El “Citadel ” ha sido liberado de la varada en el Guadalquivir

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                                                               "Citadel". enero 2014. Guadalquivir

Tres remolcadores se encargaron de remover la cama del “Citadel” para dejarlo libre del fango que le impedía recuperar la flotabilidad necesaria. Estas operaciones concluyeron felizmente sobre la 04-20 de la madrugada del día 19 de enero de 2014.Tanto el práctico como el capitán del barco permanecieron a bordo durante las operaciones de reflotamiento del mismo.

Sobre las causas del accidente.-

Aún es pronto para emitir juicios y mucho menos aún para lanzar notas irresponsables dando a entender que los culpables son probablemente el capitán y el práctico. Por otra parte, es lamentable que la máxima figura de la Capitanía Marítima de Sevilla sea una persona carente de formación náutica y experiencia en navegación.

Son muchos los factores que inciden en un accidente de este tipo, como por ejemplo el estar constantemente apurando los límites de una navegación segura en el Guadalquivir. El agua bajo la quilla, el dragado del río, el efecto “squat”, la niebla, las riadas, los márgenes de seguridad y las ayudas a la navegación son algunos de los múltiples factores que repercuten directamente sobre la Seguridad de la Navegación, pero ni el capitán ni el práctico son los responsables de los mismos.

Es razonable que una gran ciudad como Sevilla quiera aprovechar al máximo las oportunidades que ofrece el cauce navegable del río Guadalquivir, desde la bocana hasta el puerto de Sevilla. Pero todo ello ha de desarrollarse dentro de un marco de racionalidad y de respeto por la seguridad, no solo de las personas y de los barcos, sino del propio río y sus excepcionales riberas. El Guadalquivir no es solo un cauce navegable al servicio del conglomerado de intereses de la industria y del comercio sevillano y todo su hinterland, es también una artería sensible que da vida y garantiza el sostenimiento de un ecosistema de alto valor natural. Entender esa realidad, concienciarse de la importancia de mantener ciertos equilibrios y conciliar intereses es fundamental para el futuro del río y de lo que representa.

Imponer, todo se puede imponer, -los dictadores lo hacen- pero es mucho más sensato escuchar a todas las partes, conocer sus argumentos y en definitiva conciliar intereses. Los prácticos como conocedores del río y del puerto merecen ser tenidos muy en cuenta, puesto que son los profesionales con mayor información sobre la vía navegable y el comportamiento de los barcos a través de ella.

Flaco favor prestan a la sociedad quienes asumen competencias náuticas sin que concurran en ellos determinados requisitos que les deberían ser exigibles, porque cuando llega el problema, como en este caso, se esconden a la espera quizás de que otros se lo resuelvan.

No es este el momento de derivar responsabilidades, sino de reflexionar y aprender la lección. Quien arriesga se expone a sufrir
accidentes, pero en cualquier caso han de tener el coraje de asumir su responsabilidad y hacer frente a críticas y consecuencias.

 La sentencia del "Prestige" en nada cambia nuestro criterio sobre el lastre que suponen los intrusos para la seguridad de la navegación. Una persona que no domina la ciencia náutica y sus técnicas no está capacitada para ejercer responsabilidades en un ámbito que le es ajeno.

Otro de los datos a considerar es que el “Citael” con una capacidad de carga próxima a las 6.000 tns. llegó al río de Sevilla con una dotación de 6 personas, lo que no deja de ser una temeridad. La OMI, la EMSA, y los gobiernos tolerantes con estas prácticas deberían de ejercer su papel y dejarse de concesiones a los insaciables navieros.

Navagar por el cauce de un río, cerrados en niebla, después de un largo viaje montando guardias de doce horas es una temeridad.

Es evidente que la fatiga de navegación, que no afecta solo al capitán y al piloto, es la causa directa de muchos accidentes. Sin embargo, las comisiones de investigación , integradas en muchas ocasiones por agraciados servidores del sistema, suelen silenciar este tipo de factores. E incluso se permiten hacer recomendaciones a los marinos, a pesar de que la mayor parte de ellos/as carecen de formación náutica y experiencia de navegación o hace décadas de que no han pisado una cubierta.

Probablemente los máximos responsables de este accidente no estaban a bordo.