resistentes a cualquier tipo de cambio. Algunos llevaron las cosas a tal extremo que no dudaron en castigar en los exámenes de capitán al Secretario General del COMME, que se encontró al ir buscar los resultados de los exámenes con una nota inaudita: “eliminado”.
El Practicaje, totalmente dominado por la Reserva Naval, y por la Armada, era otro de los núcleos aferrados al pasado y salvo honrosas excepciones resistentes al cambio.
Las Comandancias de Marina eran nidos de incompetencia y corruptelas: botaduras que se acompañaban con cajas de puros rellenas de billetes, despachos con dinero dentro del Rol. Cartones de tabaco y botellas de güisqui. Trato en muchos casos humillante, inspecciones de esa manera. Botes que no arriaban. etc.
OFICEMA, (Oficina Central MARITIMA) aglutinaba a finales de los setenta a la mayor parte de los navieros de la época. Del seno de OFICEMA nacerá un grupo de navieros que con el apoyo de algunos dirigentes del SLMM serán los creadores de la nueva patronal naviera ANAVE. De aquellos coqueteos entre sindicalistas y navieros vendría poco después una de las más amargas experiencias del SLMM y sin duda el principio del desmoronamiento del mismo: El aborto de la huelga de naviera Vascongada Vizcaína. Banca, navieros y colaboradores gubernamentales pusieron en marcha un nuevo plan destinado a someter a los profesionales de la marina civil. La creación del Colegio de Oficiales de la Marina Mercante fue una iniciativa de la banca vasca, apoyada por los grupos más reaccionarios de sistema. El COMME fue promovido inicialmente con el apoyo incondicional de las asociaciones profesionales, UOMM, Escuelas, etc. Ante la nueva estrategia cabían dos posturas: permanecer de brazos cruzados viendo cómo se creaba un colegio de talante inmovilista, destinado ser el ariete definitivo del SLMM y de cualquier otro movimiento progresista en el seno de la Marina Civi,l o se preparaba una o varias candidaturas alternativas destinadas a neutralizar y controlar al recién nacido. En el seno del SLMM se dividieron las posturas. Un grupo minoritario de la ejecutiva se mostró dispuesto a apoyar una candidatura progresista a las elecciones próximas para la Junta de Gobierno del COMME, mientras otros miembros de la misma se mostraron abiertamente contrarios al proyecto. Celebradas las primeras elecciones a la Junta de Gobierno del COMME, triunfó la candidatura progresista, de la que formaron parte profesionales de puente, máquinas y radio, la mayor parte de los cuales eran personas de una conocida trayectoria de izquierdas.
La Junta de Gobierno que sale de las primeras elecciones, a finales de 1978, consigue en un corto espacio de tiempo dar un vuelco decisivo al sector. El COMME consigue grandes avances profesionales – con la publicación del R.D. 355/79 , negociado por la Junta de Gobierno, se reconocía en los ámbitos académico, administrativo y laboral el nivel superior universitario a los Capitanes, Jefes y Oficiales Radioelectrónicos de 1ª Clase- poniendo término a una injusticia que, en el caso de los capitanes, tenía de un siglo de antigüedad. No habrá que olvidar tampoco las huelgas del “San Jordi” y del “Carmen Tercero”. Y fue precisamente en este último barco en el que se redacta, se negocia y se aplica el Convenio Laboral ( año 1977-78) que marcará la pauta de todas las negociaciones posteriores y será el preámbulo del Primer Convenio de la Marina Mercante.)
Primer congreso de la Marina Civil
El primer Congreso de la Marina Civil, que se celebra durante los días 24, 25 y 26 de mayo de 1979, alcanza un éxito sin precedentes. Como reseña de lo anecdótico, habrá recordar las resistencia extraordinaria a que se incluyese "Marina Civil" en el título de aquel congreso . Sin embargo, todos los sectores estuvieron representados, los debates fueron abiertos y las conclusiones tendrían una amplia repercusión en todo el sector marítimo.
Ante los éxitos del COMME, los poderes fácticos de la Marina Mercante reaccionaron con virulencia, llegando al extremo de bloquear ilegalmente las cuentas de la corporación, lo que obligó a sus dirigentes a tener que dormir sobre la mesa del despacho y financiar con recursos familiares la continuidad de la organización. El número de afiliaciones en el seno del Colegio fue creciendo de forma espectacular. La revista del COMME no dejaba lugar a dudas sobre el talante progresista de la institución. Sin embargo, algún ideólogo del SLMM ha cometido la felonía de publicar un libelo dando a entender que el COMME era una prolongación de la UOMM, quizás, el individuo en cuestión esté dolorido por su fracaso personal al frente del Sindicato Libre, al que llevó prácticamente a la tumba por una serie de enfrentamientos y errores de bulto. Pese a quien le pese, muchos de los grandes proyectos marítimos de este país nacieron en el seno del COMME: El germen del actual sistema de salvamento se encuentra en la primera de las conclusiones del Primer Congreso de la Marina Civil. La propuesta de que se construya el remolcador “Alonso de Chaves” nace asimismo en el COMME. La reforma de la Administración marítima. La creación del Cuerpo Administrativo de la Marina Civil. La incorporación de Asesores marinos civiles al ISM. La integración de las Enseñanzas Náuticas en la Universidad. La desmilitarización de la Marina Civil. Los nuevos planes de Estudio de las carreras de la Marina Civil. El Reconocimiento de los Estudios de Marina Civil como titulaciones Superiores.
Alguno de los miembros de la Junta de Gobierno del COMME llegaron a ocupar importantes cargos públicos: Hubo un Consejero de Economía de Navarra, dos Directores Generales de la Marina Mercante. Dos jefes de Gabinete (nivel de Director General)del Ministro de-Economía y Minisro de Transportes. Un Presidente de Astilleros Españoles. Varios Subdirectores Generales de la Marina Mercante. Directores de las Escuelas Superiores de la Marina Civil- Sin embargo, a partir de 1988, el COMME cambia de rumbo para convertirse en un organismo burocratizado, con vocación de imprenta, academia de cursillos y oficina recaudadora. Algún día habrá que escribir con todos los datos sobre la mesa la historia de la Marina Civil para evitar precisamente la manipulación y la utilización de una etapa, criticable, como todas, pero de grandes avances profesionales.
Lamentablemente, aquella organización profesional ejemplar fue profanada por un personaje carente de conocimientos profesionales y en experiencia en navegación, - nunca paso de ser un aprendiz de segundo oficial de puente- que en su afán de enriquecimiento, y poder político, traicionó a sus compañeros y abortó las reformas iniciadas a cambio de conseguir sus objetivos personales. Los daños causados por este fatuo personaje han sido irreparables, como lo confirma el estado actual de la Marina Civil y del propio Colegio COMME.
Hay casos en los que es necesario poner un punto de luz sobre un panorama ensombrecido por quienes desean modular la historia para justificar sus frustraciones personales o para soltar tinta negra sobre su trayectoria por las cloacas de la política marítima y la corrupción.
No hay secreeto
