El drama del buque danés “Aslaug”, aún se recuerda en Baiona casi un siglo después. El del vapor de pasaje “SS Highland Pride”, un naufragio difícil de comprender

 

 

 

Atlántico

 

Highland Pride medio hundido en Vigo

MANUEL ORÍO

03/ENE./21


En las crónicas dedicadas a los hechos más desgraciados de la navegación en las costas próxima a la ría de Vigo, el año 1929 suele aparecer marcado con un asterisco pues no en vano fue éste un año cuajado de accidentes marítimos muchos de los cuáles acabaron en tragedia. Los expertos consideran la de los años 20 una década especialmente siniestra para las aguas gallegas, y los archivos registran más de ochenta accidentes marítimos a lo largo de la década, desde aquel del que fue víctima el mercante español “Cabo Toriñana” de la compañía Ybarra que se fue a pique en la ría de Arousa desorientado por la espesa niebla el 18 de enero de 1920 y en el que se salvó toda su tripulación, hasta el terrible suceso que acabó con el “Aslaug”, de  nacionalidad noruega, que se fue a pique la madrugada del 24 de diciembre de 1929 en medio de una fuerte tormenta, en el que pereció toda su tripulación. El negro episodio del “Aslaug” es uno de los peores accidentes marítimos ocurridos en la ría de Vigo desde que se poseen registros, y noventa años largos después de que se produjera, permanece aún vivo en la memoria colectiva especialmente de los habitantes de Baiona, en cuyo camposanto reposan los restos que pudieron recuperarse de los componentes de su dotación, a la que sorprendió un error de cálculo al trazar el rumbo en una noche de pesadilla. Entre ambos naufragios, se sucedieron episodios tremendos muchos de ellos ocurridos en estas aguas tan próximas.

Relación de accidentes


 El 12 de enero de 1922 encalló en aguas próximas a las islas Cíes el mercante “Itálica” de la compañía Ybarra, un viejo buque de cabotaje construido en 1883 por fortuna sin víctimas. Fue el primero de los múltiples sucesos que jalonaron la historia de una década negra que no pudo terminar peor. El 14 de febrero, un buque velero de A Guarda cargado de ladrillos, se hundió tripulado por un hombre y un niño. Solo se salvó el pequeño. El 21 de febrero de 1923, el que se hundió a la altura de los Carallones fue un barco  de bandera noruega llamado “Skogland’s Berg” con 36 tripulantes a bordo de los que seis perecieron en el accidente. El 6 de diciembre de ese mismo año la víctima del mar fue un carguero alemán llamado “Perun” que se fue a pique por una vía de agua al sur de las islas Cíes. La tripulación fue rescatada y conducida sana y salva al puerto de Vigo.

El 11 de enero del año siguiente, 1924, se fue a pique un mercante de nacionalidad española llamado “Constantino Candeira” muy cerca de A Guarda, y año y medio después, el 22 de mayo de 1925, el buque de bandera danesa “Berlín”,  que había sufrido una vía de agua al tocar fondo en los bajos de Corrubedo, y que trató de ganar el puerto de Vigo anegadas sus bodegas. Pero no pudo conseguirlo por muy poco. Embarrancó ya sin aliento en la playa de Coia y toda su tripulación pudo ponerse a resguardo sin incidentes. La embarcación, con cargamento de fosfatos, no pudo tampoco reemprender su ruta de Rotterdam a Bata a consecuencia de los daños en su estructura. En 1928 sufrió un percance cerca de Baiona, el pequeño mercante “Juan Manuel Urquijo”, de la compañía Naviera Fierro de Bilbao, de la que el Banco Urquijo era socio principal y mantenía una saneada línea de créditos. El barco pudo ser recuperado y acabó en un dique de desguace del puerto de Zumaya en 1935.

El año 1929 produjo dos accidentes que causaron conmoción pero la sucesión de graves percances en estas aguas dio comienzo el  6 de enero. En aquella fecha, el vapor “Turkestan” con bandera del Reino Unido abordó al trasporte español “Puente del Puerto” que hacía ruta entre el puerto de Camariñas y Sevilla con carga de maderas. El incidente se salvó afortunadamente sin víctimas. El buque británico auxilió al español, y recogió a su tripulación que deposito a salvo en el puerto de Vigo.

En la noche del 8 de septiembre de ese año 1929, se hundió el mixto de pasaje y carga con bandera británica “Highland Pride” a la altura de los bajos Carallones próximos a las islas Cíes, y en Navidad de ese mismo año se produjo la tragedia del “Aslaug”, los dos sucesos de mayor trascendencia de la década. La última de ellas constituye la mayor tragedia naval ocurrida en las aguas próximas a Vigo a la que solo puede comparársele la del pesquero “Marbel” que se hundió en las inmediaciones de las islas Cíes el 28 de enero de 1978 con 36 hombres de tripulación de los que 27 fallecieron en el suceso. Los supervivientes pudieron ganar tierra firme a nado tras seis horas de lucha contra una mar encrespada y muy dura. El congelador salía a media tarde desde el puerto de Vigo para ir a pescar merluza en Sudáfrica, pero a eso de las ocho de la noche, el motor se recalentó e hizo explosión a la altura de cabo Silleiro dejando la nave sin gobierno y a merced de un temporal con vientos de hasta cien kilómetros hora y olas de ocho metros. Empujó el pesquero hacia las Cíes y acabó rompiéndolo en dos mitades y hundiéndolo a seis metros de profundidad.

A estos sucesos trataremos de acercarnos.

“Highland Pride”: Sin razón aparente 

 El “SS Highland Pride” de la compañía “Nelson Steam Navigation” con domicilio social en Londres y Liverpool, era un barco mixto de pasaje y carga que, como la mayor parte de los buques de su compañía, unía el continente europeo con América del Sur mediante rutas regulares a Argentina, Uruguay y Brasil primordialmente. Construido en 1910 por los astilleros Rusell & Co. Limited que fundaron en la desembocadura del río Clyde próxima al puerto de Glasgow en Escocia, tres socios llamados Joseph Russell, Anderson Rodgers y William Todd Lithgow, la compañía terminó adoptando las siglas comerciales Lithgow & Co. en razón del tercer socio que, a partir de 1918, se quedó con el total de las acciones. Sin embargo, cuando se construyó este buque y otros primeros navíos de la compañía  -bautizados todos ellos con la localización Highland en su puente, en honor de la emblemática región norteña escocesa- todavía conservaba su denominación inicial.

Era por tanto un buque veterano pero en muy buen estado como caracterizaba a la naviera, una compañía especializada en el trasporte y el comercio con América del Sur como era el caso de esta unidad, que había partido del puerto de Londres una semana antes y que pretendía cubrir el trayecto entre la capital británica y el puerto de Buenos Aires en la desembocadura del Río de la Plata con escalas intermedias en Vigo, la costa francesa y Canarias. Dotado de instalación frigorífica, el barco desplazaba 7.469 toneladas y poseía un poderoso motor de 830 caballos que le permitía alcanzar velocidades de hasta trece nudos. Tenía 123,4 metros de eslora, 17 metros de manga y 10,6 de puntal, y desde que el día 28 de diciembre de 1909 su casco fue botado al agua para finalizar su construcción, hasta el mes de septiembre de 1929 que coronó en aguas viguesas sus últimas horas de singladura, había realizado la ruta Londres-Buenos Aires en 59 ocasiones. La última de ellas completada, consigna su llegada a destino el 7 de julio.

El último viaje


Aquel último trayecto que no alcanzaría el final de viaje, el “Highland Pride”, con sesenta y tres pasajeros a bordo y una dotación compuesta por ochenta y nueve tripulantes a las órdenes del veterano capitán John Alford con un bien ganado prestigio en la compañía, transportaba en sus bodegas 3.000 toneladas de carga general: reses inglesas para su venta en Argentina, sacas de correo, bobinas de papel y otras muchas mercancías habituales en sus viajes para una línea británica que dominaba estas rutas. La Nelson & Co. era la compañía con mayor presencia en el tráfico de pasaje a América del Sur y en ella, desde finales del siglo XIX, rindieron viaje a la búsqueda de un mejor porvenir en tierras americanas miles de gallegos que acabaron estableciéndose especialmente en tierras argentinas y uruguayas  aunque también y en menor medida, en Brasil, Colombia y Venezuela. Las unidades de esta naviera: “Highland Laddie”, “Highland Pipper”, “Highland Rover”, “Highland Glen”, “Highland Loch” y el que protagoniza nuestro relato, fueron los buques de la aventura americana para la emigración gallega, con salida desde Londres con estaciones en Boulogne sur Mer, Vigo y  Las Palmas,  y llegadas a Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires.

Un salvamento modélico


A las 12’15 de la madrugada del día 8 de septiembre de 1929, el trasatlántico “Highland Pride” levó anclas con unas condiciones meteorológicas relativamente cómodas. Buena temperatura, mar en calma y bancos de niebla  intermitentes que se hicieron más densos a su paso por las islas Cíes. Una hora y cuarto después de levar anclas, a la 1’30 de aquella madrugada, el buque chocó de proa contra los bajos próximos al islote de A Agoeira, y en muy poco tiempo comenzó a escorarse por la banda de babor. Los vecinos de la costa escucharon sus angustiosos toques de sirena demandando auxilio, y todos se pusieron en marcha de inmediato.

A pesar de los lógicos episodios de pánico entre el pasaje que al escuchar la sacudida subió a cubierta en paños menores, el comportamiento de la tripulación fue ejemplar y la ayuda desde los puertos de Vigo y Baiona llegó muy pronto mientras el veterano capitán y sus oficiales impartían las instrucciones necesarias para establecer un rescate ordenado y sin incidentes. Pesqueros de Baiona llegaron los primeros al escenario del suceso, y posteriormente llegaron también barcos de las inmediaciones y de Vigo para socorrer a un pasaje que fue embarcado en las naves del socorro y trasladado eficientemente a Baiona donde fueron auxiliados y hospedados hasta reanudar viaje.

Si bien las bodegas 1, 2 y 3 se anegaron de inmediato y se perdió su contenido, el correo se recuperó casi en su totalidad  y fue puesto a buen recaudo por un barco remolcador que lo trasladó a la central de Correos de Vigo para su custodia antes de embarcar de nuevo rumbo a su lugar de entrega. También se recuperó prácticamente íntegro el equipaje de sus pasajeros. Incluso una mercancía  consistente en 400 toneladas de conserva embarcada en Vigo, se salvó del desastre y también se puso a buen recaudo otros contingentes valiosos de las bodegas 4 y 5 que no se inundaron hasta muy tarde. 
Los pasajeros  y la tripulación del “Highland Pride” permanecieron en Vigo hasta el día 11 en que volvieron a embarcar, esta vez en el crucero británico “RMS Alcántara” de la Royal Mail, mientras el capitán, tres radiotelegrafistas y el segundo oficial se quedaron en la ciudad hasta el día 15 cuando finalizaron los trámites. Se embarcaron rumbo a Buenos Aires en el “RMS Almanzora”. El día 12, el buque, que permanecía medio hundido con la proa encajada entre dos grandes peñascos, se abrió en dos y se hundió por completo dos días después.

“Aslaug”: Navidades trágicas

Muy cerca de la puerta de acceso del cementerio de Baiona, nada más franquear la entrada y a mano izquierda, existe una sepultura común coronada por un timón metálico y seis remos de color verde unidos por una cadena que la circunda, en la que se enterraron los restos devueltos a tierra por la marea tras un grueso temporal, de las víctimas del transporte de bandera noruega “Aslaug”, que había partido el día 11 de diciembre desde el puerto de Reikiavik para fondear en la dársena principal de las islas Vestman, un archipiélago al sur de Islandia, donde estibó a bordo diez mil fardos de bacalao, -1.500 de ellos  con destino al puerto de Vigo y consignados a nombre del comerciante local  Evaristo de Vicente- con escala previa en Port Talbot en el País de Gales.

El “Aslaug” era un barco construido en 1909, de 65 metros de eslora y 4 de manga con casco de metal, que desplazaba 1.020 toneladas y que en 1915 fue requisado por la Royal Navy como transporte de guerra. Un buque modesto al que se esperaba en Vigo cuatro días antes del día 25 de diciembre en que se fue a pique. Luis Rey Lama, en uno de sus estupendos libros sobre Baiona, sus habitantes y sus colonias de veraneo llamado “La casa de Baiona”, narra lo que a su vez le contó su padre, Gonzalo Rey Alar, periodista de prestigio en Vigo y por entonces joven redactor de “El Pueblo Gallego” y corresponsal de Associated Press sobre aquel terrible naufragio. Según ese testimonio, los hechos se sucedieron a partir de las dos y media de la madrugada del día de Navidad de aquel año tráfico de 1929.

Los pesqueros de Baiona


A esa hora, algunos jóvenes  vecinos de Baiona que todavía andaban celebrando la Nochebuena en la calle a pesar de lo intempestivo de la noche, comenzaron a escuchar golpes angustiosos de sirena que identificaron como llamadas de un barco en apuros. Se acercaron hasta la playa Concheira y comprobaron efectivamente cómo un buque en lontananza emitía señales de bocina y lanzaba bengalas al aire. A los muchachos los acompañó la pareja de la Guardia Civil de servicio y todos comprendieron que estaban asistiendo a un naufragio. El buque en aprietos había confundido la enfilación y había embestido con su proa contra los Carallones donde estaba aparentemente encastado e inerme ante la tormenta. 
El primero en tomar la iniciativa fue el patrón Policarpo Vilar, un marinero experimentado que, de inmediato, preparó su pesquero “Clotilde Fernández” y puso proa al lugar del suceso acompañado por su hijo Pepe y por José Nartallo, Joaquín Payo y Manolo Gesteira. Navegaron a través de una fuerte borrasca con dos embarcaciones auxiliares por popa, mientras los hermanos Joaquín y Pepe López Naveira trataron de ir allá remando en una gamela. Por desgracia, el estado del mar era tan duro que los de Baiona no pudieron aproximarse al barco que estaba ya medio hundido y completamente encajado en la roca, azotado por las olas. Los Vilar desde el “Clotilde Fernández”, observaron señales que partían desde el barco accidentado pero solo pudieron llegar a quinientos metros de su casco porque la mar batía con gran fuerza y amenazaba con engullirlos a todos. Fondearon a la espera de que el temporal amainara, pero con las primeras luces del día según relataron de  vuelta a tierra, el buque estaba prácticamente hundido y solo quedaba a flote el tope de uno de sus mástiles y la chimenea. Estremecidos observaron cómo, encaramado a él había un marinero muy joven haciendo señas desesperado con una linterna.
Fue un momento, porque poco después, un golpe de mar furioso batió lo que quedaba de la estructura del buque y una ola gigante se llevó por delante al muchacho y su linterna. Después, el silencio. El “Aslaug” había desaparecido definitivamente bajo las aguas llevándose al fondo las vidas de sus treinta tripulantes.

Epílogo y memoria


Coincidiendo con el inicio del Año Nuevo, una furiosa galerna  azotó la costa y devolvió los restos de doce ellos. Uno, sujeto a una boya, cuatro en la playa de Os Frades, dos en A Cocheira y cinco más en los acantilados bajo la Virgen de la Roca. En su tumba en Baiona -en la que todavía se depositan flores frescas- puede leerse una placa que dice así: “En memoria de los náufragos del Auslaug”. Esa memoria aún se conserva intacta.