Faros. Catálogo de Faros con valor patrimonial en España

 

 

 

 

 

http://www.culturaydeporte.gob.es/planes-nacionales/dam/jcr:d252961c-9f75-42fe-8264-d28ab0d63b01/catalogofaros.pdf

 

 

Índice 1.- Aspectos básicos conceptuales: el Faro como Bien Industrial (Pág. 2)

2.- Breves notas históricas y creación de la Comisión de Faros (Pág. 7)

3.- Acerca de la tecnología inicial. Conceptos básicos (Pág. 9)

4.- El Primer Plan de Alumbrado Marítimo de las Costas (Pág. 14)

5.- Los sucesivos Planes de ayuda a la navegación marítima (Pág. 19)

6.- El Operador, Torreo o Farero (Pág. 25)

7.- La Arquitectura; Tipología constructiva y organización (Pág. 27)

7.1 Detalles constructivos (Pág. 27)

7.2 Materiales (Pág. 32)

7.3 Detalles compositivos (Pág. 33)

7.4 Organización de la Torre (Pág. 39)

8.- Aprovechamiento del Faro: Otras señalizaciones y funciones (Pág. 41)

9.- Apuntes para una valoración de los Faros como elementos del Patrimonio Industrial (Pág. 43)

10.- Catálogo de Faros con Valor Patrimonial de España (Pág. 48)

Agradecimientos y Referencias (Pág. 56)

ANEXO I Conceptos de Iluminación. Conceptos de Óptica Geométrica (Pág. 57)

ANEXO II Contenido del trabajo en relación con los criterios de adjudicación (Pág. 70)

ANEXO III Fichas de los Faros de España considerados con Valor Patrimonial (Pág. 73)

Páginas de “1 (Anexo III)” a “43 (Anexo III)”:

Faros del País Vasco Páginas de “44 (Anexo III)” a “69 (Anexo III)”:

Faros de Cantabria Páginas de “70 (Anexo III)” a “111 (Anexo III)”:

Faros de Asturias Páginas de “112 (Anexo III)” a “189 (Anexo III)”:

Faros de Galicia Páginas de “190 (Anexo III)” a “269 (Anexo III)”:

Faros de Andalucía Páginas de “270 (Anexo III)” a “275 (Anexo III)”:

Faros de Ceuta Páginas de “276 (Anexo III)” a “286 (Anexo III)”:

Faros de Melilla Páginas de “287 (Anexo III)” a “301 (Anexo III)”:

Faros de Murcia Páginas de “302 (Anexo III)” a “355 (Anexo III)”:

Faros de Valencia Páginas de “356 (Anexo III)” a “414 (Anexo III)”:

Faros de Cataluña Páginas de “415 (Anexo III)” a “494 (Anexo III)”:

Faros de las Islas Canarias Páginas de “495 (Anexo III)” a “615 (Anexo III)”:

Faros de las Islas Baleares

2 1.- Aspectos básicos conceptuales: el Faro como Bien Industrial

El Faro se podría definir como una “fábrica” productora de iluminación de tal manera que el observador, a varias millas náuticas de distancia, lo identifique de un modo inequívoco. El navegante observará una luz puntual que aparece y desaparece, a intervalos determinados, con una cadencia característica de cada Faro. La función primordial, y razón inicial de su existencia, es producir una señal luminosa por lo que los componentes básicos de la “fábrica” son la lámpara, el sistema de amplificación de la luz (la óptica) y el sistema de identificación (elementos giratorios o destelladores). Todo ello, el contenido, está colocado en la cúspide (linterna) de una torre variable en altura de un faro a otro, al servicio de los componentes básicos mencionados. Los operarios (los Torreros o Fareros) debían atender su “fábrica” durante las 24 horas del día por lo que debían vivir en ella, razón por la que el Faro debía incluir viviendas a su disposición. El sistema de iluminación debía estar en perfecto estado de mantenimiento para entrar en funcionamiento al descender la iluminación natural. La torre y las viviendas de los Torreros, el continente, forman parte del Faro. Los constructores de Faros, generalmente Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, prestaban especial atención a la Torre, lugar donde se ubica el sistema de iluminación. Las edificaciones anexas destinadas al uso de los operarios, estaban proyectadas de acuerdo con ideas compositivas arquitectónicas del conjunto, según modelos de la época establecidos de antemano. Su distribución interior condicionaba la vida del operario. En los escritos sobre la historia de los Faros, apenas se presta atención a las modificaciones o alteraciones de estas dependencias. Es prácticamente irrelevante y no merece reseña alguna salvo en casos muy excepcionales. Sin embargo, las torres apenas se modificaban, se construían con apreciable calidad y sólo se modificaban si mejoraba la iluminación producida por la “fábrica”. Sus modificaciones, recrecidos y sustituciones se mencionan con la fecha exacta. Es curioso observar que en los escritos del personal portuario sobre Faros, se habla de “encendido del Faro” para referirse a su fecha de entrada en funcionamiento; no se habla de “inauguración”, término empleado en edificación u obra civil. La diferencia de léxico pone de manifiesto el orden de prioridades del Faro. Por otra parte, la torre y la vivienda se encuentran adosadas con un acceso específico de comunicación entre ellas. La sensación que produce al visitante es que el operario abandona su vivienda para ir a su lugar de trabajo que se encuentra detrás de la puerta de salida de su domicilio. Esta reflexión es válida si el acceso a la Torre se realiza a través de patio. En ocasiones, incluso la zona de trabajo invade la de vivienda puesto que en ella se encuentran un despacho, pequeños talleres de fontanería, de mecánica o de electricidad para atención del mantenimiento del Faro. Éste debe producir iluminación todos los días del año obligatoriamente. En los días de niebla o de bruma densa, el Torrero debía además accionar señales sonoras, durante las 24 horas del día, que sustituían a las señales luminosas características del Faro. Era una profesión que ocupaba todas las horas del día. 3 El Faro está compuesto por tanto por lámparas, lentes o espejos, maquinaria de giro o destello y por construcciones, torres y viviendas, al servicio de los anteriores. Siempre incluye un aljibe y, generalmente, pequeñas construcciones aisladas a modo de almacén. Cumple con todos los conceptos que definen al Patrimonio Industrial. Según constan en los documentos del Instituto del Patrimonio Cultural de España (en adelante IPCE), los conceptos de Patrimonio Industrial son los siguientes: “Se entiende por patrimonio industrial el conjunto de los bienes muebles, inmuebles y sistemas de sociabilidad relacionados con la cultura del trabajo que han sido generados por las actividades de extracción, de transformación, de transporte, de distribución y gestión generadas por el sistema económico surgido de la revolución industrial. Estos bienes se deben entender como un todo integral compuesto por el paisaje en el que se insertan, las relaciones industriales en que se estructuran, las arquitecturas que los caracteriza, las técnicas utilizadas en sus procedimientos, los archivos generados durante su actividad y sus prácticas de carácter simbólico. El patrimonio industrial dispone de una metodología propia de carácter interdisciplinar que se denomina Arqueología Industrial. Esta disciplina científica estudia y pone en valor los vestigios materiales e inmateriales como testimonios históricos de los procesos productivos. Su estudio nos aproxima a una mejor comprensión de las estructuras y los procesos que han generado el desarrollo de las sociedades técnico-industriales, sus fuentes de energía, sus lugares y espacios de trabajo, su organización productiva y su forma de responder a una economía basada en la mecanización de los procesos productivos.” (sic) El propio Plan Nacional de Patrimonio Industrial identifica diversas Categorías para el Patrimonio Industrial. Son las siguientes: “Se considera Bien Industrial cada uno de los elementos o conjuntos que componen el Patrimonio Industrial, pudiéndose distinguir entre bienes inmuebles, muebles e inmateriales. Entre los bienes inmuebles se pueden diferenciar cuatro tipos: 1.- Elementos industriales: por su naturaleza o por la desaparición del resto de sus componentes, pero que por su valor histórico, arquitectónico, tecnológico, etc., sean testimonio suficiente de una actividad industrial a la que ejemplifican. 2.- Conjuntos industriales en los que se conservan los componentes materiales y funcionales, así como su articulación; es decir, constituyen una muestra coherente y representativa de una determinada actividad industrial, como es, por ejemplo, una factoría. 3.- Paisajes industriales, son de carácter evolutivo y en ellos se conservan en el territorio las componentes esenciales de los procesos de producción de una o varias actividades industriales, constituyendo un escenario privilegiado para la observación de las transformaciones y los usos que las sociedades han hecho de sus recursos. 4.- Sistemas y redes industriales para el transporte del agua, energía, mercancías, viajeros, comunicaciones, etc., que constituyan por su articulación compleja y sus valores patrimoniales un testimonio material de la ordenación territorial, de la movilidad de personas, ideas o mercancías o del arte de construir la obra pública del periodo contemporáneo. Entre los bienes muebles se pueden diferenciar cuatro tipos: 4 1.- Artefactos, compuestos por mecanismos destinados a la obtención, transformación y conducción de sustancias, a la producción de energía o al transporte y a la comunicación. 2.- Utillajes, herramientas necesarias para el desempeño de los procedimientos técnicos asociados a las actividades económicas. 3.- Mobiliario y accesorios del entorno social del trabajo. Se incluyen también los bienes de equipamiento mueble de los espacios de residencia, gestión, asistencial o de ocio relacionados con los establecimientos industriales, vestimentas… 4.- Archivos, están compuestos por los documentos escritos o iconográficos generados por las actividades económicas y las relaciones industriales. Se incluyen en este apartado los fondos bibliográficos relacionados con la cultura del trabajo. El registro de las fuentes orales y visuales se considera prioritario debido su fragilidad y peligro de desaparición. Entre los bienes inmateriales se encuentran: Entidades de memoria de industria, aquellos testimonios, instituciones o colecciones unitarias que por su relevancia suponen parte integral de la memoria histórica asociada a un sistema de trabajo, disciplina científica o actividad investigadora relacionada con la Cultura del Trabajo.” (sic) Al respecto, el IPCE tiene establecidos un conjunto de Planes Nacionales cuya definición se transcribe a continuación: “Los planes nacionales de patrimonio cultural son instrumentos de gestión del patrimonio, compartidos por las diversas administraciones y con participación de otras entidades públicas o privadas. Su objetivo es el desarrollo de criterios y métodos compartidos y una programación coordinada de actividades en función de las necesidades del patrimonio, que incluye actuaciones de protección, conservación, restauración, investigación, documentación, formación y difusión. Los planes nacionales constituyen de esta forma, una base informativa para tomar decisiones, establecen una metodología compartida de actuación y fijan prioridades en función de las necesidades del patrimonio, con el objetivo último de proteger y conservar los bienes culturales.” (sic) Por último, esta Memoria es el resultado del encargo realizado por el IPCE denominado “Catálogo de los Faros con valor Patrimonio de España”. El Trabajo está adjudicado a la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea para ser realizado por Santiago Sánchez Beitia, y su equipo de trabajo, profesor de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Donostia-San Sebastián. Se enmarca dentro del Plan Nacional de Patrimonio Industrial, cuyo texto completo se puede consultar en la dirección web: http://www.mecd.gob.es/planes-nacionales/textos-planes-nacionales.html En España existen 191 “fábricas” distintas entre sí, cumpliendo actualmente su función, insustituible a pesar de los adelantos tecnológicos del presente siglo XXI. Es el Patrimonio Industrial por antonomasia puesto que contiene bienes inmuebles, muebles e inmateriales. Es decir el Faro contiene todos los elementos que constituyen lo que el IPCE define como Bien Industrial. Se diferencia, con respecto a otros elementos considerados como Patrimonio Industrial, en que para su catalogación es 5 preciso contemplar los componentes tecnológicos, los elementos constructivos y el impacto que han producido en la sociedad, todo ello en funcionamiento y a pleno rendimiento. Los primeros son consecuencia de avances tecnológicos de principios del siglo XIX, vigentes hoy en día. Los segundos son, en ocasiones, verdaderos alardes por su osadía; el solar se encuentra en muchas ocasiones en zonas que incluso hoy en día una edificación en él sería un auténtico reto. Es habitual encontrar faros en ladera a 100 metros sobre el nivel del mar con accesos escarpados. El Faro ha tenido y tiene una capital influencia sobre el desarrollo económico de España (ver Apartado 9). En muchas ocasiones se colocaban a petición de diversos colectivos locales bien porque se precisaba señalizar un puerto, lugar de intercambio de mercancías, o bien para señalizar accidentes orográficos que ayudaban a la navegación, favoreciendo la exportación de productos o materias primas (minería y cantería fundamentalmente) de la zona. En otras ocasiones, eran los países europeos (Francia e Inglaterra en la mayor parte de los casos) quienes reclamaban la instalación de faros para proteger a sus flotas mercantes en las derrotas por las costas españolas. Se dispone de datos económicos que permiten cuantificar el impacto de los puertos y de la navegación en España sobre la economía nacional, a lo largo de los años (Ver Apartado 9). El primer plan de faros de España se concibió a mediados del siglo XIX, coincidente con la llegada a España de la “Revolución Industrial”, iniciada en el Reino Unido a finales del siglo anterior. Como se menciona en un apartado posterior, los avances tecnológicos de esa época facilitan la construcción de una incipiente maquinaria, que rápidamente evoluciona mejorando sus prestaciones. Los Faros acogen esta nueva tecnología, propiciando la construcción de un elevado número de ellos. Antes de mediados del XIX, ya se menciona en los tratados de historia la existencia de torreones de señalización de puertos y accidentes orográficos mediante hogueras y lámparas primitivas (fanales). Era una necesidad de los navegantes y de las poblaciones costeras que se vio empujada por el despegue económico de la revolución industrial. Nos encontramos, por tanto, con otro “valor” del Faro; su contribución al progreso de la economía y en consecuencia al bienestar de la sociedad. Todo lo dicho hasta ahora está incompleto. Toda “fábrica” necesita operarios, Torreros, el componente humano que hace funcionar el sistema de producción en su conjunto. Como en todo centro de producción, el operario, torrero en nuestro caso, es parte insustituible del Faro. La vinculación con su centro de trabajo era total puesto que vivía en él, soportando los sucesos que acontecían en el lugar. Existe una gran cantidad de bibliografía recordando naufragios, grandes temporales, etc…, en la que se hace mención al rol jugado por ellos. Faro y Torrero formaban una unidad, impensable uno sin el otro. Cada noche antes del encendido, todos los torreros sin excepción debían estar en el faro y los permisos para ausentarse debían estar muy justificados. Las provisiones y los alimentos les llegaban por medio de un abastecedor contratado por el Estado, generalmente una vez a la semana. Ellos no podían alejarse de su centro de trabajo ya que tenían que estar de regreso a la hora del encendido. La automatización de los faros ha derivado en que la profesión está en proceso de extinción. No obstante, queda la memoria de su concurso imprescindible en la historia de los faros y de su evolución hasta nuestros días. 6 El Torrero, Farero o Técnico de Señalizaciones Marítimas tenía, entre sus funciones, la obligación de cumplimentar diariamente tres tipos de “libros”. El Libro de Servicio, el Libro de Comunicaciones y el Libro de Órdenes, donde se reflejaba, de modo manuscrito, las contingencias diarias del servicio, un resumen del contenido de la correspondencia intercambiada con los encargados superiores, las sustituciones o reparaciones efectuadas en el Faro e incluso un reducido parte meteorológico. Esta documentación escrita constituye un Valor Documental añadido al arquitectónico, tecnológico y social, anteriormente mencionados. Los Faros, por su propia función, se ubican en zonas extremas de frontera entre la mar y la tierra. Son zonas de gran valor paisajístico donde la naturaleza se expresa de modo contundente. Desde nuestra perspectiva actual, comprometidos con la tarea de preservar los Faros de las costas españolas, el enclave geográfico constituirá un valor añadido para cuantificar su calidad. Como se intenta plasmar en este documento, la singularidad del Faro se manifiesta en que es un Patrimonio activo que corre un serio peligro de desnaturalización si no se establece algún tipo de protección. Se trata de “fábricas” en activo. Sólo si el Faro cumple su función posee un valor como Bien Industrial. Un Faro inactivo contiene muy poco “valor”; la estructura (torre y viviendas) y la organización constructiva, como se detalla en un apartado posterior, responden a unas tipologías muy bien definidas que, salvo casos excepcionales, sólo tienen un “valor” arquitectónico elevado si están en uso. El elemento constructivo que identifica visualmente el Faro es la torre y es ésta la que requiere un elevado esfuerzo constructivo. Los elementos que generan la iluminación (lámparas, mecanismo de giro o destello y óptica) se convierten en piezas de museo si no están en activo. Permítaseme un ejemplo. Una lámpara de aceite de oliva de un faro del año 1860 puede resultar interesante de observar en un museo. Si observamos cien de esas lámparas idénticas en un mismo museo o en otros tantos museos, la visita es menos atractiva. Son elementos desconectados de su linterna que han perdido su función; son objetos colocados en una vitrina para ser expuestos en un centro de interpretación. Si la linterna donde se ubicaba la lámpara, seguimos con el ejemplo, está inactiva y todo el sistema de iluminación ha sido desmantelado, la desolación que se percibe es dramática. El Faro entonces no tiene valor alguno; no produce atractivo e incluso genera una sensación desoladora. Queda sólo como “memoria” que será efímera. Es una infraestructura cuyo destino será la desaparición tras un período en ruina, más o menos largo. A diferencia de un conjunto arquitectónico que en sí mismo puede ser un museo visitable, diferente a otros de su mismo reconocimiento, el Faro no posee esta característica. Resaltemos este concepto: sólo un Faro en activo posee un valor como elemento del Patrimonio Industrial (Bien Industrial). En este caso, es indiferente, en principio, si el Faro activo emplea tecnología de última generación o conserva tecnología de los siglos XIX ó XX. La cuestión clave es que esté en funcionamiento, cumpliendo la función para la que fue erigido. Únicamente desde el uso y su utilidad se puede apreciar y preservar. El Faro no puede derivar en algo similar a las máquinas de vapor que se ponen en circulación los fines de semana, en los museos ferroviarios existentes en Europa.