El conflicto de El Musel

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Desde mediados de noviembre el puerto de Gijón soporta una huelga indefinida de trabajadores de estiba que hace imposible la carga y descarga de mercancías, salvo aquellas que no tienen legalmente que utilizar estos trabajadores, como son las que se manipulan en el terminal de graneles de Ebhisa y los graneles líquidos. El impacto de esta huelga y los perjuicios que ocasiona a la industria y el comercio son difíciles de valorar en toda su extensión y, sólo en parte, se están minorando con el desvió de tráficos a otros puertos del Cantábrico. Los motivos esenciales del sindicato mayoritario sectorial para mantener esta huelga son los siguientes: - Impedir, por la vía de hecho, la aplicación de la Ley que permite al terminal de graneles sólidos de Gijón trabajar sin trabajadores de estiba. - Mantener una serie de puestos de trabajo ficticios, aunque con altos niveles de remuneración, en el terminal encareciendo innecesariamente su funcionamiento. La justificación de las afirmaciones anteriores es la siguiente: La Ley establece que “el manejo de medios mecánicos que pertenezcan a la Administración Portuaria” queda excluida del servicio público de estiba, actualmente calificados como servicios portuarios básicos. Esto quiere decir que no es necesario para su manejo utilizar estibadores. A pesar de ello, y de que los pórticos del terminal de graneles son todos propiedad de la autoridad portuaria, su manipulación por trabajadores de estiba es una de las exigencias más importantes en el conflicto. El motivo no es otro que mantener, sin resolver, una de las principales dificultades de gestión de la terminal que constituye, en el fondo, una de las causas de este conflicto y que no es otra que la pretensión de los trabajadores de intervenir en el manejo de los pórticos, teniendo en cuenta que dichos puestos son estratégicos para la productividad y las posibilidades de bloqueo del terminal, es decir para el poder sindical. No obstante dicha previsión legal y en el ánimo de resolver el conflicto, se ha ofrecido aceptar la incorporación al manejo de los pórticos de los trabajadores de estiba que trabajaban en ellos, pero incorporados como trabajadores de Ebhisa integrados en su convenio y suspendiendo su condición de trabajadores de estiba. Se ha ofrecido al colectivo de trabajadores de la estiba como al de la Autoridad Portuaria y Ebhisa, la posibilidad de formarse en el manejo de los pórticos para que los mejores entre todos ellos pasen a ocupar las vacantes que se produzcan en estos puestos de trabajo. Ninguna de estas propuestas se ha aceptado, por lo que no es el empleo de los trabajadores lo que se defiende sino, más bien, el poder sindical. Establece también la normativa vigente que las operaciones de “entrega y recepción” tampoco están incluidas en dicho servicio público si se realizan por una empresa que no tiene la condición de estibadora. Ebhisa, empresa concesionaria del terminal de graneles sólido de Gijón, no es empresa estibadora. A pesar de ello se reclama la presencia de trabajadores de estiba en las máquinas que se utilizan para dichas operaciones. Además la Ley incluye otra excepción de carácter más general aplicable a todas las actividades del terminal. De acuerdo con ella no haría falta utilizar trabajadores de estiba en “las operaciones que se realicen en instalaciones en régimen de concesión, cuando dichas instalaciones estén directamente relacionadas con plantas de transformación, instalaciones de procesamiento industrial o envasado de mercancías propias que se muevan por dichos terminales marítimos de acuerdo con su objeto concesional, salvo que se realizasen por una empresa estibadora”. Ebhisa cumple con los requerimientos anteriores: es concesionaria del terminal de graneles, opera los tráficos que le autoriza su título y no es empresa estibadora, y el terminal está directamente relacionado funcional y operativamente con las plantas industriales de los socios de Ebhisa y con plantas de producción de energía. Lo que por si sólo justificaría la exclusión de todos los trabajadores de estiba del yerminal. A pesar de ello, con el ánimo de obtener un acuerdo, se ha hecho un esfuerzo, a pesar de las huelgas, para que se incorporen a los trabajos del terminal, a través de una empresa estibadora (Ebhisa no lo es), un cierto número de trabajadores de estiba para trabajar en determinadas operaciones del terminal en concurrencia con otros trabajadores de la empresa, es decir sin condiciones de exclusividad, a fin de racionalizar los costes y la gestión. Tampoco esta propuesta ha sido aceptada.

En cuanto al mantenimiento de empleos ficticios o contemplativos, la central sindical mayoritaria en el sector afirma no querer plantear ninguna propuesta que perjudique la productividad o las condiciones operativas tanto del terminal como del puerto . Sin embargo en sus propuestas reclaman puestos de trabajo que no tienen un contenido real y cuyo mantenimiento reavivaría las dificultades de explotación del terminal: Amanteros, cuya función es dirigir la labor de los gruístas si estos no tienen buena visibilidad del fondo de la bodega del barco, trabajo que en los grandes graneleros que operan en el terminal no tiene sentido porque el amantero no tiene visión de la bodega y son los operadores de los pórticos los únicos que dominan visualmente la bodega y la operación. Confrontas, cuya función es puntear las mercancías que se cargan o descargan con las que figuran en los listados o documentos de carga y de transporte. Se trata de un trabajo propio de la carga general o contenedores, en cualquier caso de carga diferenciada por sus características o su numeración. En el caso del terminal de graneles se trata de barcos contratados para un transporte concreto con carga uniforme o como máximo diferenciada por bodegas, con documentos de carga con muy pocos rubros y unidades de descargas indiferenciadas, en las que lo único que puede hacer un confronta es contar el número de movimientos o de cucharas descargadas, si esta cuenta sirviera para algo porque el control de las toneladas se realiza mediante básculas incluidas en el propio mecanismo de descarga. Capataces, cuya función es dirigir las operaciones de descarga, función que se realiza en el terminal desde los paneles de control y a través de los encargados de muelle de la empresa de los que no se puede prescindir y que no es necesario duplicar. En el fondo estos planteamientos se resumen en una pugna por establecer quién tiene el control del muelle y de la operación, al margen de lo que diga la normativa aplicable. Ante esta situación sólo cabe mantener una doble postura: negociación y firmeza. Se ha intentado negociar desde el inicio del conflicto, sin que los desplantes, los conflictos convocados, las campañas de agresión y de insultos, los intentos de reventar los actos pre-electorales del PSOE o la desautorización de posiciones que parecían avanzar hacia un acuerdo, afectaran a este esfuerzo negociador. Pero no se puede ceder ante los intentos de quebrar con la violencia la legalidad vigente, cuyo cumplimiento minucioso se reclama constantemente por parte sindical en defensa de sus derechos. Ceder en cuestiones sustanciales supondría dar un paso atrás en la consecución de un Estado de Derecho y en el intento de racionalizar la gestión de la terminal.

Se amenaza ahora con extender a todos los puertos un conflicto que no debiera haber salido del puerto de Gijón. Sin embargo el sindicato debería considerar, antes de plantear “la madre de todas las batallas” y de ampliar el conflicto a todos los puertos, que una Administración nueva, menos plegada a sus intereses que la actualmente en funciones, obligada a pagar el coste de un conflicto por el poder sindical en los puertos, podría caer en la tentación de tomar medidas de carácter general que vayan más allá de la solución del problema planteado en el terminal de graneles del Puerto de Gijón, y que todo su poder cuelga de unas condiciones de exclusividad en la prestación de unos trabajos, apoyada en una normativa que es, desde luego, modificable.