La reconversión hotelera de los faros

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El Gobierno ultima el permiso para convertir antiguas instalaciones en alojamientos

Ribadeo será el primer municipio español con un faro-hotel

 

Faro de la Isla Ancha, en Ribadeo (Lugo) / Albrecht Weißer (GmbH)

Explica José Luis López Braña que un día pasó junto al antiguo faro en desuso de Isla Pancha, en Ribadeo (Lugo), y pensó en la posibilidad de convertir ese edificio de base cuadrada levantado en 1857 en un hotel pequeño pero con encanto. Intentó ponerse en la piel de un posible huésped: cruzar el pequeño puente a pie, cerrar la puerta de acceso y ser una persona privilegiada en ese islote verde de una hectárea, situado al lado de la boca de la ría de Ribadeo y sobre cuyas escarpadas paredes choca el mar Cantábrico. Después del sueño, presentó una propuesta ante las administraciones.

Corría diciembre de 2013. Pocas semanas después escuchaba a la ministra de Fomento, Ana Pastor, anunciar un plan para reconvertir faros españoles en hoteles. López Braña está ahora a la espera de que el Consejo de Ministros levante la prohibición de usos que pesa sobre la instalación. Después la Autoridad Portuaria de Ferrol le dará la concesión administrativa definitiva e iniciará las obras.

Desde Puertos del Estado, organismo titular de los faros españoles, aseguran que esa aprobación es cuestión de semanas. El de Isla Pancha será el primer faro-hotel de España. Tendrá dos suites de cuarenta metros cuadrados que podrán albergar a un máximo de cuatro personas cada una y una cafetería en una planta subterránea, a la que podrán acceder todos los visitantes que quieran durante el horario en el que la isla esté abierta a todos los públicos. El promotor prevé invertir entre 80.000 y 100.000 euros para adaptar las antiguas residencias de los fareros en habitaciones confortables.

El primer proyecto prevé un hotel de dos habitaciones a 150 euros la noche

Después, a cambio de un canon de unos 15.600 euros anuales, ofertará habitaciones a un precio medio de unos 150 euros (unos 300 euros en julio y agosto). “Si consigo una ocupación de cien días anuales a ese precio, me salen los números”, señala Braña, que medita impulsar proyectos similares, pero en faros de mayores dimensiones.

En España hay 187 faros y en la mayor parte de ellos ya no residen fareros desde hace años. La gran mayoría continúa funcionando pero la electrónica ha sustituido a los funcionarios. Las viviendas en las que residían han quedado vacías pero nunca un Gobierno había dado el paso para convertirlos en establecimientos hoteleros, tradición sí existente en países nórdicos. Tras el anuncio de 2014, “se han recibido consultas en firme para unos 20 faros, sobre los que se ha aportado documentación y primeras alternativas, pero la mayoría de ellas están en fase inicial”, explica el presidente de Puertos del Estado, José Llorca.

Puertos del Estado dice haber recibido una veintena de proyectos

Fuentes del organismo, sin embargo, apuntan que tras el de Isla Pancha habrá más. Le seguirá el faro de Trafalgar (Cádiz), cuyo concurso se cerrará el próximo 5 de mayo. Y después Tabarca y Cabo de San Antonio, en la provincia de Alicante, y el de El Pescador, en Santander. Posiblemente esas autorizaciones lleguen tras las elecciones municipales de mayo.

No todo el mundo está a favor de esa reconversión. Algunos la critican porque no conjuga bien con la idea de democratizar el uso de los faros. Otros se oponen por el riesgo medioambiental que representa para zonas especialmente sensibles, como sucedería en Tabarca, una zona de especial protección. Esa oposición la admite Rafael Quirós, alcalde de Barbate y uno de los valedores de crear un hotel en el faro de Trafalgar, en un tómbolo justo en el entorno de Caños de Meca. “El proyecto ha tenido oposición, pero yo creo que es una idea acertada”, dice.

Los proyectos más avanzados

D. C.

Isla Pancha (Ribadeo). Es el proyecto más avanzado. El promotor prevé utilizar el antiguo faro para construir un hotel de dos habitaciones y un restaurante. En la isla, conectada a través de un puente con Ribadeo, hay otro faro más actual, que todavía está en uso.

Cabo Trafalgar (Barbate). Se trata de una torre de 34 metros con una superficie de 420 metros cuadrados, donde estaban las residencias de los fareros. En ellos se tendrán que hacer las habitaciones, alrededor de media docena. El proyecto obliga a poner en marcha un centro de interpretación.

Cabo de San Antonio (Xàbia). En una reserva natural desde 1993, se prevé construir un establecimiento de siete habitaciones en la parte inferior del faro.

Tabarca (Alicante). Ubicado también en un espacio protegido, es un edificio de dimensiones mayores a las habituales porque funcionó como una escuela para formar fareros.

Los proyectos, que se pueden presentar hasta 5 de mayo, deberán incluir un centro de interpretación para aprovechar la antigua casa del farero, que podría centrarse en la batalla de Trafalgar. En cuanto a la oferta económica, el alcalde prevé de cinco a siete habitaciones y un restaurante que requerirán de una inversión de un máximo de un millón de euros y un canon de 12.000 euros anuales. Por ese emplazamiento, dice Quirós, pasan al año unas 30.000 personas y recalca que no habrá “hotelito” si no hay centro de interpretación.

“Se trata de contribuir a la dinamización económica y turística de la zona más inmediata”, señala Llorca del programa denominado Faros de España. El alcalde de Ribadeo, Fernando Suárez, considera que la iniciativa es una buena noticia para el municipio y un premio a la contención urbanística que mantuvo en el pasado. También admite, no obstante, que los precios que marcarán esos espacios emblemáticos y restringidos no servirán para “democratizar” el uso de los faros. “Será turismo de élite”, explica.

David Moré, un reputado estudioso de la historia de los faros de España, cree que el futuro hotelero de esas antiguas instalaciones será complicado. “Se trata de una idea de los países nórdicos, donde los faros son de mayores dimensiones, pero que en España no tienen demasiada viabilidad”, señala. Los hoteles tendrán que aprovechar las estancias en las que vivían los antiguos fareros. En la mayor parte había dos residencias, mientras que en un grupo menos numeroso se podrían encontrar tres y hasta un máximo de cuatro viviendas. Y los promotores tendrán que mantener la estructura actual, no podrán hacer ampliaciones arquitectónicas. “La rentabilidad económica [para Puertos del Estado] ha pasado por delante de los criterios técnicos”, afirma, quejoso.

La Autoridad Portuaria de Barcelona, que fue la primera en ceder faros para albergar actividades culturales, niega haber recibido una oferta para convertir alguno de sus 12 faros en hotel. Tampoco está a favor de la iniciativa, al considerar que su explotación no permitiría garantizar una accesibilidad general y pública a estos espacios.