Marina Española.El modelo del ignorante competente.

 

 

 

 

Las situaciones de emergencia, bien sea por temporal, por colisión, por varada, por explosión, por incendio, etc., sirven para poner a prueba a los responsables de toda la pirámide jerárquica de la Marina Civil, desde la base hasta la cúspide. Cada uno tendrá que demostrar sus capacidades para evitar problemas, para minimizarlos o para resolverlos eficazmente.  Barcos e instalaciones también son sometidos a examen, y si hay daños estructurales o deficiencias en los equipos y sistemas, estos suelen aflorar en los peores momentos. Si un barco sufre un percance grave, será fácil escuchar que ha sido por mala suerte. Otros dirán que habrá que aceptarlo con resignación, No faltarán quienes se encomienden a una virgen o a los santos. Pero nada de esto es válido en estos tiempos. Lo que se pone de evidencia es que se han violado las reglas básicas de la seguridad, ya sea en lo relativo al diseño, a la implantación, de sistemas, al mantenimiento, al manejo o a la acreditación de profesionalidad de quienes integran la pirámide de responsabilidades.

 

Hay quienes creen que el cargo les da el conocimiento, pero  esa creencia es un error muy grave como ha quedado patente en casos como los del “Urquiola”, “Mar Egeo”, “Castillo de Salas”, “Cason”, “Visha Mohini” “Prestige”, Sierra Nava“Olej Najedov”, etc.

 

Quienes tienen el poder pueden dar órdenes, disponer, organizar, imponer, pero si carecen de lo esencial: formación académica adecuada y experiencia náutica, y talento, están llamados a provocar un desastre. Actúan, pero no miden las consecuencias de sus decisiones, es decir se mueven en la ocurrencia.  Así es que los resultados se repiten una y otra vez, con las mismas consecuencias.

 

En la España actual, a pesar de los números desastres registrados, el intrusismo de alto nivel continua en plena vigencia. Y así se explica que teniendo menos flota, y por lo tanto menos potencial de siniestralidad, tenemos más accidentes. Tenemos muchos más medios de seguridad, sin embargo, tenemos más accidentes.

 

En las últimas semanas se han registrado varios accidentes graves en Barcelona, en Las Palmas, en Algeciras, en A Coruña, y en otros puertos españoles. Y todos ellos responden al mismo modelo que podríamos definir como el del ignorante competente. Barcos que dan la vuelta al bajar del carro, barcos que se hunden en puerto después de llevar años amarrados, incendios masivos de embarcaciones de recreo, barcos que rompen la crisma contra el muelle, pesqueros de 25 metros que han sido despachados con tres tripulantes- lo que es una auténtica temeridad-  etc.

 

Casi todos los meses se registran accidentes graves. Nadie se da por aludido. La danza de los necios se prolonga con el consentimiento de quienes gobiernan. Los seguros pagan; es decir, pagamos todos. Y sigue la juerga. Da la sensación que la orquesta está en manos de un iluminado y los instrumentos en manos gentes que se creen dotados de poderes sobrenaturales para improvisar con acierto en cada compás. Lo cierto es que no hay milagros. Y los accidentes marítimos son muy costosos para el contribuyente. Lo que sí hay es el deseo de perpetuar un modelo de genética dieciochesca, en el que los patronazgos agrupaban a determinadas castas y los dictadores de turno les otorgaban parcelas de poder para su disfrute y recreo.

 

El modelo del ignorante competente atenta contra el sentido común y contra los intereses de las gentes. Los poderes públicos no deberían seguir manteniéndolo por más tiempo. El intrusismo, a ciertos niveles, solo puede acarrear fracasos y derroche de recursos que deberían ser destinados a otros menesteres.