Accidente. Se hunde el pesquero Santa Ana en Cabo de Peñas-

El Cabo de Peñas vuelve a ser el escenario de una triste noticia por el hundimiento del buque pesquero “Santa Ana”.

El barco enarbola bandera de Portugal, pero pertenece a un armador gallego, al que le resulta más ventajoso explotarlo en tales circunstancias En el país vecino, la administración marítima civil está en manos de militares.

El “Santa Ana” es un barco de arrastre de 35 m. de eslora, al que le son aplicables normas de seguridad más estrictas que a los barcos inferiores a 24 m. de eslora. Pero que le sean aplicables, no significa que se le apliquen, aunque es evidente que existe una relación directa entre relajo de normas y siniestralidad. Entre tolerancia temeraria y los riesgos evidentes. Pero hay gente para todo, y los resultados son eestos. Portugal es un país miembro de la Unión Europea ypor lotanto obligado a cumplir y hacer cumplir determinadas normas de seguridad marítima. La Agencia Europea de Seguridad Marítima tiene su sede en Lisboa. Pero, igual da. Lo cierto es que el Santa Ana, con sus 35 m de eslora llevaba una dotación de 9 personas.

                   

 

                Hipotética trayectoria seguida por el arrastrero "Santa Ana" desde su salida de la ría de Avilés a su

                presumible embarrancada en los escollos de Cº de Peñas.

Es evidente que un barco como el “Santa Ana”, no es creíble que haya intentado pasar entre el faro de Peñas y la isla de Erbosa, es más creíble que se haya producido un fallo de otro tipo. Algún día quizás se sepa, aunque también es probable que se oculte para no dejar en evidencia al propio sistema, cuyos límites de tolerancia tienen mucho que ver con lo que está ocurriendo. En los últimos meses estamos asistiendo a una nueva escalada de los accidentes en los buques de pesca, coincidiendo con la aprobación de normas que ya hemos denunciado en su momento.

Todo estaba en orden.

Existe todo un protocolo no escrito de las declaraciones que se deben efectuar tras un accidente de esta naturaleza: “El barco estaba en perfectas condiciones, tenía todos los certificados en regla”, “El patrón tenía una gran experiencia”, etc. Pero en pocas ocasiones se hace mención a las condiciones de vida y trabajo en este tipo de barcos, a la fatiga de navegación, a la falta de sueño, a las averías sin reparar, a la falta de repuestos, al estado del casco – no tiene porqué ser este el caso-  y a tantas otras cosas que inciden directamente en los accidentes. Generalmente se ocultan la titulación y el grado de formación del patrón, mecánico y resto de la tripulación, siendo todos ellos factores decisivos para navegar con garantías de seguridad.

Hay una cierta propensión a buscar en el error humano la razón de tanto siniestro, sin tener la valentía de afrontar que más que de un puntual error del que gobierna la nave –que puede cometerlo-, es de quienes diseñan, proponen, decretan, autorizan y firman desafiando al sentido común.

Daños irreparables

Los bienes materiales suelen estar asegurados, y se pueden restituir, pero las vidas, las que son realidad tangible y no solo proyecto, esas son irrecuperables, por mucho-en realidad, muy poco- que paguen los seguros. Y lo más lamentable es las repercusiones que esas pérdidas tienen para los familiares dependientes de los fallecidos. Su futuro es tan negro como una mina profunda.

Cómo se puede poner tanto énfasis en luchar contra el aborto, diciendo que se está defendiendo el derecho a la vida, y al mismo tiempo sufrir esa especie de distorsión de la conciencia responsable cuando se tolera el ejercicio de la temeridad en las actividades propias de la flota pesquera.

El nuevo proyecto de Ley de Navegación y siniestralidad marítima.-

 

Los entusiastas defensores del nuevo proyecto de Ley de Navegación Marítima, deberían ser conscientes de que el modelo que se está defendiendo, lejos de racionalizar y reformar las estructuras administrativas de la Marina Civil, lejos de garantizar la imprescindible profesionalidad de las personas competentes en las materias relacionadas con la seguridad marítima, lo que trata de consolidar y potenciar  es el fracasado modelo resultante de la ley de Puertos y Marina Mercante.

¿Un modelo “despótico”?

Presentar como conciliador e integrador un proyecto elaborado a espaldas de los marinos civiles, que además cercena sus legítimos intereses profesionales, resulta sarcástico.

Los auténticos protagonistas de la navegación no son ni los armadores ni los burócratas, son quienes navegan. Eso no parece que se haya tenido en cuenta. Claro que los marinos civiles, según la filosofía dominante, no tienen derecho ni siquiera a la presunción de inocencia. ¿Qué opinarían los redactores del proyecto si sus profesiones fuesen objeto de las mismas humillaciones y el mismo desprecio que ellos les están haciendo a los marinos civiles?

¿Tendremos que llegar a la conclusión que la Marina Civil no existe?

La vigilancia en la mar y el control del tráfico marítimo.

La política “capitanofóbica” que se está poniendo en marcha también debería merecer un punto de atención, en la misma medida que merma la eficacia de algunos servicios que deberían jugar un papel preventivo más eficaz.

Personas desaparecidas en el accidente

Según ha detallado la Delegación del Gobierno en Asturias, los tripulantes desaparecidos son los españoles Manuel Indalecio Mayo Brea (cocinero), Lucas José Mayo Abeijón (marinero) y Marcos del Agua Chacón (alumno en prácticas); el contramaestre portugués, Víctor José Farinhas Braga, y los indonesios Suherman (mecánico) y Wasito (marinero).

Reciban sus familias y seres queridos nuestra más sincera condolencia y solidaridad